por: Esther Eunice Calderón Zárate
El trasfondo del fenómeno migratorio tiene mucho que ver con el capitalismo de mercado, un sistema que ha educado a nuestras culturas de tal manera que las mismas ya no conciben su bienestar si no es a partir de términos de consumo de bienes materiales y dinero.
Preguntas y supuestos
Es de conocimiento generalizado la continua situación de emigración de bolivianos hacia otros países, especialmente Argentina y Brasil, tal vez por ser los más cercano y aparentemente los “más prometedores” en cuanto a “oportunidades laborales” y quizá “superación personal”. Frecuentemente el sentido común acepta como argumento totalmente válido aquella afirmación de que la emigración en Bolivia sucede porque no existen oportunidades ni buenas condiciones laborales, situación que obliga a las personas a dejar el país en su búsqueda de “mejores condiciones” de vida.
Así, muchos conocemos y sin duda tenemos parientes y/o amigos que decidieron salir del país en busca de sus sueños y emprendimientos. Ciertamente no nos hemos preguntado qué ideales existen detrás de los argumentos que ya conocemos y que forman parte del sentido común. No nos hemos preguntado qué es lo que mueve a las personas para que decidan ir tras estos ideales. ¿Será tal vez el sueño de progreso y bienestar puramente económico?, ¿quizá la búsqueda de la acumulación de riqueza aunque esto implique una separación de su familia y seres queridos?, ¿el anhelo de una vida llena de bienes materiales, parecido al “sueño americano”?
El trasfondo del fenómeno migratorio tiene mucho que ver con el capitalismo de mercado, un sistema que ha educado a nuestras culturas de tal manera que las mismas ya no conciben su bienestar si no es a partir de términos de consumo de bienes materiales y dinero. Por eso muchos emigrantes deciden irse, porque siempre añoran lo que tienen los países supuestamente “desarrollados”, por eso llegan a despreciarse a sí mismos, porque a pesar de sus múltiples intentos no logran parecerse a la imagen de lo que desean.
Tampoco nos hemos preguntado con sinceridad y honestidad si realmente es verdad que en Bolivia sólo existe pobreza y que no existen oportunidades laborales y de crecimiento personal; o por qué muchas personas que llegan desde países autodenominados “desarrollados” y “ricos”, deciden permanecer en Bolivia, logrando además producir sus propias fuentes laborales o bien adquirir trabajos con buena remuneración.
Más allá de los argumentos sobre la situación laboral boliviana, que en realidad develan la existencia de muchos supuestos al respecto, y más allá de los sueños de nuestros emigrantes es importante mirar qué es lo que sucede en la realidad.
Si bien la migración es un derecho que no nos corresponde cuestionar, también es fundamental reflexionar sobre lo que sucede como parte del fenómeno migratorio. Y es que frecuentemente todo termina en grandes desilusiones.
Así, bien sabemos cómo muchos de nuestros migrantes son esclavizados, abusados y sometidos a la explotación laboral y situaciones de racismo y xenofobia en los talleres textiles de Buenos Aires y otras ciudades limítrofes. Así también conocemos muchos casos de bolivianos que, logrando escapar de aquella servidumbre forzada y privación de libertad, regresan a Bolivia. ¿Por qué regresan?, ¿será porque por fin comprendieron que las oportunidades también se encuentran aquí?
Como dicen los que saben: uno siempre vuelve a su lugar de origen. Cuando uno se va, siempre anhela volver, su tierra y su sangre lo llaman.
El trasfondo geopolítico neoliberal e imperialista
Entre las prioridades principales por las que los bolivianos salen a los países latinoamericanos están los motivos comerciales, empresariales y de trabajo. Como menciona Víctor Vacaflores, la migración en Bolivia muestra uno de los rostros del neoliberalismo y la mano visible de este modelo (la “mano invisible” no existe, es un ideal neoliberal), que provoca desarraigo, discriminación y pobreza extrema a nombre de una supuesta globalización inevitable.
¿Por qué al imperio le conviene incentivar la emigración en Bolivia y los países de América Latina? Sin duda se trata de una parte de sus estrategias geopolíticas. Tal vez porque así busca desestabilizar los gobiernos de la región y las posibilidades de lograr la construcción de identidades nacionales sólidas que pudieran significar la insurrección y el camino a la revolución. Quizá buscan generar una ideología de desarraigo y confusión en los ciudadanos bolivianos y latinoamericanos. Evidentemente, si no sabemos a dónde pertenecemos, si nos apartamos de nuestro origen y nuestra identidad, difícilmente tomaremos conciencia de la opresión en la que vivimos y de quién es el opresor.
¿Qué significa ser migrante? Como afirma Yerko Castro Neira, ser migrante significa ser otro, una inevitable alteridad, ser “el otro” en otro país: un ser peligroso y por lo tanto rechazado, estigmatizado, amedrentado e invisibilizado. Muchas veces en nuestras charlas cotidianas hemos escuchado que nuestros profesionales trabajan en otros países brindando servicios de limpieza o atendiendo adultos mayores, con mínimos salarios, precisamente por este proceso de estigmatización hacia el extranjero.
Al parecer, además de los continuos ataques militares geoestratégicos del imperio, una forma de diezmar la población de los países es mediante el incentivo de la migración. Un boliviano o un latinoamericano que sale de su país y poco a poco empieza a sufrir una invisibilización y una crisis de identidad, puede llegar a significar una amenaza menos para el sistema. Como afirma Marta Torres Falcón, la migración siempre deja una huella indeleble en la vida de cada sujeto que la experimenta. Si vamos más allá de lo individual y adoptamos una mirada más global, la migración resulta ser también una pequeña parte de una estrategia geopolítica mayor.
Este análisis nos permite comprender que la migración es un fenómeno complejo que debemos estudiar y analizar considerando que se trata de una cuestión económica, cultural, social, política, familiar, etc. No podemos dejar de analizar este fenómeno en todas sus dimensiones.
Sin embargo, quienes pensamos y trabajamos desde la geopolítica de la rebelión y la libración bien sabemos que frente a las grandes estratagemas del imperio, igualmente, a partir de la migración comienzan a producirse otro tipo de articulaciones en Bolivia y en los países de América Latina. Es así que muchos emigrantes llegan a recuperar su identidad y es ahí donde se inicia un nuevo proceso de construcción de escenarios de lucha y focos de resistencia para combatir al imperialismo.
Cuando nuestros migrantes regresan, o cuando logran recuperar su identidad y se asumen como sujetos históricos, nosotros nos fortalecemos y evidenciamos, una vez más, el fracaso del neoliberalismo.
* Politóloga y representante de la Comunidad Crítica Creativa. Email: esthercalderon26@gmail.com.

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