Por Soledad Buendía Herdoíza * -.
No puedo dejar de reflexionar sobre el amor romántico y el arquetipo de las princesas y cómo el “felices por siempre” ha condicionado de muchas maneras la vida de las mujeres en nuestra Región. Crecimos con la imagen de la barbie delgada, blanca y eternamente joven, una imagen por esencia discriminatoria y totalmente irreal. Con un cuerpo frágil, la barbie es desproporcionada, pues con unos pies tan pequeños no podrían sostener el peso de una mujer promedio, y con una cintura tan diminuta que no tendría un órgano sano, y unas manos que no permiten hacer nada.
El sistema nos vendió la imagen y un canon de “belleza” superficial, que implica recorrer un camino de sacrificios y privaciones de todo tipo para intentar alcanzar lo imposible. Un camino de decepciones en la búsqueda de lo que no somos ni seremos nunca. En este contexto, los cuentos de princesas, príncipes y hadas madrinas refuerzan en las mentes de las niñas y los niños un mundo de roles y estereotipos. Mujeres “bellas” frágiles e indefensas que son salvadas por el príncipe azul.
Los tiempos cambian y aparentemente los cuentos también evolucionan, y aunque no hemos abandonado las historias de princesas, “Frozen”, una película animada de Disney, basada en el libro escrito por Hans Christian Andersen, recrea nuevos símbolos y relatos, como el de una princesa que no busca ni tiene un príncipe azul que la salve, protagonistas valientes y no indefensas capaces de decidir su propio camino. Es la primera vez que una princesa construye su castillo y su búsqueda de felicidad es interior, para encontrarse y comprender sus propios poderes y ser libre. Los afectos tienen otras dimensiones y el amor verdadero se relaciona con Anna, su valiente y optimista hermana.
Hoy las niñas y los niños quizás todavía quieren seguir siendo princesas, o quizás ogros, como en Shrek, brujas buenas como Maléfica, o genios de lámparas maravillosas gays como en Aladino. Pero lo que es seguro es que en sus cuentos son valientes, empoderadas, no se quieren casar, quieren ser libres, estudiar, crecer y vivir sin violencias.
Por más que lo intentamos no podemos escapar de la magia de Disney, los medios de comunicación, la publicidad, el Internet, las amistades de algún modo la filtran.
Los padres y madres tenemos más retos que nunca al momento de educarlos en un mundo lleno de información que refuerza un sistema patriarcal. Debemos ser mucho más recursivos para deconstruir y desmontar estereotipos sexistas.
* Miembro de la Asamblea Nacional del Ecuador.

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