por: Felipe Tascón
| El concepto de “coca excedentaria”, que justificaría la necesidad de erradicar en áreas como el municipio de Apolo, fue expuesto ampliamente por el viceministro boliviano Felipe Cáceres en el IV Foro Internacional de la Coca de agosto pasado en La Paz, y rebatido también ampliamente por algunos de mis colegas ponentes del Foro, por ejemplo el gerente de la industria indígena colombiana Coca-Nasa: David Curtidor, quien planteaba la imposibilidad de calificar como excedente cualquier producción del “oro verde”, precisamente porque nada puede ser “excedentario” en el “architonico del reino vegetal” del precursor Unanue. Por eso mismo, a propuesta del experto peruano Javier Trigo, en la carta abierta que todos los académicos, emprendedores y activistas del movimiento cocalero reunidos en el foro, le enviamos al presidente Evo, entre otras cosas le propusimos “que el programa Desnutrición Cero incorpore la harina de coca en sus menús” (CARTA, 2013), así con una sola política, las 5,300 hectáreas “excedentarias” dejarían de serlo. El punto nodal del argumento del vice-ministro Cáceres y del Estado Plurinacional son los “compromisos internacionales”, y esto no es otra cosa que la estrategia de canjear la aceptación internacional al masticado de coca, por la aceptación boliviana al mantenimiento de la ilegalidad del mercado de la cocaína, aceptación que se da –valga la redundancia- sin masticarla. La pregunta es si los 4 muertos por el enfrentamiento entre erradicadores y cocaleros, ¿pueden justificarse por tales “compromisos internacionales”?, la respuesta es que ninguna muerte puede ser justificada, los derechos humanos siempre deben prevalecer sobre cualquier política, por más poderosa que esta sea. Cuando leo los apellidos indígenas de los erradicadores muertos: Quispe Chura y Yucra Mamani, me viene en automático la frase “divide y reinaras”, o mejor su versión en latín: “divide et impera”, entonces nos aparece claro que la división siempre ha sido herramienta de gobierno de los imperios, desde el de Roma que acuñó originalmente el aforismo, hasta el actual que ha convertido la prohibición en instrumento de gobierno global, incluso sin encontrarse físicamente en Bolivia. Pero ¿será que Washington cumple lo que prohíbe?, pareciera que los “compromisos internacionales” –según sea el prisma con el que se les mire- pueden llegar a usarse como papel toilet, veamos porque. Hace dos meses Colombia indemnizó a Ecuador, negociando anticipadamente la demanda por la fumigación de poblaciones de frontera en Mataje y Sucumbios. Hace un mes en los foros sobre “Drogas Ilícitas”, realizados en Bogotá y el Guaviare, alternos a la mesa de paz Gobierno-FARC de La Habana, los campesinos cocaleros colombianos reclamaron de su Estado un tratamiento similar, ser indemnizados por los daños que a su salud y seguridad alimentaria le genera el glifosato asperjado desde el aire. No tiene sentido que se valore en 15 millones de dólares, el daño al sur de la frontera, y en nada el que regularmente se infringe a ciudadanos colombianos en su propio país. Sin embargo el detalle de este asunto, es que la indemnización, no debería darla Bogotá sino Washington, porque tanto la fuente como la ejecución del contrato de fumigación aérea son norteamericanas: aunque se ejecute en los 4 puntos cardinales de Colombia, se trata de un negocio dentro del complejo militar-industrial del norte, así pues que aunque se trata de “daños colaterales” de una política impuesta por los Estados Unidos, en este caso es claro que a Washington sus “compromisos internacionales” le resbalan. Hace una semana la profesora Josefa Montalvo, me narraba una historia de hace tres décadas, cuando socialmente se sabía que a tal o cual señorito bien de su Mexicali natal, le iba bien porque se había metido a “pusher”, es decir estaba “empujando” cocaína hacia California. Solo ha cambiado la escala, el periodista Ricardo Ravelo soporta como la actual guerra intestina del narcotráfico en México, se inició cuando los carteles del Golfo y Sinaloa se disputaron el control del Laredo World Trade Bridge, por donde diariamente pasan más de 7mil camiones, que gracias al Tratado de Libre Comercio, en su mayoría no son revisados (RAVELO, 2011), es decir que la disputa entre el Chapo y los Zetas, empezó por ver quien “pusheaba” los conteiner de cocaína que nutren esa frontera. Para ilustrar la dimensión de las posibilidades, vale decir que el estimado máximo de producción mundial de cocaína 1,051 toneladas (UN0DC, 2013), cabría en 35 camiones de 30 toneladas. La pregunta es si existe guerra entre mexicanos por los 7,500 dólares por kilo que equivale el cruce fronterizo de la mercancía, ¿será que no hay mafias y carteles en el lado norteamericano de la frontera?, ¿será que no son apetecibles los 80.000 dólares de ganancia entre el precio de importación y el detallista? (AGUILAR y CASTAÑEDA, 2009). La negativa de Washington a reconocer corrupción y narcotráfico made in usa, es el punto de partida para obviar los “compromisos internacionales” de combate interno a sus narcos. Los muertos de Apolo o del Alto Huallaga peruano, los enfermos del Mataje ecuatoriano o del Guaviare colombiano, los muertos por el paramilitarismo en el Catatumbo Colombia, o por las maras en Tecun Uman Guatemala, o los muertos de Nuevo Laredo, aunque sabemos que resultan por la híper-ganancia que la cocaína le produce a la economía norteamericana, por nada se justifican. Es por esto que ante la estrategia de hacer imperar la división, bien vale invocar la propuesta del fundador del antimperialismo del siglo XX, para quien la política debía ser “el arte de unir”, y en este caso el “unir” debe darse entre los productores, los pueblos y los países de sur, para conseguir la regulación del mercado de las drogas hoy ilegales. La regulación como hoy se da en Uruguay, Suiza, Holanda y en 12 estados de la federación norteamericana, es la mejor medida contra el narcotráfico porque al globalizarse deprimirá el precio que genera la híper-ganancia, al tiempo que reduce el daño en salud, porque regula la distribución a los consumidores en farmacias y centros sanitarios estatales. Hace dos meses escribía que Bolivia debe ser el ejemplo a seguir en el proceso de paz colombiano, por su política interna de control social y diversificación del uso de la hoja de coca (TASCÓN, 2013), por eso el llamado para que el Estado Plurinacional “masque” bien las implicaciones de la prohibición, aquella que nos deja el grueso de los muertos a los latinoamericanos, y el grueso de los dólares a los norteamericanos. Además los tres países productores debemos llegar a la conciencia, que solo regulando el mercado de la cocaína, solo haciendo caer el precio de esta, podrán desenvolverse plenamente el mercado para los usos alternativos de la hoja, Uno solo de estos usos, ameritaría la acción de regular: la capacidad -documentada científicamente- de la clorofila de la coca de inhibir las células cancerígenas (SEKI y NISHI, 2013), es una obligación del saber andino con toda la humanidad. Bibliografía: • AGUILAR, Rubén y CASTAÑEDA, Jorge (2009), El narco: la guerra fallida, Punto Lectura, México • CARTA ABIERTA (2013) del IV Foro Internacional de la Hoja de Coca al Hermano Presidente Evo Morales para promover el arbusto milenario como solución sanitaria para el mundo • RAVELO, Ricardo (2011), Los capos. Las narco-rutas de México, Editorial Debolsillo, México • SEKI, Kunihiro y NISHI Yoshito (2013), Coca: un biobanco, T´ika &Teko editorial, La Paz • TASCÓN, Felipe (2013), Para la paz, mejor La Paz, La Época 591, La Paz • UN0DC, 2013, Resumen Ejecutivo del Informe Mundial sobre las Drogas 2013, disponible en http://www.unodc.org/unodc/secured/wdr/wdr2013/WDR2013_ExSummary_S.pdf [Acceso 01/09/13] * Investigador académico colombiano. |

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