Rosa Parks tenía 42 años cuando el 1 de diciembre del 1955, tomó un transporte colectivo para volver a su casa en EE.UU. En ese entonces, los autobuses tenían una señalización que decía: “los blancos delante y los negros detrás”. Parks se acomodó en los asientos del medio. El conductor le ordenó, junto a otros tres negros, que cedieran sus lugares a un joven blanco que acababa de subir. Los otros se levantaron, pero ella permaneció inmóvil. “Voy a hacer que te arresten”, le dijo el conductor. “Puede hacerlo”, respondió ella. Rosa fue encarcelada por su conducta, acusada de haber perturbado el orden público.
Salvando las diferencias y los contextos, lo que sucedió el martes 13 pasado con Marina Janko, de 48 años, cuando fue impedida de tomar asiento en un autobús de la línea 75 que circula alrededor del tercer anillo de Santa Cruz, no puede menos que traer a la mente la tristemente celebre historia de Rosa Park.
– “Anda, sentate en otro lado, porque aquí no te vas a sentar” le dijo Ramona Melgar, mujer cruceña a Marina Janko, una mujer de pollera que había subido al autobús y quería sentarse a su lado.
– “No quiero, no me da la gana” replicó Marina
– “Atrevida, entonces te quedas ahí” dijo Ramona
– Atrevida vos también estas, respondió Marina
– “de aquí soy, no soy colla ¡carajo!” afirmó Ramona
– “A mí que me importa que seas colla que seas camba señora”, respondió Marina
– “Cállate no estás en el mercado, estas en un micro ¡se calla!”, gritó Ramona
– Tu mes estas faltando el respeto, respondió Marina
– “¡De qué te estoy faltando el respeto india de mierda! … anda con tu pollera carajo. ¡Aquí se sienta una de mis iguales!”. Gritó finalmente Ramona e invitó a otra mujer cruceña de vestido a sentarse a su lado.
Las palabras de Ramona, son equivocas,“acá tú no te vas a sentar, …acá se sientan mis iguales”. Con toda transparencia reivindican el principio sobre el que se sustenta todo racismo, que es el de la desigualdad, en tanto coloca un ser humano por encima de un “otro” construido y visto como inferior.
La identidad camba, como toda identidad se construyó en base a la diferencia de un “otro”. Santa Cruz, al haber nacido como una región de frontera, se hizo históricamente frente a un “otro” con el cual estuvo en permanente guerra, sea éste el portugués o el “salvaje”, ese “otro” ahora es el “colla”. En realidad, toda identidad se construye en base a un principio de diferenciación con el Otro, pero lo que debe interesar acá es el sentido que este discurso identitario le asigna a esa diferencia con el Otro. Y este va claramente contra toda dignidad humana. Ese “otro” es colocado además en un lugar diferente del camba, lo que justificaría una fantasía de diferenciación de los espacios, que es el fundamento del apartheid.
Las palabras de Ramona señalan además los complejos entrecruzamientos y reforzamientos entre el racismo, el regionalismo y el clasismo en el discurso de la cruceñidad, que con toda virulencia ya se puso puesto de manifiesto el año 2008, durante la toma de las instituciones y que sigue vigente en el sentido común de mucha gente. El incidente el autobús señala la presencia de un proyecto de clase radicalmente conservador que reivindica una lectura colonial, blanca y social darwinista de la historia de la cruceñidad. Transformar tales visiones indignantes del ser humano, constituye la agenda pendiente de lo que nosotros hemos llamado descolonización, que lamentablemente, por el momento, parece un proyecto frustrado.

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