agosto 27, 2026

La dimensión histórica del Día de la Dignidad

El 17 de octubre es el Día de la Dignidad. Lo es ahora por doble partida. Por un lado, porque un día como ese, en 1969, Bolivia nacionalizó a la transnacional estadounidense Gulf Oil Company a iniciativa del entonces ministro de Petróleo y Minas, Marcelo Quiroga Santa Cruz, Por otra parte, porque hace diez años, Bolivia culminaba un etapa de este histórico cambio de época e ingresaba a otra etapa: la conquista del poder por parte del bloque indígena campesino-popular.

Ambos hechos están profundamente relacionados y ponen en evidencia que la lucha por los recursos naturales no solo que es una constante en la historia de “los de abajo” sino una constante en la construcción de la patria como respuesta a la extranjerización de la economía y el dominio imperial.

El 17 de octubre de 2003, como lo dijimos desde estas páginas hace un par de semanas, se dio lugar a una agenda ampliamente cumplida por el gobierno del presidente Evo Morales y que ahora enfrenta el desafío de redefinirse a la luz de la Agenda Patriótica 2025. Por tanto hay que salir de la falsa discusión sobre el cumplimiento o no de la agenda, pues es una bandera o de los que no entienden los profundos cambios en el país o de los que desde un discurso híper-crítico se vuelven funcionales a la estrategia de los que fueron derrotados hace una década.

Bolivia está en otra época. Lo primero que se hizo es nacionalizar el gobierno. La asunción de Evo Morales como presidente de Bolivia, aquel histórico 22 de enero de 2006, condensa una larga acumulación de resistencias, derrotas y victorias que, para felicidad de los bolivianos y las bolivianas, culminó con una victoria sobre el neoliberalismo.

Pero todavía falta mucho por recorrer en esa ruta antiimperialista, anticolonialista y anticapitalista. Estados Unidos, que aceleradamente va perdiendo su condición de hegemón mundial, está desplegando esfuerzos políticos y militares para evitar el tránsito de la unipolaridad a la multipolaridad, y la retoma del control de América Latina es una prioridad en esa dirección.

En esa lucha imperial por restablecer su dominación y papel geopolítico mundial y continental, EEUU tiene aliados que están dentro del país, abierta y encubiertamente complotando contra el proceso de cambio, contra el liderazgo de Evo Morales y contra las conquistas obtenidas. Este es un elemento de la coyuntura que no puede soslayarse.

Por eso, la determinación de que el 17 de octubre sea el Día de la Dignidad, además de reconocer la nacionalización del petróleo en 1969 y de reconocer el día en que se dio un golpe estratégico al neoliberalismo, en 2003, debe servir para reflexionar sobre las amenazas que acechan al proceso de cambio y sobre el papel que deberíamos tener los hombres y mujeres dignas para que los del pasado no retornen con nuevo ropaje y renovado discurso.

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