agosto 20, 2026

El ideal aparente del servidor público

por: Ramiro Luque Herbas

En este artículo, el autor se propone reflexionar sobre uno de los obstáculos más caprichosos en la historia de nuestro país para la gestión pública, en cuyo centro se encuentra el servidor público; figura ambivalente que representa, al mismo tiempo, al esforzado y entusiasta trabajador del Estado y al desmotivado funcionario representante de la burocracia. Este obstáculo no es otro que la frágil estabilidad laboral que genera ansiedad y repercute negativamente en el servicio público y, por lo tanto, en el país.

En esta breve reflexión quiero exponer una vivencia que no solo es mía, sino también, la de familiares y amigos. Es un punto de vista totalmente subjetivo, donde no pretendo explicar otra verdad más que la mía.

Comenzaré explicando el cambio de enfoque de la gestión pública que ha atravesado nuestro país a partir del 2009, un cambio que formalmente resulta beneficioso para toda la población.

Gracias a la actual Constitución Política del Estado se transforma la figura del servidor público, que anteriormente tenía la denominación de “funcionario” el cual, necesitaba de principios y valores para el ejercicio del cargo, ante esta ausencia la actual Constitución, lo denomina “servidor” como su nombre lo dice, está al servicio del pueblo.

Así como se plantea en nuestra Constitución, el Estado asume y promueve como principios ético-morales: el ama qhilla, ama llulla, ama suwa (no seas flojo, no seas mentiroso, no seas ladrón), suma qamaña (vivir bien), ñandereko (vida armoniosa), tekokavi (vida buena), ivimaraei (tierra sin mal) y qhapajñan (camino o vida noble).

La inclusión de estos principios y valores en nuestra Constitución, se constituye en un conjunto de directrices para que el servidor público asuma un compromiso ético y moral ante la población, que le permite una valoración permanente, tanto de la entidad donde desempeña sus funciones, como de la ciudadanía que requiere sus servicios; esta nueva apertura en la gestión pública, permite que el servidor público, asuma un trabajo con mayor responsabilidad.

Entonces, nos estamos acercando al nuevo paradigma administrativo, el cual, centra su acción en la satisfacción del ciudadano, e implica un tipo de racionalidad político-administrativa, orientada al éxito, que le da una gran relevancia a los principios de competitividad y de eficiencia.

A su vez reforzando esta valoración, en nuestro Estado se sustentan valores de unidad, igualdad, inclusión, dignidad, libertad, solidaridad, reciprocidad, respeto, complementariedad, armonía, transparencia, equilibrio, igualdad de oportunidades, equidad social y de género en la participación, bienestar común, responsabilidad, justicia social, distribución y redistribución de los productos y bienes sociales.

Es justamente en esta referencia, donde nuestra Constitución establece el tipo de servidor público que debe tener nuestro Estado. Un servidor que además de tener principios, deberes, responsabilidades, debe reunir una serie de valores y características personales y profesionales (en ciertos casos) para el desempeño del servicio, que a su vez, está acompañado de algunos requisitos, de los cuales, hablaré en otro momento, y hacen que sea más selecto acceder a este servicio.

En ese sentido, el servicio público es un trabajo de alta importancia, porque se debe a toda una ciudadanía y no a un grupo privado de personas.

Esta parte no esta tan cultivada en el pensar y accionar de todos los servidores públicos, los cuales, no tienen esa aptitud para ejercer un trabajo de tan importante naturaleza, que requiere, entre otras cosas, un sentido de compromiso con su sociedad y también de orgullo, por ser justamente el servidor que ayuda a mantener funcionales los engranajes del Estado moderno, cuyas responsabilidades se han ampliado considerablemente en los últimos siglos, más allá de los retrocesos neoliberales.

El servicio público contiene dentro de sí una serie de sin sabores o un sabor agridulce, que refleja los mejores momentos vividos, y al finalizar lo contrario.

Cuando uno ingresa a realizar tan importante tarea, en cualquier institución del Estado, como la mayoría ingresa con metas, las cuales, se resumen en dar lo mejor de uno, con el fin de permanecer por un tiempo indefinido en la institución. En suma, está en juego el crecimiento personal y la permanencia laboral.

Al ser un trabajo que le permite un crecimiento en todos los niveles que faculta a una persona, el servidor público asume esta responsabilidad con el mayor esfuerzo y dedicación a las competencias designadas. Con el paso del tiempo esa responsabilidad y esa dedicación hacen que en el servidor público nazca un sentimiento de cariño no solo hacia el trabajo que desempeña, sino también a la institución. Eso se traduce, por lo tanto, en entusiasmo y, finalmente, en calidad del servicio.

Es por eso que pude apreciar que algunos servidores públicos no tienen bien definida la idea de permanencia en una entidad estatal, en el sentido de que adoptan y asumen como suyos, a nivel personal, el lugar de trabajo. Se ve que se aferran y brindan tanto por una institución que no les pertenece, porque es del pueblo y no de ellos, y solamente cumplen una memorable función que es de servir al pueblo por un tiempo definido.

Entonces ahí comienza el desencanto del servidor público, un servidor público que trabajó, que se comprometió con su trabajo, que le dedicó todo su esfuerzo, que mostró una faceta nueva de atención al público, que trabajó en horarios más allá de los establecidos, que cuidó sus herramientas de trabajo, que puso en primera instancia los objetivos institucionales, antes que los personales.

Y dejando de lado todo ese panorama de entrega, está sujeto a un agradecimiento por su trabajo, pero la figura en la mayoría de las veces se transforma en un despido inesperado.

Esta es la paradoja del servidor público, que tiene la labor más importante, que es servir al pueblo con dedicación, y que vive día a día en una lucha constante, por una estabilidad y permanencia laboral, la cual, en la mayoría de los casos, es una derrota, donde el memorando de agradecimiento, lo espera, más allá de los méritos que haya hecho como servidor público. 


*    Politólogo.

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