La autora del artículo pone de manifiesto como el delito financiero perpetrado por Juan Parí en el Banco Unión con la complicidad de otros funcionarios, es utilizado para hacer aflorar el racismo y la irresponsable oposición al gobierno de Evo.
El año 2005 caminaba por una plaza en Santa Cruz cuando vi un volante en el piso que decía: “Si votás por el MAS, estás votando por comunistas que te quitarán tus casas, tus autos, tus tierras, tu empresa, tu plata, tu mujer y hasta tus hijos. Así es el comunismo. Vos decidís”. En ese entonces también me llegó un mensaje que decía que los indios eran vengativos y que si Evo ganaba no quedaría un blanco vivo, que los indios violarían a las mujeres y empalarían vivos a los bebés como hicieron los españoles con ellos para civilizarlos y convertirlos en criaturas de Dios. En algunas conversaciones también escuché decir que los indios eran ignorantes, cochinos, masca coca, que nuestro país sería la vergüenza mundial si Evo se convertía en presidente, y que por eso era mejor ir pensando en independizarnos porque nosotros éramos “gente”.
En diciembre del 2005 la pesadilla de algunos se hizo realidad, el indio llegó al poder. No puedo decir que siempre fui de izquierda porque la realidad es que torcí el destino para militar donde hoy milito, y fue bastante difícil; pero esa es otra historia que en algún momento se les contaré, lo que sí les puedo asegurar es que desde que tengo uso de razón me indignó el racismo y la discriminación en todas sus formas, quizás por eso desde el 2003 empecé a seguirle los pasos a Evo, y en 2005 festejé su victoria con una sonrisa del tamaño del mundo.
Al siguiente año empecé a escuchar lo de la “crisis económica”, “se viene otra UDP”, “corralito bancario”, “hay que sacar toda nuestra plata de los bancos y mejor si nos vamos a vivir afuera porque aquí no hay futuro”, “la izquierda no sabe manejar la economía”, “los indios no saben manejar la economía”, ese era el miedo que esperaban que se instale para que nunca más vuelva a gobernar la izquierda ni mucho menos los indios, y me parecía algo perverso e irresponsable con nuestro país, porque quienes hacían correr esos rumores jamás pensaban en la mayoría, sino en sus propios intereses políticos y económicos. Las crisis siempre golpean más fuerte a los de abajo, a los más pobres, a los millones de “nadies”, por eso es que sólo unos cuantos irresponsables en Bolivia que saben que si llega la crisis que tanto ansían se van a vivir a Estados Unidos, siguen repitiendo doce años después sin sentir la mínima vergüenza “este año llega la crisis económica”. Estamos a fines de 2017 y el libreto económico de la oposición es exactamente el mismo, aunque año tras año se haya demostrado, a nivel nacional e internacional, que estaban errados.
Un señor europeo con el que coincidimos en un café me decía: “lo que Bolivia ha logrado económicamente con Evo es como haber clasificado a un mundial, han ganado varias copas de oro; pero vengo a Bolivia y no veo que muchos se sientan orgullosos de esto. En el campeonato de la región ustedes van de punteros y el mundo los está mirando por primera vez preguntándose qué está haciendo Bolivia para seguir creciendo en pleno tsunami económico mundial, disminuyendo la pobreza y achicando la brecha de desigualdades económicas y sociales”. Esa clasificación la ha logrado un gobierno liderado por un indio, y eso para algunos lamentablemente sigue siendo una tarjeta roja que impide sentirnos orgullosos de todos los partidos que estamos ganando en ese mundial de economía con el presidente Evo como DT.
El año 2009 cuando se realizó el referéndum por la nueva Constitución Política del Estado me dieron otro panfletito en la calle que decía: “Tú eliges, Dios o la nueva Constitución”, había una Biblia a un lado y un texto constitucional de indios en la otra mitad. ¡Vota NO! Elige a DIOS (y entrarás al reino de los cielos). Buscaré ese panfleto porque lo guardé para mostrárselo algún día a mis hijos. Estamos hablando de hace algunos años, no del siglo XIX.
Después se vino lo de “Dictadura”, y dictadura aquí, y dictadura allá, el “régimen” de Evo Morales aquí y el régimen allá; pero el presidente Evo siguió ganando democráticamente elección tras elección, no con el 20% ni el 30% como sucedía en el pasado, sino con más del 50% y hoy sigue con un nivel altísimo de aprobación. Todos sabemos que si el presidente Evo se presenta en las próximas elecciones, gana de lejos y ese es el miedo que la oposición tiene, que él vuelva a ejercer su derecho a ser elegido y nosotros nuestro derecho de volver a elegirlo.
Por lo tanto, ahora hay que hacer quedar al indio como un corrupto, ya que toda la anterior estantería de mentiras se fue cayendo una a una. Hay que hacer ver como que la corrupción nació con el MAS y todos los masistas son corruptos, hay que hacerlos agachar la cabeza para que nunca más vuelvan a levantarse. Les duele que el presidente Evo no sea corrupto, les duele que trabaje como ningún presidente antes lo hizo, les duele que ese indio diga que su familia es Bolivia, que servir al pueblo boliviano es su vida, y que eso sea verdad.
Y aquí los Paris les vienen como anillo al dedo, hay que hacerlos ver como la encarnación del MAS, corruptos, falsos indígenas, nuevos ricos que quieren igualarse a quienes son “gente”, por eso roban para poder pagar hasta a una mujer “linda” porque de otra manera ni los mirarían, sin poder y sin plata, son nadie. “¿Le viste la cara? Es un Pari, y aunque el Pari se vista de seda, Pari se queda”. Eso también lo escuché entre carcajadas en una mesa que estaba a mi lado en un restaurante. “¿Querés sentirte gente por una noche? Ponte Pari” (O sea, poné plata).
Pari no es masista (aunque Página Siete intentó con todas sus ganas que lo fuera), Pari es un ladrón que robó a un banco y que debe pagar por su delito, al igual que sus cómplices. No minimizo en lo absoluto el robo de Pari, el robo de un peso, cien, miles o millones me indigna y enfurece porque por culpa de tipos como él, el trabajo honesto de muchos queda empañado.
Sin embargo, lo que quiero hacer notar en esta oportunidad, es que bajo el manto del discurso opositor de “Dictadura, corrupción y crisis económica: No más Evo”, lamentablemente persiste en muchos el racismo, a veces silenciado, camuflado, escondido; pero sigue ahí, y no es sólo entre indios y blancos, sino por ejemplo entre los cambas “gente” y los cunumis que aspiran a ser “bien” aunque su plata sea resultado de un trabajo honesto, esos a quienes sus caras los venden, su color de piel, sus apellidos, esos de quienes hay que aprovecharse, sentarlos en la mesa y reír hipócritamente para hacerlos creer que son parte de tu círculo social, que paguen la cuenta, que paguen los tragos y después chau, porque en el fondo te dolería el alma que ese cunumi o indio, hijo de nadie, salga con tu hija.
Es cierto que en estos años hemos avanzado en la lucha contra el racismo y toda forma de discriminación; pero lamentablemente a muchos lo que les sigue doliendo es que nuestro presidente Evo sea un indio. Esto no me lo han contado ni es un pretexto para tapar los errores que tenemos, yo lo he visto y lo he escuchado. El racismo no murió… y vos lo sabés.

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