Más de 1300 camiones bolivianos han sido perjudicados en la frontera con Chile, por un paro en los recintos aduaneros del vecino país desde el 24 de mayo pasado, lo que provoca millonarias pérdidas al sector, a los empresarios y a Bolivia en general. De hecho, no es la primera vez en los últimos seis meses que se enfrenta una situación de esa naturaleza.
Una primera observación, bastante importante, es que Chile bloquea de esa manera el normal flujo comercial que Bolivia tiene por puertos chilenos, lo cual representa una violación del Tratado de 1904 que, bajo la amenaza del uso de la fuerza, se le impuso al país luego de la ocupación militar de 1879 con la cual se nos quitó presencia soberana en el Pacífico.
Pero no es solo sobre ese dato que se debe reflexionar, sino por la suma de hechos que, desde que Bolivia presentó la demanda ante La Haya, se han ido produciendo desde el país vecino. Es decir no es ninguna casualidad el paro aduanero en la frontera. Lo que está sucediendo es la aplicación de una estrategia política que busca provocar una reacción del gobierno boliviano que afecte su imagen internacional y en cierta medida deslegitime el fallo que deberá emitir la Corte Internacional de Justicia (CIJ) en 2018.
El hecho más reciente que precedió a este paro aduanero en la frontera, es la detención de nueve bolivianos (dos militares y siete funcionarios de la Aduana) bajo el argumento de que hubieran pasado el límite de la frontera boliviana. Aun considerando esa hipótesis como válida –lo que ha sido negado y demostrado por las autoridades bolivianas-, la reacción de las autoridades chilenas no han sido de buena fe ni mucho menos de reciprocidad, ya que han sido varias veces en las cuales Bolivia ha devuelto a policías y militares del vecino país, no sin antes tomar medidas diplomáticas y administrativas de reclamo, que cometieron igual imprudencia.
Pero es la consideración de otros hechos y no de unos cuantos que demuestran que Bolivia lo que está enfrentando es una estrategia orientada a desplazar de la agenda nacional e internacional nuestro principal diferendo con Chile y que es el reclamo de nuestro legítimo derecho a sentar soberanía sobre las costas del Pacífico. Una mirada a los meses de abril y mayo permite apreciar que la cobertura noticiosa ha girado en más de un 90 por ciento alrededor de la demanda política y legal para obtener la libertad de los nueve bolivianos.
Entre los otros hechos que formar parte de la estrategia chilena están la instalación de una base militar a 15 km de la frontera con Bolivia, los ejercicios militares chileno-estadounidenses en la misma región, las declaraciones de los ministros de Defensa y el Canciller del vecino país en tonos de amenaza del uso de fuerza si llegaría el momento de defender la soberanía de su país ante un eventual fallo favorable de La Haya para Bolivia.
Entonces, así es como Bolivia debe ver todos los hechos que se están registrando desde el lado chileno. Es la activación de medidas para desplazar el escenario de un lugar a otro (del mar a otros temas) con el objetivo de desportillar la estrategia global boliviana que hasta ahora le había sacado ventaja a la desarrollada por el país vecino.
La detención de los nueve, los paros aduaneros en la frontera y en los puertos que usa Bolivia en función del Tratado de 1904, las afectaciones a nuestras exportaciones e importaciones y los mensajes militares simbólicos son nada más que medidas de una estrategia global chilena para desviar la mirada de lo principal.

Leave a Reply