agosto 25, 2026

Separar la paja del trigo

No hay punto posible de debate sobre la unidad mostrada por el pueblo boliviano en sus distintos estratos económicos, sociales y culturales, en torno a la demanda boliviana contra Chile que se encuentra en trámite en la Corte Internacional de Justicia de La Haya. Esta manifiesta unidad nacional se vio inmensamente reforzada por la contundencia de los alegatos orales presentados por nuestro país y por el alto nivel de los abogados que llevan adelante la demanda.

Sin embargo, no faltaron aisladas voces disonantes, que ilusamente pretendieron quitar protagonismo al autor e impulsor de la demanda, el presidente Evo, con argumentos totalmente desbaratados de inicio. Estos elementos marginales de los grupos que detentaron el poder durante años y que hoy sienten seguramente nostalgia de aquellos tiempos, pretendieron politizar en el sentido más mezquino de esa actividad, un acontecimiento de la magnitud del que se desarrolló en el reino de los Países Bajos durante la última semana.

Esas voces que trataron de desmerecer el titánico trabajo de quienes desde hace siete años se dieron a la tarea de construir una demanda irrebatible, irrebatibilidad que ha sido admitida incluso por diferentes grupos de la sociedad chilena que ya prevén un fallo favorable a nuestra demanda, aun en los círculos más importantes del país trasandino, son las mismas de quienes manejaron la política exterior boliviana durante décadas, una política no solo sometida a los mandatos del imperialismo, sino también subordinada a la oligarquía chilena. Las evidencias sobran y son de pleno conocimiento público.

Son aquellos que nunca hicieron nada por mostrarle a Chile y al mundo que Bolivia es un pueblo digno, pacifista, amigo del dialogo, pero firme en sus reivindicaciones y en la demanda de sus derechos. Son aquellos que desfilaban cada 23 de marzo al grito de gloria a Abaroa, pero que nunca tuvieron ni la capacidad ni el coraje para pasar del grito callejero a la acción en el lugar que correspondiera. El pueblo ya los juzgo y por ello están donde están.

¿Qué pueden entonces exigir hoy? ¿Qué pueden observar de la demanda? ¿Decir qué es política? Es cierto, pero del más alto y más noble nivel porque su objetivo es atender una demanda que desde hace más de ciento treinta años, surge desde los cuatro puntos cardinales de nuestro territorio, e incluso más allá de los cinco continentes, desde donde hay un mínimo sentido de justicia. Una demanda de más de diez millones de mentes y corazones bolivianos y no bolivianos.

Nada ni nadie podrá eclipsar ni a la demanda ni a su impulsor, la historia ya le tiene reservado un lugar preferente, pero siempre es bueno poner las cosas en su lugar. Mostrar la mezquindad e incapacidad de quienes quieren cobrar protagonismo en los medios y en las redes, algo que no podrán lograrlo porque está claro que en el tema marítimo y en otros temas fundamentales para los bolivianos como la dignidad y la soberanía, hace mucho que ya se logró separar la paja del trigo.

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