El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se ha convertido en una verdadera amenaza para la paz mundial, en una clara señal de que las clases dominantes de ese país harán cualquier cosa para evitar la pérdida progresiva de su hegemonía.
En los últimos días, con la torpeza y la soberbia que lo caracteriza, Trump ha aprovechado la crisis con Corea del Norte y su tensa relación con Venezuela para lanzar una amenaza directa a la paz mundial al sostener que Estados Unidos tenía bases militares en todo el mundo en lugares muy lejanos”. Días antes aseguró que su país estaba en condiciones de neutralizar y alzarse con una victoria si el gobierno norcoreano continuaba en la línea de proferir amenazas a los Estados Unidos.
Trump también dejó por sentado que América Latina sigue siendo una prioridad para los Estados Unidos y que la única señal que puede mandar a los gobiernos y estados del continente es la advertencia de que se alinean a sus políticas o tendrán que pagar con las consecuencias. Eso de que América Latina ya no es el “patio trasero” de los Estados Unidos es algo que solo los ingenuos se lo pueden creer o los que de manera consciente encubren las acciones injerencistas del imperio más grande y poderoso que la humanidad ha conocido en toda su larga historia. No pocos partidos y gobiernos de la región son cómplices de esas acciones injerencistas. En ese contexto es como debe interpretarse la segunda parte de sus declaraciones de amenaza de uso de la fuerza, que es una categoría escrita en los manuales de la CIA y permanente empleada por las autoridades del gobierno norteamericano, independientemente de quién esté ocasionalmente en la Casa Blanca.
Trump, ratificando todas las denuncias que el gobierno bolivariano ha hecho durante meses contra los Estados Unidos por ir preparando condiciones para el empleo de la fuerza, manifestó que la se evalúa una opción militar para resolver la “crisis” de Venezuela y que se tenía tropas militares no muy lejos del país sudamericano.
Las declaraciones del titular ocasional de la Casa Blanca confirman que en Estados Unidos sigue mandando el llamado “gobierno permanente” constituido por el complejo militar-industrial y por las corporaciones de todas las ramas que lo que buscan para garantizar su ampliación y reproducción es el control de los recursos naturales que existen en América Latina.
Pues bien, la amenaza del uso de la fuerza que ha hecho Trump contra varios países del mundo desde que llegó a la Casa Blanca es algo que se lo debe tomar en serio. Estados Unidos entre uno de los pilares que sustenta su condición de potencia hegemónica global es el militar, donde tiene claramente una supremacía inobjetable. No es una casualidad que su presupuesto militar sea el más alto al presupuesto militar de todos los países juntos del mundo.
De ahí que adquiera mayor importancia la declaración que en 2014 suscribieron todos los países miembros de la CELAC en La Habana, al sostener que América Latina es una zona de paz, aunque es lastimosamente cierto que no pocos gobiernos de derecha apuestan por la guerra.
El cumplimiento de la amenaza de la administración Trump está no solo en manos de ese presidente, sino en la capacidad de denuncia y resistencia de los pueblos y gobiernos que apuestan por la paz y la democracia más amplia.

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