agosto 22, 2026

Leyes y armas

por: Esther Eunice Calderón Zárate

A pesar de que en la actualidad existen más de 15.000 libros sobre Niccoló Machiavelli [en español Nicolás Maquiavelo] y que hasta el día de hoy sigue siendo leído, siempre será necesario continuar hablando, polemizando y, sobre todo proponiendo interpretaciones alternativas de su pensamiento. Para ello, analizaremos dos ediciones de Il principe, la primera bilingüe [italiano antiguo-español] y la segunda en español.

Como sabemos, Il principe [El príncipe] es su libro más reconocido, y por supuesto más leído, en el mundo entero, pues representa una clara ruptura entre la política y la ética. Si hasta la edad media las virtudes cardinales que todo gobernante debía perseguir eran la fortaleza, la prudencia, la templanza y la justicia; Machiavelli propone una triada de nuevas virtudes para el gobernante [la política como es]: flexibilidadastucia valor. La virtud ya no tiene que ver con un fin noble, como en siglos anteriores, ahora la virtud es eficacia técnica para alcanzar un fin. Esto puede observarse claramente en el capítulo III, donde se afirma que la clave de la política es la fuerza y la violencia.

Machiavelli parece mostrar las peores cualidades del ser humano, teniendo éste como esencia el ser cambiante, imprevisible y codicioso.

De esta exposición de una parte de su concepción del hombre surge la interpretación predominante y generalizada en la academia de que Machiavelli presenta una idea pesimista de la naturaleza humana, y que tal idea cae en una posición reduccionista, ya que limita al ser humano señalando sólo los aspectos negativos de su naturaleza.

I. Il principe: contexto histórico

En el siglo XV comienzan a escribirse tratados no sólo para príncipes, sino también para cortesanos, donde les enseñan cómo comportarse en su relación con el príncipe.

En tanto, Machiavelli ganaba experiencia en la gestión pública hasta llegar al puesto de segundo canciller. La ventaja principal de su cargo fue que logró tratar y conocer de cerca el pensamiento de los grandes gobernantes. Sin embargo y al mismo tiempo, su desventaja fue su cercanía al poder, ya que nunca llegó a conocer el funcionamiento del Estado concreto.

A partir de su conocimiento y por su amplia experiencia en la gestión pública y, en un contexto de codicia por el poder, en 1513 Machiavelli dedica Il principe a Lorenzo de Medici, buscando de alguna manera persuadirlo para regresar a su puesto. Así también, el propósito del libro fue aconsejar al gobernante no por lo que debe ser, sino por lo que es y, evidentemente, con el fin lograr la unificación de Italia, el anhelado sueño de Machiavelli.

La sencillez del lenguaje, misma que es intencionalmente reconocida en la dedicatoria del libro, no muestra la necesidad de expresar un pensamiento abstracto, sino que más bien se enfoca en otorgar al príncipe reflexiones y consejos puramente prácticos.

Mientras escribía Il principe, Machiavelli se encontraba apartado de su cargo, encarcelado y acusado de conspirar contra los Medici. De ahí surge la metáfora del poder presentada al inicio del texto: “[…] porque así como aquellos que dibujan paisajes se sitúan en los puntos más bajos de la llanura para estudiar la naturaleza de las montañas y de los lugares altos, y para considerar la de los lugares bajos ascienden a lo más alto de las montañas, igualmente, para conocer bien la naturaleza de los pueblos hay que ser príncipe y para conocer bien la de los príncipes hay que ser del pueblo”.

En suma, desde la base se ve mejor las nubes del Olimpo, es decir, ¡no se puede ver bien lo que sucede en el poder desde arriba, estando en él, sino desde el pueblo, lejos de él!

En las primeras páginas de , Machiavelli reconoce su origen social, él pertenecía a los popolani [la pequeña burguesía florentina]. Curiosamente su proyecto, reflejado en su concepción de las leyes y los tipos de moral, en aquel momento pro absolutista, estaba completamente apartado de su origen social y no lo representaba.

II. Una ética principesca

Para recorrer ordenadamente el libro, empezaremos por el segundo punto propuesto para la interpretación. Ahora bien, ¿existe una ética en Il principe? Sí, el príncipe de Machiavelli es ético y no es a-moral. En el capítulo VIII del libro se puede observar una visión integral de Machiavelli, que supera cualquier otra visión.

Existe una ética principesca que reside en la advertencia de Machiavelli:

“Non si puó ancora chiamare virtú ammazzare e suoi cittadini, tradire gli amici, essere sanza fede, sanza piatá, sanza religione; e quali modi possono fare aquistare imperio ma non gloria”.

“Pero no se puede llamar virtud el asesinar a sus ciudadanos, traicionar a los amigos, no tener palabra, ni piedad, ni religión; estos medios harán ganar poder pero no gloria”.

Una variante de la traducción se encuentra en la versión en español: “[…] procedimientos así permiten adquirir poder mas no gloria”. Sin embargo, nosotros proponemos una traducción alternativa: “No se puede llamar virtud el asesinar a sus ciudadanos, traicionar a los amigos, existir sin fe, sin piedad y sin religión; estos medios pueden permitir comprar el poder pero no la gloria”.

La ética principesca se relaciones entonces con la capacidad del príncipe de obtener el honor, la gloria y la fama.

Quentin Skinner señala que Machiavelli insiste en que el comportamiento del príncipe debe ser honesto, y por consiguiente pide que todos los príncipes tomen como su modelo a “alguna figura histórica que sea elogiada y honrada”, manteniendo en todo momento “sus hazañas y acciones ante ellos”.

Evidentemente se aconseja la crueldad, pero cuando la sobrevivencia del Estado esté en riesgo, es decir, sólo en caso de emergencia máxima, cuando las circunstancias lo requieran. Machiavelli resalta la flexibilidad como una de las virtudes necesarias del príncipe, misma que tiene dos dimensiones: a) la dimensión moral, es decir, el actuar bien cuando se pueda; b) la dimensión práctica, o sea, la capacidad del príncipe de adaptarse a las circunstancias.

La frase “el fin justifica los medios” que constantemente es mencionada para aludir a Machiavelli, en realidad él nunca la escribió. Dicha frase fue tomada de César Borgia. Y, si bien Maquiavelo nunca escribió “el fin justifica los medios”, algunas interpretaciones consideran que su pensamiento [expresado en los capítulos XVIII y XXV de Il principe] justifica tal frase.

Nuestra reflexión quiere mostrar dos posibilidades diferentes de interpretación: la primera, que desde el pensamiento de Machiavelli, no es el fin que justifica los medios, en todo caso, las circunstancias justifican los medios. La ética principesca, el consejo del uso de la crueldad solamente en momentos de máxima emergencia del Estado y la idea de flexibilidad moral y práctica, son postulados fuertes que nos permiten sostener lógicamente esta primera interpretación. La segunda interpretación será vista más adelante.

Machiavelli distingue dos tipos de moral: la moral común de los hombres [de la esfera pública y de la familia] y la moral del príncipe [de la política, que es autonomía de la técnica], que debe saber adaptarse a las circunstancias. La moral del príncipe es distinta, el príncipe es supralegal, pero se rige bajo los términos de la ética principesca.

Siendo las circunstancias las que determinan los medios, ya en el capítulo XV Machiavelli ampliará la idea de flexibilidad, señalando que el príncipe debe aprender a no ser bueno:

“[…] che colui che lascia quello che si fa, per quello che si dovrrebbe faro, impara piú presto la ruina che la perservazione sua: perché uno uomo che voglia fare in tutte le parte professione di buono, conviene che ruini infra tanto che non sono buoni. Onde é necessario, volendosi uno príncipe mantenere, imparare a potere essere non buono et usarlo e non usarlo secondo la necessitá”.

“[…] que quien deja lo que se hace por lo que se debe hacer, aprende antes su ruina que su preservación: porque un hombre que quiere en todo hacer profesión de bueno encontrará su ruina entre tantos que no lo son. De donde le es necesario al príncipe que quiera seguir siéndolo aprender a poder no ser bueno y utilizar o no este conocimiento según la necesidad”.

El consejo puede parafrasearse así: se bueno siempre que puedas, pero no vaciles en hacer el mal si es necesario.

Evidentemente, este es uno de los puntos en los que se basa la interpretación que considera que Machiavelli presenta una noción peyorativa de la naturaleza humana, ya que no se descarta, y (es más) se recomienda el uso de la maldad.

III. Buen gobierno: buenas leyes y buenas armas

Precisamente en el capítulo XVIII [muy aclamado por quienes defienden la interpretación predominante] se encuentra la clave de nuestra propuesta interpretativa.

El capítulo XVIII puede considerarse como un compendio de todo el libro, en el que además se muestra la esencia del príncipe y la visión dual de la naturaleza humana ligada a la concepción de buen gobierno que Machiavelli adquiere observando el comportamiento del pueblo.

Un buen gobierno, desde su pensamiento es aquel que tiene buenas leyes y buenas armas. Por ello escribe:

“Dovete adunque sapere como e’ sono dua generazioni di combattere: l’uno con le legge; l’altro con la forza. Quel primo proprio dello uomo; quel secondo delle bestie. Ma perché il primo molte volte non basta, conviene ricorrere al secondo: pertanto ad uno principe e necessario sapere ben usarle la bestia e lo uomo”.

“Debéis, pues, saber que hay dos modos de combatir: uno con las leyes; el otro con la fuerza; el primero es propio de los hombres, el segundo de las bestias; pero, puesto que el primero muchas veces no basta, conviene recurrir al segundo. Por lo tanto, es necesario que un príncipe sepa actuar según convenga, como bestia y como hombre”.

Machiavelli muestra que el combate del hombre es con leyes, mientras que el combate de la bestia es a través de la fuerza. En momentos el hombre es excelsamente humano y en otros momentos adquiere la fuerza bestial, en suma, se mueve entre ambos extremos. La naturaleza humana es dual, por un lado humana y por el otro bestial. El hombre, dice Machiavelli, combate por la ley o por la fuerza. Aunque lo ideal es siempre optar por la ley. ¡La ley es la más elevada expresión del ser humano, cualidad que lo diferencia completamente de los animales y que muestra el lado digno y maravilloso del hombre!

Machiavelli describe al político astuto, que disfraza sus intereses particulares mostrándolos como generales. Pero, también realza la más alta cualidad del hombre, su capacidad de crear leyes.

Completando la idea que se dejó pendiente previamente, el pensamiento de Machiavelli no justifica la conocida frase “el fin justifica los medios”. Claro está que sí existe un principio del pragmatismo: el fin no justifica los medios, las circunstancias justifican los medios, y dichos medios parecerán justos cuando se triunfa.

Nuestra segunda forma [claramente conectada a la primera y no excluyente de la misma] de interpretar el pensamiento de Machiavelli, expresado en el capítulo XVIII del libro, podemos extraerla de la siguiente frase:

“[…] e nelle actione di tutti li uomini, e maxime de’ principi, dove non e’ iudizio a chie reclamare, si guarda al fine. Facci dunque uno principe di vincere e mantenere lo stato: e’mezzi sempre saramo iudicati onorevoli e da ciascuno saranno laudati; perché el vulgo ne va preso con quello che pare e con lo evento della cosa: e nel mondo non é se non vulgo, e’ pochi non ci hanno luogo quando gli assai hanno dove appogiarsi”.

“[…] y en las acciones de todos los hombres, especialmente de los príncipes, donde no hay tribunal al que apelar, se atiende al resultado. Procure pues el príncipe ganar y mantener el estado: los medios serán siempre juzgados honorables y alabados por todos; ya que el vulgo se deja cautivar por la apariencia y el éxito, y en el mundo no hay más que vulgo; y los pocos no tienen sitio cuando la mayoría tiene donde apoyarse”.

Una variante de la traducción (que además se exime de cualquier aclaración) se encuentra en la edición en español de El principe: “Y en las acciones de los hombres, y más aún en las de los príncipes, cuando no hay un tribunal al que recurrir, lo que cuenta es el fin”.

Es necesario observar el contexto en el que se utiliza la palabra italiana fine. El fine del que habla Machiavelli no indica finalidad a alcanzar, sino éxito final de una determinada acción, conclusión, resultado.

Así, en el vulgo los medios se expían por el triunfo y dicho triunfo es al final, es el resultado. Es decir, no se pueden justificar los medios en pro de un fin, en el sentido de una finalidad pendiente de alcanzar.

No hay un fin lejano, nunca alcanzado, que justifique los medios. Sólo las circunstancias y los resultados finales podrían justificarlos.

Como vemos desde esta interpretación alternativa, hay una gran lección para los políticos actuales que “leen” Il principe: Machiavelli invita al príncipe a utilizar la parte excelsa de la naturaleza humana, tomando medidas a partir de las leyes; y a exigirse resultados, y no justificar medios sobre la base de promesas de resultados a largo plazo.

Bibliografía

● MACHIAVELLI, Nicolo. Il principe (edición bilingüe). Trad. Helena Puigdoménech. Editorial Tecnos. Madrid, 2011.

● El príncipe. Trad. Antonio Hermosa Andújar. Editorial Prometeo. Buenos Aires, 2006.

● SKINNER, Quentin. Los fundamentos del pensamiento político moderno: I. El renacimiento. Trad. Juan José Utrilla. Fondo de Cultura Económica. México D.F., 1985.


* Politóloga.

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