octubre 28, 2026

La palabra donde germina la paz

por: Felipe Tascón

“Nuestra única arma será la palabra” Rodrigo Londoño / “En surcos de dolores, la paz germina ya” Juan Manuel Santos / “Espero que los colombianos hagan de este un proyecto nacional” Ban Ki-moon.

Colombia ha sido en estas semanas, un cúmulo de noticias de Paz, el Acuerdo Final entre el gobierno nacional y las FARC-EP, se firmó en Cartagena este 26 de septiembre, representando las partes el Jefe de Estado de Colombia Juan Manuel Santos, y el Comandante en Jefe de la hasta ese momento insurgencia guerrillera, Rodrigo Londoño [1]. El hecho se sucedía seis años y 20 días después que el presidente -entonces recién posesionado- le enviara una carta a la guerrilla, donde les manifestaba su intención de establecer unos diálogos de paz. Esa carta fue llevada por el facilitador de paz Henry Acosta, desde el palacio presidencial, hasta las montañas cercanas a Cali, donde la entregó a Pablo Catatumbo miembro del secretariado guerrillero. Luego en dos etapas, la primera oculta y la siguiente pública, se sucedieron en Oslo y La Habana, los diálogos que históricamente serán reseñados con el nombre de la capital cubana.

La firma del Acuerdo Final en Cartagena, será reseñada en los libros de historia como un acto emocionante, donde cantaron coros de víctimas, y hablaron el Secretario General de la ONU, el comandante de las FARC-EP y el presidente de la República. Las frases que anteceden este artículo pueden ser el resumen de estos discursos. Al margen quedan algunas metidas de pata: la amenaza subliminal del sobrevuelo rasante de un avión Kfir de la Fuerza Aérea, al momento del discurso de Timochenko; la ubicación de los guerrilleros acompañantes, en las filas finales tratados así por el protocolo como inferiores; también la no invitación al presidente Evo Morales, cuando la Organización de Productores de Coca, reclama la asistencia técnica del Control Social boliviano, en la implementación del ítem acordado de sustitución de los cultivos de uso ilícito.

El simbolismo de la fecha de la carta original -6 de septiembre de 2010- es trascendente porque Juan Manuel Santos, sólo llevaba 29 días en la presidencia de Colombia. Así, después de ocho años de “horrible noche” uribista, el máximo representante del Estado colombiano reconocía las causas de exclusión social y política para el levantamiento guerrillero. Pero la fecha además arrastra dos simbolismos históricos: en 1522 un puñado de vascos al mando de Sebastián Elcano -un 6 de septiembre- culminaban la primera circunnavegación del globo, que demostraba la hipótesis de los astrónomos del renacimiento: la redondez de la tierra; mientras que en 1815 -también el 6 de septiembre- el libertador Simón Bolívar, firmaba lo que a la postre sería su más importante manifiesto político, la Carta de Jamaica.

Antes, el pasado 24 de agosto el Acuerdo había sido firmado en La Habana por las delegaciones negociadoras, encabezadas por el ex vicepresidente de Colombia Humberto Dela Calle, y por el “Reemplazante” de la Comandancia General Iván Márquez. El sentido de esta firma que ahora entendemos como preliminar, fue permitir la convocatoria del plebiscito donde el pueblo colombiano -este 2 de octubre- tendrá la oportunidad de refrendar lo acordado en La Habana. También realizar la X Conferencia de las FARC-EP, donde democráticamente los guerrilleros aprobaron el Acuerdo Final y sobre todo, su conversión en fuerza política no militar. En esa primera ocasión el Acuerdo se firmó en siete copias, una para cada una de las partes, una para los países garantes y acompañantes: Cuba, Noruega, Venezuela y Chile, mientras la séptima copia tenía el destino de ser depositada en el archivo donde -en Ginebra- las Naciones Unidas guarda los tratados internacionales.

Entre el 17 y el 23 de septiembre, se realizó la X Conferencia, la ubicación en el mapa de la vereda de Brisas del Diamante donde se realizó el foro Democrático de la guerrilla, es el extremo sur occidental de la cuenca colombiana del río Orinoco, un lugar aislado a 20 horas de camino de Bogotá, donde en tres semanas la guerrilla construyó la infraestructura necesaria para albergar a los 207 delegados y más de 4600 acompañantes, entre guerrilleros que resguardaban la conferencia, familiares, periodistas de los cinco continentes, académicos e invitados. En la Conferencia hubo representación de las 80 estructuras guerrilleras, entre frentes y columnas móviles, además una veintena de prisioneros de guerra, que como muestra de aplicación preliminar del Acuerdo, fueron trasladados temporalmente por sus guardianes. Dos hechos sobresalen entre los anuncios dados en su clausura, el apoyo unánime de la guerrilla al Acuerdo Final, y lo detallada que fue la discusión de los puntos particulares de implementación; la gran cantidad de propuestas de organizativas y de nombre para el nuevo movimiento o partido político legal, en que se convertirán; la convocatoria antes de mayo del 2017, del congreso constitutivo de la nueva estructura política; la duplicación del número de integrantes de su dirección, desde 32 hasta 64 integrantes, para poder reflejar la distribución de género en las bases guerrilleras, 42% mujeres. Es sintomático como los medios de comunicación colombianos, en mayoría deformaron el foro, solo divulgando los conciertos que en las noches acompañaron al evento.

El plebiscito por la paz

El mismo día de publicación de este artículo, el 2 de octubre, se estará realizando en Colombia el plebiscito, que la corte constitucional definió como mecanismo de refrendación del Acuerdo Final. Vale consignar el transformismo político de la extrema derecha colombiana agrupada en torno al ex-presidente Uribe y el ex-procurador Ordóñez, que han llegado de dientes para fuera a aceptar la paz “pero no está paz”, en una estrategia goebbeliana para encubrir su búsqueda de continuidad de la guerra. Pepe Mujica ha dicho que “Si Colombia dice ‘No’, daría la impresión de ser un pueblo esquizofrénico que se aferra a la guerra como forma de vida”. Los opositores a la paz siempre pregonaron abiertamente contra la salida negociada, porque según ellos negociar con la guerrilla era muestra de debilidad, y el perdón y la posibilidad que sus jefes participaran en política serían ambas sendas inmoralidades. De donde resultaba la salida militar, la única posible, no importaba el costo en vidas humanas que la guerra provoca en toda la población, en los actores de ambos bandos y sobre todo en la población civil. Según este raciocinio medieval, más importante que preservar vidas, era no ceder nada en términos jurídicos ni políticos.

La evolución de la coyuntura política en el último lustro llevó al fracaso tal alternativa política, estos opositores perdieron las últimas elecciones, encuestas y debates, por lo que dejo de ser electoralmente viable pregonar la guerra. Entonces transformaron el discurso, y en vez de oponerse a la paz, ahora afirman que su oposición es a la forma en que esta fue acordada en La Habana, que se puede resumir en el concepto que eleva a la Paz a la categoría de Derecho Síntesis [2] que definen nuevas tipologías de participación política y justicia; así mismo el énfasis territorial que requiere el desarrollo del país, ahí donde las desigualdades son mayores, ahí donde se ha configurado un paisaje rural de exclusión. A estos dos elementos no se oponen de forma pública los beneficiarios de la exclusión y concentración de la tierra [3]. La suma de estos elementos es la que ha provocado el transformismo de la oposición, que ahora también querría la paz, así en vez de oponérsele y abiertamente pregonar la guerra, se suben al tren de la paz tratando de anularla o por lo menos de neutralizarla.

Al momento de escribir este artículo, se da por sentado el triunfo del Sí, en la medida que las encuestas reducen la esquizofrenia del No a alrededor de la tercera parte del electorado. ¿Qué viene después de esto?, el capítulo de implementación de los acuerdos, bien puede calificarse como aún más complejo que la negociación misma. Se necesita que una clase social, que desde la traición de Santander a Bolívar detenta el poder con sangre y con trampas, ahora cumpla lo pactado. Que se implemente la Reforma Rural Integral, que aparezcan los 3 millones de hectáreas del fondo de tierras, que tome cuerpo el estatuto de oposición para la participación política de los movimientos sociales y nuevas organizaciones, que se entierre la estrategia del enemigo interno, que los proyectos de sustitución sean eficientes en la tarea de mantenerle ingresos a las familias campesinas, que todas las víctimas sean reparadas y prevalezca la verdad y no repetición de los factores del conflicto, que el Estado neutralice al paramilitarismo y corte los cordones umbilicales de sus estructuras económicas, políticas policiales y militares con estos.

Sólo así se podrá construir la nueva Colombia, donde los integrantes de las FARC- EP en proceso de reincorporación a la vida civil continúen movilizados ahora sólo de manera política, donde dejen las armas en manos de las Naciones Unidas y donde el empleo y los ingresos de guerrilleras, guerrilleros, milicianos y habitantes de su zonas de influencia, sea garantizado por un Sistema Cooperativo de Reincorporación, que funcione como un clúster económico, con vasos comunicantes y canales comerciales interconectados.


* Investigador colombiano / Exclusivo para La época.

1 Nombre original de Timoleón Jiménez-Timochenko.

2 Concepto original de Federico Mayor Zaragoza, exdirector general de la UNESCO, consignado en el artículo 75 de la Jurisdicción Especial de Paz, creada por el capítulo Víctimas, 5° del Acuerdo Final.

3 En el Censo Nacional Agropecuario del 2015, resultó un índice GINI de concentración de la tierra de 0,93, que ubica a Colombia en el deshonroso primer lugar de la desigualdad continental. Es de público conocimiento que Uribe en su presidencia, llegó a ser uno de los 10 mayores terratenientes.

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