agosto 17, 2026

La OEA pone en peligro paz regional

El Secretario General de la OEA, Luis Almagro, es más que una verdadera vergüenza, incluso para los más consecuentes liberales defensores de la democracia, el estado de derecho y la libertad. El uruguayo, que alguna vez creyó en las banderas de la izquierda, es una amenaza real para la situación de paz conquistada en América Latina.

En una reedición bastante torpe de la experiencia que Cuba tuvo que enfrentar en la OEA en 1962, Almagro –quien durante meses no perdió oportunidad para pedir a Nicolás Maduro contar con el apoyo de Venezuela y los países del ALBA para ser el secretario general de la OEA-, se ha convertido en el nuevo ministro de colonias de un organismo regional creado en 1948 en el marco del Sistema Interamericano de dominación de los Estados Unidos.

Las acciones de Almagro se inscriben dentro del plan global que el imperialismo y la derecha continental lleva adelante contra los procesos progresistas y revolucionarios de América Latina. Es más, es el principal responsable de la legitimación de un proyecto de contraofensiva estadounidense, de naturaleza no democrática, que empezó con el secuestro del Cmte. Hugo Chávez y frustrado golpe de Estado contra Venezuela en 2011, al que le seguirían después similares intentos contra Evo Morales en Bolivia (2008-2009) y Rafael Correa en Ecuador (2010). Los que no pudieron derrotar el golpe fueron Manuel Zelaya en Honduras (2009) y Fernando Luego en Paraguay (2012). En ninguno de estos casos, con Insulza a la cabeza, la OEA ni siquiera pensó en activar la Carta Democrática Interamericana a pesar de que resultaba inobjetable la ruptura del hilo constitucional y del orden democrático. Y hace meses, Almagro no dijo nada sobre el golpe contra la presidente brasileña Dilma Rousseff (2016).

El nefasto papel de Almagro fue demasiado lejos el lunes 3 de abril, cuando la obsesión por cumplir con los planes imperiales contra Venezuela pudo más que el respeto por la estructura y el funcionamiento institucional de la OEA. El SG ni informó ni proporcionó material de la presunta agenda de la reunión del Consejo Permanente del organismo y manipuló para que Bolivia no asumiera, como le correspondía, la conducción de esa instancia de la OEA. El resultado de esa maniobra, denunciada a través de la palabra digna del embajador boliviano Diego Pary, fue la aprobación de una resolución que constituye una escalada mas del concebido plan de intervención militar estadounidense en Venezuela.

Lo que hace el inefable uruguayo es una bomba de tiempo. Parte de la idea, equivocada, de que la antidemocrática presión sobre Venezuela echará abajo la revolución bolivariana, olvidando que ese tipo de medidas no prosperaron contra Cuba. Si bien es cierto que se tratan de procesos con características distintas, entre ellas con una burguesía que no se fue del país sudamericano y que las revoluciones del siglo XXI surgieron de las urnas, también es evidente que agresiones de esta naturaleza ayudan a cohesionar al país en torno a los principios de la soberanía nacional. Entonces, una forzada activación de la CDI lejos de alejar el peligro de la confrontación lo acerca. Una intervención en Venezuela, no solo que hará estallar el polvorín, sino que amplificará sus efectos hacia América Latina.

El SG de la OEA, por si no fuera poco, también tira la Constitución Bolivariana al tacho de basura, con lo que asume un papel de injerencia en asuntos internos. Lo hace cuando calla sobre el intento de golpe de estado orquestado desde la Asamblea Nacional en enero pasado, cuando se declaró “abandono de cargo” del presidente Maduro y, hace unos días, al desconocer que la figura de “omisión legislativa” está dentro de la Constitución Venezolana y que fue el Consejo Nacional de Defensa presidido por Maduro el que exhortó a la Sala Constitucional dejar sin efecto las sentencias 155 y 156.

Por eso Almagro es una amenaza contra la paz. Puede uno estar o no de acuerdo con el marco constitucional de un determinado país, pero la democracia, el estado de derecho y la paz, exigen respeto de todos, particularmente de quienes se llenan la boca con esas categorías políticas.

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