agosto 19, 2026

Hablemos de racismo y política, de avances y urgencias

Tenemos una institucionalidad bastante fuerte contra el racismo, pero al mismo tiempo tenemos exigencias prácticas cada vez mayores. Uno de esos lugares, quizá el más exigente, es el de las redes sociales, particularmente el Facebook, que es donde se pervierte el racista y cree tener el mundo en sus manos.

Si una fecha de nacimiento tuviéramos que darle al racismo, esa fecha sería 12 de octubre de 1492…

Si alguien merece el premio al mejor comunicador en la historia universal de la infamia, ese alguien sería Cristóbal Colón, quien con el significante “indio” condenó a un tercio del planeta al genocidio, el robo, la humillación, el autodesprecio…

Se equivocó sí, y con esa equivocación partió la historia en dos, antes del racismo y el racismo que ya tiene 525 años de tragedia por tierras arrasadas y continentes que reprodujeron el racismo inventado en estas heredades y luego exportado a otros. Perfeccionada en sus dispositivos pero igualmente genocida en sus consecuencias.

Colón designo como “indios” a los primeros habitantes de estas tierras y nació la acumulación originaria del capital. Nació un orden colonial que a sangre y fuego daría forma al primer proceso de explotación mercantil de carácter mundial.

El nacimiento del capitalismo tiene que ver con el racismo, con la justificación cristiana del asesinato, el robo y la humillación… tiene que ver con el odio al color bronceado y el enaltecimiento del color blanco como factor de poder.

Por eso el Papa Francisco pidió perdón a los indígenas de todas las tierras y lo hizo en Santa Cruz de la Sierra, lo hizo pensando en los crímenes cometidos durante la colonización, lo dijo con toda claridad: “Y quiero decirles, quiero ser muy claro, como lo fue san Juan Pablo II: pido humildemente perdón, no solo por las ofensas de la propia Iglesia, sino por los crímenes contra los pueblos originarios durante la llamada conquista de América”

Paradójicamente mientras un Papa pide perdón, los herederos de Colón travestidos hoy como Comité Cívico de Santa Cruz y la misma Gobernación de ese departamento le pidieron cuentas a la Ministra de Comunicación sobre un afiche, dizque discriminador y estigmatizante.

¿Se olvidaron de la libertad de expresión?

O sea ¿ellos pueden decirte “hijo de llama con adobe” y luego exigir explicaciones sobre un afiche que además es la reproducción grafiteada de una foto real?

¿El racismo es un privilegio de clase? ¿De una elite? ¿Se creen dueños de vidas y haciendas?

No lo creo, debieran seguir el ejemplo del Papa y pedir perdón por lo que hicieron o instigaron hacer el año 2008, cuando Rubén Costas gritaba independencia para Santa Cruz y anunciaba el advenimiento de la Nación Camba. El Comité Cívico debería haber elaborado -hace rato ya- un reglamento interno que prohíba y sancione el racismo. No lo hizo, no lo hará, ¿por qué? Porque nacieron con ese dispositivo de superioridad, nacieron pensándose como lo superior y pensando al resto como lo inferior. Hoy esa ideología del desprecio predomina en sus estructuras ideológicas latentes. Es una herencia de la cual les resulta difícil despojarse. Espero que lo logren más temprano que tarde…

Por otro lado no creo que Santa Cruz de la Sierra sea racista, ni Sucre, ni Cochabamba, ni Beni, ni Pando, no creo eso, sinceramente.

Toda generalización es mala por definición, pero al mismo tiempo cualquier forma de desmemoria es un premio a la impunidad y es un premio porque la desmemoria se nutre del miedo al pasado, del miedo a recordar, del miedo a decir, del temor a cambiar, del terror a transformar la realidad.

El racismo no es un problema educativo, ni ético, ni moral, ni religioso, es -por la sedimentación histórica- un problema político, tiene que ver con la economía política del poder, tal como lo señala la “Declaración sobre la raza y los prejuicios raciales” de la UNESCO 1978:

Artículo 2º:

“2. El racismo engloba las ideologías racistas, las actitudes fundadas en los prejuicios raciales, los comportamientos discriminatorios, las disposiciones estructurales y las prácticas institucionalizadas que provocan la desigualdad racial, así como la idea falaz de que las relaciones discriminatorias entre grupos son moral y científicamente justificables; se manifiesta por medio de disposiciones legislativas o reglamentarias y prácticas discriminatorias, así como por medio de creencias y actos antisociales; obstaculiza el desenvolvimiento de sus víctimas, pervierte a quienes lo ponen en práctica, divide a las naciones en su propio seno, constituye un obstáculo para la cooperación internacional y crea tensiones políticas entre los pueblos; es contrario a los principios fundamentales del derecho internacional y, por consiguiente, perturba gravemente la paz y la seguridad internacionales.

3. El prejuicio racial, históricamente vinculado a las desigualdades de poder, que tiende a agudizarse a causa de las diferencias económicas y sociales entre los individuos y los grupos humanos y a justificar, todavía hoy, esas desigualdades, está totalmente desprovisto de fundamento”

Esta definición estructural dice mucho, lo dice todo, es un problema “históricamente vinculado a las desigualdades de poder…”

Si escapamos a esta definición por pereza intelectual o por temor, sin duda que tenemos el serio riesgo de reproducir racismo de modo ingenuo

Por eso cuando pensamos en la transformación del país colonial, y avanzar cada día en la consolidación del país plurinacional, no podemos dejar en el armario al racismo. Sigue vivo, sigue haciendo operativos políticos.

¿Acaso no está cerca el plan de formación de niños de la exdiputada donde se enseña a odiar, acaso el racismo no es -en el fondo- el odio convertido en violencia y exclusión?

Acaso no fue recién nomás que la diputada Norma Piérola se quejaba de que ahora ya no les dicen “honorables”, de que ahora ya no les dicen “padres de la patria”. De que ya no tienen “privilegios protocolares” que antes tenían. Ocurrió en la semana y uno no puede huir a la tentación de sonreír ante el triste escenario de una racista confesa en televisión.

Acaso no está fresca aún en la memoria, cuando la diputada Jimena Costas decía que “no había que votar como guanacos”. ¿Los guanacos votan? ¿Hay centros de votación para guanacos? La “maestra” y analista en ciencia política convertida en un espectáculo circense de la academia señorial.

Pero estos ejemplos no constituyen el fondo, sino que son apenas unos ejemplos de cómo el racismo político es muy, pero muy peligroso… por los mensajes colectivos y las señales de acción… Por los mensajeros y sus víctimas.

Venezuela está viviendo algo que nosotros vivimos el 2008, la activación del racismo político como núcleo de la acción fascista y paramilitar. El odio, es por ello el centro motor del delito de racismo, en realidad el racismo debiera llamarse “delito de odio” como lo ha sugerido en variadas ocasiones el profesor Zaffaroni.

El racismo político no es el mismo que el cotidiano, tiene muchas diferencias, comenzando por la estructura de los mensajes, la organización en las formas de su difusión, el aparato mediático que se usa y los equipos de activistas organizados en las redes sociales.

Correcto, hay mensajeros organizados tras una sigla política, hay medios que difunden las ideas de esos mensajeros racistas y redes sociales con activistas establecidos en la clandestinidad y detrás las cuentas falsas. Hay todo un aparato político que funciona como una máquina. La idea es posicionar las ideas racistas como válidas para enfrentarse al “indio” Evo, al “mulato” Chávez o al “chofer” Maduro.

Por ello es que el racismo no es un fenómeno que pueda dejarse a la sola acción educativa, lo político tiene mucho que ver con lo económico, pues de lo que estamos hablando es de las “desigualdades de poder”.

¿Qué ocurre cuando un gobierno, un modelo de desarrollo, se atreve a eliminar esas desigualdades de poder?

Ocurre lo de Venezuela, lo que se dio en Bolivia y el Ecuador.

Ocurren los golpes suaves de Honduras, Paraguay y Brasil.

Ocurre que los grandes medios difunden racismo para descalificar a los pobres como actores políticos y enaltecer a los empresarios como grandes salvadores de un país, sucede entonces lo de Argentina. Un aparato mediático brutal convierte a los migrantes en enemigos del progreso y a los obreros en “privilegiados” del castro-comunismo. Mauricio Macri hablo de la “revolución de la alegría” y convirtió a la Argentina en una gran empresa manejada por mafiosos y anuló con una rapidez de rapiña, las conquistas sociales del movimiento obrero en solo tres meses. El racismo busca anular las conquistas sociales al mismo tiempo que esclavizar al obrero y al migrante.

El capitalismo no puede funcionar sin el racismo, pero no cualquier racismo, sino el político, aquel que moviliza el odio convertido en factor de guerra, de violencia física.

Santa Cruz, Beni, Pando, por un lado, Sucre, Tarija y Cochabamba, fueron víctimas del odio organizado políticamente y la única forma de canalización mediática de ese odio, era el racismo contra el indio, el indio en tanto representación del poder, en tanto transformación radical de la economía política.

El indio entró nacionalizando y eso no le gustó al capital transnacional, entonces sus cipayos locales, tenían que hacer algo, ese algo fue mover el racismo como arma de guerra contra el indio, y se pusieron a organizar la “Nación Camba”.

Desplegaron todas su fuerzas contra el indio, desde Santa Cruz, Pando, Beni, Sucre impedían que el indio pueda aterrizar, organizaron resistencias paramilitares en Sucre, Tarija y Cochabamba.

¿Acaso eso no es una acción coordinada? ¿Acaso ese hecho cayó del cielo como maná de los racistas? No, cada acción del 2008 estaba calculada, organizada y cómo lo han revelado los Bolivialeaks… era algo destinado a cerrar la democracia y acabar rápidamente con el gobierno del indio Evo.

Entonces cuando hablamos del racismo político estamos hablando de un arma ideológica con consecuencias materiales, no estamos hablando de una agresión verbal callejera, pensar eso sería ingenuidad irresponsable.

Dos palabras finales, por lo extenso ya de este artículo.

Primero, el proceso de descolonización antirracista tuvo avances con la ley 045 y su D.S. 0762, avances que no pueden ser cuantificados solo por la gente procesada administrativa, civil o penalmente, sino porque hay una sociedad que ha tomado la responsabilidad en sus manos.

Hoy uno puede ver artículos de prensa, análisis políticos, en cualquier parte del país, hablando del racismo como algo sucio, monstruoso, detestable y que no puede permitirse una sociedad democrática. Pero también soy testigo de retrocesos vergonzosos por parte del establishment señorial y conservador cuyas viejas mañas no las podemos borrar de la noche a la mañana.

Tenemos una institucionalidad bastante fuerte contra el racismo, pero al mismo tiempo tenemos exigencias prácticas cada vez mayores. Uno de esos lugares, quizá el más exigente, es el de las redes sociales, particularmente el Facebook, que es donde se pervierte el racista y cree tener el mundo en sus manos. Y donde las víctimas no logran generar mecanismos de autoprotección o vínculos solidarios para enfrentar colectivamente a los racistas, sean estos políticos o no.

Sin duda la Ley tiene éxitos generosos con la dignidad humana, pero también es hora de su modificación, es hora de que el Ministerio de Comunicación sea parte del Comité Nacional de Lucha Contra el Racismo y Toda Forma de Discriminación de modo tal que pueda encarar la revisión de contenidos y sí estos son racistas o no, eso ayudaría a que la ATT pueda encarar sus atribuciones con mayor claridad y sea el Ministerio de Comunicación la que vea la cuestión semántica.

Finalmente, no puedo acabar este artículo, sin saludar a Marianela Paco, quien a prisa de los tiempos (ley 045) y Amanda Dávila quien con el tiempo en la sonrisa (D.S. 782), hicieron posible dos momentos de un mismo operativo para construir dignidad.

Ambas hicieron que un aparato burocrático diseñado para perpetuar el orden colonial, se haya convertido en un aparato apresurado por la urgencia de dar con una solución, no la final, pero una primera solución al país colonial que heredamos del neoliberalismo.

Son dos revolucionarias cuyas incidencias tienen el mérito de decir haciendo, más allá de las divergencias que son -a la hora de la evaluaciones- el único camino posible para construir una nueva sociedad.

A siete años de la 045, y seis del 0762, mis saludos a todas y todos quienes ayudaron y vieron nacer una normativa que ataca el núcleo ideológico del colonialismo de ayer y de hoy: El racismo…

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