Por Esteban Ticona Alejo * -.
Del 3 al 14 el presente del presente mes se realizó la 26 versión de la Feria Internacional del Libro de La Paz. Después del impacto negativo de la pandemia del Covid-19, con esta exposición del libros se ha tratado de recuperar la dinámica cultural, sobre todo apostando en las presentaciones de nuevas producciones y el contacto directo con el público interesado.
La feria está organizada por la Cámara Boliviana del Libro y por lo tanto tiene una apuesta principalmente económica. Este año, a pesar de esta intención mercantil, hubo la presencia de autores de libros denominados “independientes”. Fue interesante ver a escritores de diferentes lugares del país, como novelistas de Santa Cruz, incluso a un grupo de militares escritores que enseñaban su producción de manera llamativa; pretendían vender un libro sobre el juicio del mar de Bolivia contra Chile en la corte de La Haya, con la propaganda del “porqué se perdió”. ¡Vaya divulgación, de creerse los sabelotodo sobre este delicado tema de nuestro país!
La presencia del grupo “Historias de Oruro”, procedentes de esa ciudad, me llamó la atención. Las revistas sobre Oruro en varios números son muy interesantes, y el Nro. 1, de “Historias de la guerra del Chaco”, es digno de destacarse. Es una producción en base a testimonios y fotografías. Después de acceder a esta publicación surge la afirmación: ¡Qué bueno que se siga escribiendo y publicando sobre la guerra del Chaco contra Paraguay, entre 1932 y 1935! Para que las nuevas generaciones conozcan otros testimonios y otras fotos.
El afán comercial creo que fue quebrado por la presencia del Ministerio de Culturas. Este espacio permitió la presentación de libros que no estuvieron en el programa oficial de la Cámara, incluso con trasmisiones en vivo mediante el canal cultural del Ministerio, que fue otra forma de cobertura. El Ministerio acogió a varios productores y autores de libros, pero fue más allá del libro y apostó por otras formas de conocimiento, por ejemplo, mediante el arte del tejido, el teatro, la música y las fotografías. Gran acierto tuvo al organizar e invitar la presencia de tejedoras del pueblo Yampara del departamento de Chuquisaca. Ver lenguajes como el arte textil es otra manera de descolonizar la bibliografía estrictamente basada en las letras.
Es preciso hacer una reflexión sobre la infraestructura donde se realizó la feria. Considero que no es la adecuada, porque existe poco espacio para la exposición de libros. Incluso pareciera que el material con que fue construido el edificio no da muchas garantías para una eventualidad cuando existe mucha gente. Es preciso que haya otro lugar, más céntrico y con espacio, para que la gente pueda disfrutar plenamente de una feria que ya no es de La Paz, sino del país.
Estamos a dos años del bicentenario, no tanto en el sentido de la herencia republicana y neoliberal, sino en la perspectiva de cómo podemos seguir rediseñando otras maneras de convivencia societal a partir de las ideas interculturales que puedan estar expuestas en libros, los tejidos, etcétera. Esto supone apostar por mucho diálogo. A la Cámara no creo que le interese auspiciar estos diálogos interculturales y descolonizadoras y es preciso que el Estado, desde el Ministerio de Culturas e incluso el de Educación, asuma y tenga espacios amplios como las que hemos mencionado. Además de profundizar con numerosas publicaciones, donde la Editorial del Estado tiene el reto de publicar mucho y vender a precios muy accesibles.
Es importante destacar alguna iniciativa privada, por ejemplo, la Editorial GUM reeditó varios libros y realmente a precios accesibles. Esta política editorial es digna de imitarse, porque el dueño, Gustavo Urquiz, tiene la mentalidad de que el libro no puede ser objeto de lujo y caro. Solo los que aman la cultura desde la producción bibliográfica pueden apostar por esta forma de aporte cultural al país. Uka panka qhathuxa ma tuqitxa wali kusawa, maysa amuyutxa jani sumakirakiti.
* Aymara boliviano, sociólogo y antropólogo.

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