El abogado Eduardo León, quien dejó de ser defensor de Gabriela Zapata, investigado por presuntos delitos de falsedad material y uso de instrumento falsificado, toma medidas como una huelga de hambre, se declara “preso político”, dice estar “muy mal de salud”, cuando lo vemos vivito y coleando levantando las manos en las celdas judiciales.
El “drama” de León, tan común como a los que detienen por algún delito cometido, llegó a la sensibilidad de mucha gente cuando las redes sociales y un medio amigo suyo mostraron una foto junto a su hija que lloraba, al tiempo que un grupo de agitadores reclamaba por su libertad en las celdas de la FELCC.
A León, como a una gran mayoría, le caen otros problemitas, por falta de un custodio que le permita cumplir la medida sustitutiva de detención domiciliaria. Ahora está acusado de falsificar títulos profesionales, su libreta de servicio militar y le retiraron la matrícula de abogado.
Existe un dato curioso que alegó cuando presentó descargos ante la comisión de fiscales por su libreta de servicio militar, explicó que no prestó ese servicio porque estaba el régimen de Luis García Meza, añadiendo que luchó contra los gobiernos de facto y que por ello no había prestado ese servicio.
El propio abogado de García Meza, con documentos en la mano, recordó a León y a los periodistas que fue otra de sus mentiras la del abogado, por cuanto éste no se presentó al servicio militar en 1987, cuando el ex militar y dictador ya no estaba en el gobierno.
El caso León, puesto como drama en el contexto mediático, contrasta con lo que serían los centenares o miles de casos que viven su calvario y no tienen el efecto de un personaje que llega a celdas y se hace la víctima de los operadores de la justicia.
Este caso me recuerda a una situación del común de los mortales que no es un “rey” y que como miles vive su drama diario, cuando en las puertas del Palacio de Justicia de la ciudad de La Paz, sentado en el suelo, un anciano indígena harapiento llora desesperadamente su desgracia: “Busco justicia en el lugar equivocado”.
Los jueces acaban de soltar a un mortal desalmado al que le estallaron todos los ahorros de su vida. Está destrozado y clama en quechua: “Ya no quiero seguir sobreviviendo”. Lamento existencial extraño para los administradores de la (in)justicia porque el que clama no es un cliente solvente.
Ese anciano, como los que diariamente son ninguneados por la administración de justicia, que no cuentan con 80 mil bolivianos, como tiene el “rey” León, no hace el escándalo mediático ni se declara preso político, no se desmaya diciendo que está enfermo ni hace huelga de hambre, como podría pasar con los que verdaderamente son inocentes.
Esta cruda y cotidiana realidad judicial para los empobrecidos, quienes por desgracia pisaron los espacios del sistema judicial boliviano y fueron mordidos mortalmente por las serpientes, no dice nada a la prensa que lleva el caso de uno que se cree el “rey” y se victimiza para seguir ese libreto con fuerte intencionalidad política para los que siguen este tipo de casos.
Lo dijimos en más de una oportunidad: el sistema judicial boliviano es similar a un nido de serpientes. Serpientes que sólo pican a los descalzos, los que andan a pie. A sus progenitores las víboras nunca muerden. Este sistema es una de las trincheras de la corrupción tramada y legalizada por los politiqueros.
Frente a este nuevo drama de los que se victimizan y escandalizan, es bueno volver a recordar que el sistema judicial no ha sido y será una guarida angelical. ¡No, pues! Los abogados conocen de qué madera está hecho el sistema. Además, la justicia es la virtud inexistente en el ejercicio de la abogacía.
Hoy existen los “nuevos reyes” y ya los tenemos muy bien instalados en el poder. Estos profesionales de la “justicia” nos inducen a entender la realidad de otra manera, nos alejan de la vida cotidiana y sus problemas, fabrican pseudoabogados para medir la corrupción. Esperemos con optimismo que la mentada Cumbre de la Justicia haga caer a los nuevos “reyes” que buscan eludirla creyendo tener el poder.
* Escritor e historiador potosino.

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