agosto 17, 2026

—Primera Parte— La integración de América Latina en la historia

América Latina y el Caribe es una región que ha soportado mucha pobreza y disociación desde el momento en que fue invadida por el colonizador europeo. Los documentos de crónicas, investigaciones e interpretaciones recientes, plantean que los pueblos originarios estaban organizados en estructuras sociales económicas, sociales y políticas con un grado importante de relacionamiento e intercambio entre los distintos pisos ecológicos. Queda pendiente determinar si las relaciones de intercambio vigentes entre los pueblos originarios del continente corresponden a un tipo de integración que fue destruida por el invasor.

La explotación de los recursos naturales existentes en el continente fue conseguida por medio del etnocidio y la explotación inhumana que ejercieron los invasores europeos a lo largo y ancho del continente. El carácter de propiedad feudal, impresa en la cosmovisión de los invasores determinó la parcelación del territorio y el estancamiento de las relaciones de intercambio posibles. El único vínculo que fue fortalecido es el correspondiente de colonias a metrópoli, mediante el saqueo de recursos naturales, principalmente metales preciosos.

En los primeros tiempos de la independencia se trabajó el gran proyecto de integración de América Latina, bajo el sueño de la existencia de una misma nacionalidad. El sueño del libertador Simón Bolívar, era parte de los proyectos de integración más importantes de la época. Sin embargo, también existían los grupos que pretendían tener el dominio político de territorios desmembrados.

Las iniciativas de integración latinoamericana tiene raíces profundas en la historia poscolonial de este continente. A finales del Siglo XVIII y principios del XIX se desarrolla la idea de la integración, bajo el carácter de los diversos intereses económicos y de comercio, debido a la fuerte presión externa por parte de los estados potencia de ese momento, principalmente Inglaterra y los EE.UU. Este intento de integración se justificaba, también, por los nexos culturales y la vecindad espacial. La identidad latinoamericana se fue construyendo a los largo del tiempo, impulsada por las luchas contra la opresión de los invasores y la hegemonía instalada desde el mundo anglosajón.

Consecuentemente, desde el nacimiento de las repúblicas “independientes” a la fecha, los intentos y las iniciativas de integración se refirieron a una unión o integración para lograr un solo sistema político y económico de los estados de este espacio latinoamericano. Tal que se propuso un solo nombre, el de “Continente Colombiano”, en el texto de la Constitución de la primera República de Venezuela, aprobada en Caracas el 21 de diciembre de 1811. Este continente fue el horizonte común en la mente y el discurso de los principales próceres de la independencia.

Si bien este proyecto de conformar una gran confederación continental de los pueblos liberados del invasor español, fue un proyecto de élites criollas, mostraba la necesidad de integrar estos pueblos contra el colonizador, posteriormente contra las políticas expansionistas de los EE.UU. el escritor José Samper publicó su libro “Ensayo sobre las revoluciones políticas y la condición social de las Repúblicas Colombianas”, en cuyo texto desataca lo siguiente: “… Por tanto, nos permitimos proponer (..) que en lo sucesivo se adopte lo siguiente: COLOMBIA, la parte del Nuevo Mundo que se extiende desde el Cabo de Hornos hasta la frontera septentrional de México. (..) lo demás del continente).

No cabe duda que fue el Libertador Bolívar el que planteó los planes integracionistas de lo que se llamó América Meridional para sentar diferencia con América del Norte. Estos planes están plenamente expuestos en documentos elaborados por él como: Manifiesto de Cartagena de 1812; la Carta de Jamaica de 1815, correspondencia enviada a O’Higgins y San Martín, así como las enviadas a los jefes de estado del Rio de la Planta, Chile y Perú, realizando propuestas de asociación de cinco estados de América Hispana.

Frente a la arremetida agresiva de los EE UU, ocupación de territorio mexicano y los intentos de anexar Cuba y Haití, fue José Martí, al final del Siglo XIX, el que retomó el viejo ideal de la unidad hispanoamericana. Momento histórico en el que este concepto estaba siendo desvirtuado por el concepto de panamericanismo, categoría diseñada por el secretario norteamericano, James Blaire.

El concepto Martiniano de Nuestra América adquirió aspectos novedosos en relación al legado de la unión continental de la Gran Colombia, pues no se limitaba solo a las antiguas colonias de España, común en todas la propuestas anteriores, el De Martí incluía todos los países del sur del Rio Bravo salidos del colonialismo y enfrentados a la voracidad de grandes potencias, en particular la de los EE.UU. La idea de una comunidad latinoamericana comenzó a configurarse como la integración continental.

El espíritu de integración estuvo también a lo largo del Siglo XX. A este espíritu responde la convocatoria que hizo Augusto Cesar Sandino, bajo el lema de “Plan de realización del supremo sueño de Bolívar”, el 20 de marzo de 1929, concibiendo una propuesta de alianza continental.

En este Siglo XX, los principales líderes de los movimientos populares y revoluciones del continente no dejaron de aludir a la necesidad de la unión latinoamericana, obligada referencia ideológica contra el fracaso del modelo capitalista, con la crisis de 1929, cuya hegemonía habría de pasar de Inglaterra a los EE.UU. En este sentido, vale la pena recordar los intentos de Juan Domingo Perón de la Argentina, quién expreso la famosa frase de: “el Siglo XXI nos encontraría unidos o dominados”. También, Getulio Vargas del Brasil y Carlos Ibañez de Chile. En estos casos la integración latinoamericana estaba asociado al desarrollo de los movimientos nacionalistas burgueses de distinto matiz político; los mismos que defendieron e impusieron políticas orientadas a promover el desarrollo interno.

El propio modelo de Sustitución de Importaciones, propuesto por la CEPAL, llegó a la conclusión de que el desarrollo pleno de la región necesitaba de constituir un proceso de integración económica, para superar el tamaño relativamente pequeño de los mercados nacionales y la necesidad de pasar de una fase de sustitución de importaciones de industrias livianas hacia la sustitución de bienes duraderos y bienes de capital. Proceso que fue frustrado, inicialmente por la arremetida de capitales transnacionales y luego por el neoliberalismo que obligó a desnacionalizar todo el avance que se había logrado hasta entonces.

La segunda parte de este trabajo hará referencia a los actuales procesos de integración y sus contradicciones.


*    Economista; Docente Investigador titular de la UMSA.

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