octubre 28, 2026

La “doctrina Trump” y su conflictiva relación con Asia

por: Carmen Aliaga Monrroy 

Las relaciones entre EE.UU. y Asia son analizadas por el autor desde cuatro niveles: militar, político, económico e ideológico, tanto desde la perspectiva de un hipotético orden tripolar como desde la presencia de Trump en la Casa Blanca.

En este artículo propongo desarrollar una mirada crítica y geopolítica sobre la relación entre Estados Unidos y la región asiática. Puntualizando principalmente, el fenómeno mediático y amenazante que compone la presidencia de Estados Unidos en manos del Donald Trump, a partir de sus continuas y polémicas confrontaciones con China, tanto a nivel económico, como militar.

En primer lugar es necesario contextualizar el surgimiento y difusión de la llamada “doctrina Trump”, la cual se da en un escenario de definitiva crisis y desmoronamiento de la realidad hegemónica unilateral de EE.UU. Es importante reconocer que esta crisis no es una crisis cualquiera del sistema financiero norteamericano, sino el punto culminante de una crisis sistémica del capitalismo, donde Norteamérica tiene todas las de perder en su histórica de hegemonía unilateral imperialista. Desde la guerra fría había logrado monopolizar el dominio mundial en todas las escalas, posicionándose como única potencia y dándose el lujo de imponer su ideología a través de la globalización. El Imperio yanqui está desmoronándose frente a nuestros ojos, lo cual no quiere decir que, siga un inminente resurgimiento de revoluciones, siquiera rebeliones o posturas críticas al sistema. Esta crisis, por el contrario, trae consigo el peligro de una crisis humana, donde una explosión ecológica y/o bélica puede desencadenar en un desastre mundial de dimensiones incalculables. Razón por la cual, es más urgente que nunca analizar con pinzas las relaciones entre gigantes; para este propósito propongo cuatro niveles de análisis que desarrollo a continuación: militar, político, económico e ideológico.

La torpe política bélica de Trump ¿Nadie quiere ir a la guerra?

El geoestratega Jalife Rahme, fue uno de los primeros analistas en proponer que el sistema mundo caminaba ya desde hace algunos años hacia un orden tripolar en el que, China, Estados Unidos y Rusia como gigantes económicos, financieros y militares, se jugarían el control del mundo. El empoderamiento en todos los niveles de Rusia, es innegable y el crecimiento económico y paciente de China lo ha colocado en los primeros lugares de la economía mundial desde hace algunos años. La política de Obama, diplomática y anticipatoria de la crisis había tratado de mantener en el margen la tensión y dar una imagen aparentemente pacífica y amistosa sobre las relaciones entre estos poderosos.

La elección de Donald Trump no es más que el detonante de una disputa tripolar que venía anunciándose. Los discursos del nuevo presidente norteamericano y sus mismas amenazas militares contra China (que se evidenciaron a días de su elección), sumado a las recientes amenazas a Corea del Norte son el reflejo de, en primer lugar, de un pataleo económico de la industria armamentística de la logia Trump como emporio del negocio en armas. Y, en segundo lugar, un pataleo político desesperado de un gigante que ve inminente su decaimiento y que trata de polarizar a partir de amenazas militares para recuperar algo del dominio perdido a través de especulaciones.

EE.UU. siempre fue un país bélico, siempre tuvo guerras ¿cuánto ha perdido de esto? La respuesta se ve más allá del costo económico del negocio de armas; los costos políticos hacen insostenible más guerras por el mundo, protagonizadas por Norteamérica. China no tiene guerras ¿cuánto ha ganado? A este nivel, los beneficios, son principalmente económicos, con paciencia e inteligencia ha logrado superar a gran escala la economía norteamericana.

Con respecto a Rusia, aunque se le ha acusado de mantener una política bélica, hasta ahora no conocemos las dimensiones de lo que podría significar una invasión rusa con el poderío nuclear que posee en armas. La relación militar entre Norteamérica y Rusia es mucho más cuidadosa, los coqueteos con Putín son medidas geoestratégicas de Trump que, sin embargo no tienen los resultados esperados. Rusia tiene mucho más que ganar en sus alianzas con China que, en su relación amistosa con EE.UU.

Por lo que se ve, las amenazas de confrontación bélica e incluso el movimiento militar, de tropas y discusión sobre las bases militares en diferentes lugares estratégicos; si están teniendo el efecto desestabilizador que la doctrina Trump ha heredado de Obama y que lo hace intencionalmente, haciendo tambalear las bolsas de valores en la importación de productos chinos y demás efectos en la economía asiática. Sin embargo, es difícil que Rusia militarmente apueste por una alianza con EE.UU., no le es conveniente, mientras que China con su lógica de largo plazo, paciencia y astucia se prepara para dominar, incluso militarmente (con aliados en Rusia) el orden mundial del siglo XXI.

EU no está ya en condiciones de imponer su unilateralismo global –salvo con sus masoquistas vasallos regionales, carentes de visión estratégica–, pero tampoco a Brzezinski se le escapa que EU debe ser juicioso del peligro (sic) de que China y Rusia puedan formar una alianza estratégica, por lo que EU debe tener cuidado de no actuar con China como si fuera un subordinado (sic), lo que garantizaría una relación más estrecha de China y Rusia. EU no sabe actuar de otra forma cuando su apabullante imposición bélica forma parte de su código geopolítico. (Jalife-Rahme, 2017)

En cuanto se refiere a las amenazas a Corea del Norte, es importante reconocer que no estamos hablando de la Norcorea del pasado, más allá de una disputa ideológica entre izquierda y el imperialismo yanqui; lo que se visibiliza es un juego más en el ajedrez orden tripolar, donde Corea es una ficha a ganar entre potencias; Beijing sigue siendo el principal aliado económico de este país y, a pesar de las amenazas sobre el desarme nuclear que ha lanzado Trump, las respuestas han sido de absoluta confianza en la fuerza asiática con China al mando.

Trump se maneja por el método de ensayo y error dentro de la estructura clásica de la política exterior de EU y de los intereses supremos de su complejo militar – industrial, ahora con menor margen de maniobra unipersonal, y ya sólo le queda la estéril infatuación. (Jalife-Rahme, La Cosa Aquella, 2017)

Una política de proteccionismo interno frente a una crisis hacia afuera

El crecimiento económico de China, el predominio e incesante valorización de la moneda china frente al dólar, son evidentemente una amenaza para la débil economía norteamericana. Trump se juega por una política de proteccionismo interno al imponer aranceles a la importación de productos chinos. Salirse del TPP ha sorprendido a muchos, algunos analistas han sostenido que esta medida ha dejado un campo libre para China en su predominio económico en Asia (Sieren, 2017).

Parece ser que Trump y sus colaboradores reconocen que salirse de este tipo de tratados de libre comercio y, paralelamente sostener un discurso de confrontación, son medidas necesarias y desesperadas para sostener su estabilidad interna.

Los efectos deseados de Trump en la economía China y las amenazas de imponer aranceles de más de 45% para bloquear los negocios marítimos, fueron un fracaso. Por el contrario: las especulaciones financieras, la caótica desvalorización del dólar ha permitido una seguridad y empoderamiento financiero de China.

Las principales bolsas de valores de la región Asia-Pacífico cerraron hoy sus operaciones con pérdidas, ante las dudas políticas y económicas en Estados Unidos que debilitan al dólar y a los mercados mundiales. Detrás de estas caídas está la nueva escalada del yen frente a un dólar debilitado por la derrota del presidente Donald Trump en su proyecto de reforma sanitaria. (El Occidental, 2017)

La política inmediatista de Estados Unidos se juega por generar impacto desde la especulación. Mientras China declara abiertamente que se abre al mundo (Sieren, 2017), lo cual tendrá efectos para la región de América Latina, de hecho lo está teniendo. A pesar de que los BRIC’s salen un poco de escena, sobresale el poderío Chino y su predominio en Asia y, en otros continentes desde una política “amigable” y “solidaria” de cooperación. Sólo con una guerra EE.UU. podría frenar el avance de China en el control comercial de Asia. Sin embargo, este imperio en decadencia no tiene muchas posibilidades de ganar una guerra, más que de obtener alguna migaja por quema de capitales para el negociado Trump, esta lógica bélica y torpe podría generar una guerra por “accidente”.

“Hacer grande a América otra vez”; la guerra como cohesión interna

En este nivel, no pretendo entrar en debate acerca de los motivos de la elección de Trump, pero sí hacer hincapié en el hecho de que la tripolaridad imperialista se va marcando como un fenómeno inevitable, algunos analistas proponen que el orden mundial depende de la relación estable entre estas tres potencias. Lo cual en el escenario actual no es posible, no es factible: China no va a negociar su histórico empoderamiento, a Rusia le ha costado posicionarse en la potencia y armarse hasta los dientes para estar preparados tecnológica y militarmente frente a un conflicto bélico.

Los chinos están llenando los espacios que EE.UU. no es capaz de sostener (ni económica, ni políticamente), EE.UU. voltea una política hacia adentro de contención, confía en sus fuerzas internas y en el reforzamiento de un nacionalismo perdido con la política del libre mercado. Los anuncios de guerra cohesionan a nivel interno, esto se ve claramente con los efectos del fenómeno mediático que ha provocado los discursos de Trump en el que se ve ciudadanos norteamericanos reforzando el eslogan de hacer a América grande otra vez, pero hacia adentro porque en el tablero mundial está perdiendo demasiado.

Nivel ideológico: ¿Existe América Latina?

Finalmente, y amanera de conclusión es pertinente abarcar el nivel ideológico de esta relación Trump/Asia/China, analizar los efectos de los discursos sin dejar de lado el peligro de una guerra de dimensiones apocalípticas, desde un efecto ideológico de la crisis del proceso civilizatorio que proponía el capitalismo irradiado desde Norteamérica. Trump basa su política discursiva en la demarcación de las fronteras (imaginarias y reales), todas las que sean posibles, incluso reavivar (o tratar de hacerlo) el sentimiento añejado del “enemigo comunista” que curiosamente se deposita en contra de China y su cultura “atrasada”. Claramente contra los migrantes latinos como los enemigos de los trabajadores norteamericanos. Es decir, en el intento de sostener lo poco que queda del Imperio se agarra de un sentimiento de diferenciación fundamentalista que es potente porque garantiza apoyo masivo y moviliza sentimientos de odio racial, étnico, religioso e ideológico.

La construcción de muros son más fuertes a nivel ideológico que material y esa es la única garantía de fuerza que le queda a Estados Unidos, es cierto que sigue siendo un hegemón y que su predominio será fuerte durante algunos años más; sin embargo, otras potencias lo están superando de forma desmesurada e imparable.

Y en este punto, me interesa remarcar las condiciones de posibilidad que queda para América Latina y subrayo: América Latina y no Bolivia, ni Brasil, ni Ecuador, ni cualquier otro país de la región de forma aislada. Sino de la región como tal, porque en un escenario de confrontación geopolítica entre gigantes, es un reto impostergable hablar de integración regional.

Puede leerse y de hecho se está haciendo, una esperanza identitaria sostenida en promesas de cooperación Sur Sur y que, no niego, sean posibles, tanto con China como con otros países de la región, la promesa de Bandung es un tema pendiente. Sin embardo, es importante alcanzar un nivel realista en esta disputa tripolar, si China es la única potencia que nos queda como “amigo político”, después de la crisis en Brasil; es importante discutir si viene un momento mundial pos-occidental y qué lugar ocupamos en este escenario como región.

Por lo cual me parece necesario empezarse a ocupar de algunas interrogantes ¿con qué negocia América Latina? ¿Se vende al mejor postor? ¿O al menos occidental? ¿Estamos conscientes de que el avance de China en la región nos plantea una alianza a fondo perdido con una nueva hegemonía mundial?

Y si negocia: ¿en qué condiciones? ¿Vale la pena vender barato lo que sabemos que no podemos renovar? ¿Vale la pena entregar territorios en pro de un momento mundial donde el Oriente recobre fuerza? Es urgente y valioso reavivar sentimientos y por supuesto políticas económicas y apuestas por la integración regional antiimperialistas. Entonces ¿cómo nos relacionamos con el Imperio chino? ¿Puede existir un Imperio amigo?

China no va aceptar la globalización yanqui, se ha estado protegiendo desde las armas hasta las redes sociales, sabe que tiene mucho que perder con la desestabilización ideológica que EE.UU. puede provocar en su gente. En ese escenario; ¿cómo nos vendemos? Y ¿a qué costo, político, social, cultural y neocolonial?

Bolivia, así como Ecuador y otros países de la región ya han empezado negocios con China; de forma unilateral y con promesas de intercambio no sólo económico, sino cultural. Lo que debería llamarnos la atención porque es difícil pronosticar el tipo de efectos aislados que este tipo de relaciones con gigantes podría generarnos como Estados.

Nuevamente; en una pelea de gigantes: es necesario potenciar la región, en este punto de confrontación y asco mundializado por la forma de hacer política de un Trump (hijo de su tiempo), nos queda jugar las últimas reservas humanas y materiales para no ser, nuevamente, los perdedores de una guerra ajena.

Bibliografía

•     El Occidental. (28 de marzo de 2017). Obtenido de https://www.eloccidental.com.mx/finanzas/caen-bolsas-de-europa-y-asia-tras-derrota-de-trump-en-el-congreso

•     Jalife-Rahme, A. (29 de marzo de 2017). La Cosa Aquella. Obtenido de

https://kenzocaspi.wordpress.com/2017/02/17/alfredo-jalife-rahme-trump-deslactosado-china-lo-regresa-a-la-

realidad-geopolitica/

•     Jalife-Rahme, A. (29 de marzo de 2017). La Jornada. Obtenido de

http://www.jornada.unam.mx/2017/02/22/opinion/020o1pol

•     Sieren, F. (30 de Marzo de 2017). DW. Obtenido de http://www.dw.com/es/la-jugada-de-apertura-

de-trump-en-asia/a-36539672


*              Antropóloga y socióloga.

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