En un par de semanas, la estrategia presidencial que reivindica el derecho boliviano de sentar soberanía en las costas del Pacífico ingresará en su recta final ante la Corte Internacional de Justicia. Bolivia presentará sus alegatos y se da por descontado que sean tan contundentes como todo lo que hizo hasta ahora.
Lo que se ha logrado hasta ahora es mucho. Desde el punto de vista absolutamente jurídico, la primera victoria conquistada por el país, que demuestra la contundencia de los argumentos jurídicos e históricos bolivianos, fue el rechazo de los altos magistrados de La Haya a las objeciones interpuestas por Chile a la demanda boliviana presentada en abril de 2013. A lo que sumó dos años después, en 2015, la calidad de las intervenciones del equipo boliviano en la fase de los alegatos orales y que paralizaron por su emotividad al país entero.
Desde el punto de vista político, no hay la menor duda que la estrategia definida por el presidente Evo Morales y operativizada por varios actores, logró que el país entero se uniera alrededor de lo que el mismo primer mandatario definió ya no como una reivindicación sino como un derecho el que Bolivia ejerza soberanía sobre el mar del Pacífico. A la generación de este sentimiento el desaparecido intelectual boliviano René Zavaleta lo define como la conquista del “optimo social”, es decir como la plena convergencia entre el Estado la población alrededor de una causa común. Nunca como antes, los bolivianos se vieron plenamente identificados por osada e histórica decisión de Morales de interponer la demanda ante un tribunal internacional. Una de esas expresiones de esa estrategia, sin mezquindades de ninguna naturaleza, es la invitación del Presidente a ex presidentes y opositores a que forman parte de la delegación que presenciará la presentación de los alegatos a partir del 19 de marzo.
Contrariamente a lo que sucede en Bolivia, en el vecino país las posiciones no son homogéneas, pues hay desde lo que se apoyan en el concepto de que la guerra otorga derechos hasta los que son partidarios de que Chile debe aceptar negociar una salida al mar. Esta última posición ha formado incluso parte del debate en las pasadas elecciones presidenciales chilenas y ni qué decir el total respaldo de los sindicatos y de partidos de izquierda a la demanda boliviana.
Desde el punto de vista geopolítico, la estrategia marítima generó el más amplio respaldo de pueblos y gobiernos en todo el mundo. No hubo encuentros internacionales, sean los estados como actores, o la sociedad civil como protagonista, donde no se diera el pleno apoyo al reclamo boliviano, cuya salida al Pacífico le fue negada por una ilegítima ocupación militar en 1879. Por esta razón, lo que también hay en disputa es una visión geopolítica, pues mientras para Chile el mar es para facilitarle el negocio a los privados, para el gobierno es para la integración de los pueblos y la ampliación de la soberanía.
Es de esperar que la Corte Internacional de Justicia falle a favor del Estado boliviano. No hacerlo sería una grosería e injusticia inaceptables.

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