Son demasiado evidentes las aspiraciones políticas del alcalde municipal de La Paz, Luis Revilla Herrero, legítimas desde luego, como podrían ser las de cualquier ciudadano, y estas no serían un problema que nos exija un comentario, si no generaran como resultado un evidente descuido, para decir lo menos, de la ciudad cuya administración se encuentra a su cargo.
La agrupación política creada por el burgomaestre para las pasadas elecciones municipales, ante la imposibilidad de sostener la sigla del Movimiento Sin Miedo, cuya personería fue cancelada por el órgano electoral, ante los desastrosos resultados obtenidos por su exjefe y mentor Juan del Granado en las elecciones generales de 2014, se ha lanzado en las últimas semanas a la conquista de nuevos espacios políticos fuera de la hoyada paceña.
Los últimos años de administración municipal, a la cabeza de Revilla, nos permiten observar un constante deterioro de la calidad de vida de la más importante ciudad del país y de sus requerimientos y servicios básicos y fundamentales. Para citar simplemente algunos de estos problemas sin solución, ya por varios años, y que parecen no ser la principal preocupación del alcalde encaminado en la búsqueda de un protagonismo nacional, o cuando menos en algunas regiones del país, podemos citar aspectos como el transporte público, el estado de las calles y avenidas, especialmente las de mayor tránsito, la invasión de comerciantes a aceras y calzadas con la venia de las autoridades municipales, el alza irracional de los tributos municipales o el problema del aseo urbano.
Pese al enorme gasto de recursos municipales en propaganda sobre la gestión, no se ha logrado ocultar lo que realmente está pasando con los problemas antes mencionados y muchos otros más, así como la ausencia de propuestas serias para encarar estos problemas. Esto cuando menos debiera llevar a preguntarnos si realmente Revilla está capacitado para gobernar esta ciudad, algo que no parece posible y preguntarnos también si sus aspiraciones políticas nacionales, vista la administración municipal, no son desmedidas.
El “Capriles” boliviano, cortejado por la oposición más reaccionaria como una posible figura de reciclaje para el agotado liderazgo tradicional, impulsado además por una serie de elementos de marketing político como una boda de integración regional o su reiterada presencia, siempre en pareja, en actividades en distintas regiones del país e incluso fuera de las fronteras, no ha logrado posicionarse realmente como un referente político que tenga la posibilidad de liderar a la desorientada oposición y si bien aun integra la dirección conjunta opositora acompañado de los más variados especímenes opositores, que van desde la extrema derecha fascistoide de Jorge Quiroga o Costas, a la socialdemocracia empresarial de Doria Medina o la indefinible posición nacionalista de Carlos Mesa, todo parece indicar que su supuesto liderazgo no logrará superar los límites de la urbe paceña y que pese a sus esfuerzos no será quien unifique a la oposición.
Entre tanto, la ciudad de nuestra señora de La Paz seguirá en el abandono, agudizándose cada día sus problemas que requieren urgente solución, sin miras de atención, porque su alcalde está más abocado a hacer realidad su sueño de enfrentar a Evo Morales en las próximas elecciones nacionales. ¿Qué pasará cuando despierte de su sueño o pesadilla presidencial? Es difícil prever, pero lo más probable es que se quede sin soga y son cabrito.

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