por: Gino Ostuni
Víctor Erik Aranda Carpio es pintor de caballete y muralista desde hace aproximadamente seis años aunque ha dirigido su trabajo hacia un área artística un tanto controversial. Desde hace dos años que trabaja como tatuador en un estudio en La Paz Bolivia.
Se formó en la Academia Nacional de Bellas Artes desde el año 2007 al 2012 alcanzando el egreso en el área de pintura y escultura. De manera complementaria completa sus estudios en la Universidad Mayor de San Andrés licenciándose en la carrera de Música. Si bien son solamente un par de años que se dedica al tatuaje su interés por este arte comienza a sus ocho años cuando Víctor, en sus propias palabras, experimenta por primera vez el dolor de la aguja plasmando un símbolo significativo para él en su muñeca izquierda. “Obviamente sin permiso ni consentimiento de mis padres” dice riendo. El lugar fue en la plaza San Francisco con un señor que tatuaba al aire libre muy cerca de donde realizaba su actividad escolar. También cuenta cómo los diseños orientales y tradicionales eran sus favoritos pero más que encontrar deleite en los diseños disfrutaba ver el modo en que la aguja entraba y sangraba la piel. “Creo que esa energía me acompañó y me ayudó a la larga a decidirme por este maravilloso oficio”.
Existen relaciones intrínsecas y otras muy concretas entre el tatuaje y las artes plásticas. Para poder tatuar es necesario saber dibujar, ese es el primer y más importante requisito para ejercer ambos oficios. A esto Víctor añade: “Existen teorías que nos permite trabajar con eficiencia cualquier imagen visual o diseño que se quiera interpretar y plasmar tanto en un dibujo/pintura como en un tatuaje ya que estas teorías están cargadas de conocimientos de vital importancia por ejemplo: claves de valor, tramas armónicas, encaje y porcentaje, claves tonales, ecuación de la imagen, etc. En mi experiencia tatuar me parece más difícil que dibujar/pintar porque al tatuar ¡no se permite fallar! esta es la cláusula máxima, mientras que en un papel se puede borrar y de hecho existe una técnica llamada desdibujo que nos da buenos resultados, en la piel se debe ser muy riguroso para no fallar porque no se borra jamás. Sin embargo en ambos casos la teoría es la misma se trabaja punto línea sombra y relleno sobre plano y en el caso del tatuaje sobre una superficie viva por lo tanto tridimensional. Estas últimas son a mi criterio algunas de las relaciones concretas entre el tatuaje y las artes plásticas”.
Su formación académica, según él, aún se encuentra madurando a pesar de haber concluido sus estudios, pero le ha permitido avanzar un poco más rápido y con más fluidez en el ámbito del tatuaje porque las teorías son las mismas pero los procedimientos son los que hacen la diferencia. Entre otras anécdotas cuenta cómo le ha costado acostumbrarse al peso de la máquina para hacer buenas líneas pero por lo demás siempre es sólo práctica.
Evidentemente el tatuaje también ha influenciado sus pinturas y dibujos porque para él es importante conocer los distintos estilos en el tatuaje ya que cada estilo exige un determinado uso de materiales y se trabaja de modo muy concreto la forma, el fondo y los planos. Es toda una experiencia llevar todo este universo a los lienzos y viceversa.
Cuando preguntamos a Víctor sobre su percepción del tatuaje hoy en día respecto al de hace unos años atrás se remonta a aspectos culturales antiguos: “Aunque en este sentido mi criterio es principiante, porque aún me falta mucho por conocer en este ámbito, puedo decir que en la historia de Bolivia no existen muchos indicios de personas tatuadas como en la cultura polinesia o japonesa. Por lo tanto fue como tabú por largas generaciones. A finales de los 90’ ya había estudios de tatuajes en La Paz, algunos improvisados aunque la aceptación de la población era más cerrada. Existían más prejuicios y miedo en algunas personas para tatuarse. Las perforaciones eran casi nulas. Aun así el nivel de tatuaje artístico estaba creciendo mucho. Actualmente creo que la aceptación por parte de la población es mucho más abierta. Muchos y de todas las edades se tatúan y tienen más criterio para escoger bien los tatuajes que desean realizarse. En mi opinión creo que actualmente en Bolivia existen artistas del tatuaje muy talentosos capaces de codearse con artistas de otros países fuera del continente. Por esta razón hay más personas tatuadas y perforadas, la experiencia y la oportunidad de conocer artistas en esta área de otros países y aprender de ellos en los seminarios o en las convenciones de tatuaje han permitido a la población tener un criterio más correcto sobre la práctica del tatuaje porque lo primero es tener clientes, que estén muy bien informados y que reconozcan que el tatuaje es un arte con cualidades de higiene y bioseguridad apropiadas y correctas. Entonces creo que todos estos aspectos han sido considerados y han influenciado en la población para ser aceptados y reconocidos como un arte legítimo y trascendental. Yo veo mucho talento en todo el país, personalmente aprendo mucho de estos talentos, veo tatuajes de mucha calidad y plástica, pero también puedo ver algunos errores que se cometen y que yo también he cometido. Los espacios inapropiados y no muy bien instalados para poder tatuar, son errores que los vamos a superar seguramente en poco tiempo. Puedo imaginar y pronosticar que el arte en Bolivia va a tener un “boom” a nivel Latinoamérica y que los mejores van a representar tan bien a Bolivia que el mundo nos conocerá como indios con mucho talento con mucha cultura que nunca deja de autorreinventarse. Los tatuajes en Bolivia tendrán una identidad única y personal que podrá reconocerse a nivel mundial”.

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