Por Sara Valentina Enriquez Moldez -.
La nueva oleada de gobiernos de izquierda electos en América Latina estos últimos años son dignos de análisis a causa de las distintas polémicas que actualmente se viven en nuestro territorio.
En el caso chileno, para que la “izquierda” pudiera ascender al poder de alguna manera, se concluyó posicionar a Gabriel Boric como candidato a las elecciones presidenciales, quien deviene de una “izquierda” (nótese las comillas) con una evidente fracción liberal postmoderna.
Todos recordamos la crisis desenvuelta el año 2019 en Chile, producto de un conjunto de injusticias sociales, mercantilización de derechos y terrorismo de Estado. En dicho periodo de tiempo, el expresidente Sebastián Piñera tenía solamente un 6% de aprobación y la crisis se expresaba de múltiples formas, hasta desembocar en una crisis institucional bastante aguda. Acto seguido, en un intento para no morir políticamente, Piñera llamó a un “acuerdo por la paz”, al cual no se presentaron ni los partidos amarillos (reformistas-liberales), sin embargo, Gabriel Boric asistió a título personal, desobedeciendo a su propio partido. Dado este accionar muchos militantes de su partido renunciaron a su militancia. Como consecuencia a este acercamiento de Boric a la extrema derecha fue que se convirtió en una imagen relevante de la institucionalidad del país.
Por otro lado, si analizamos integralmente el despliegue político del actual presidente de Chile, de igual modo podemos poner sobre la mesa lasa alianzas que tuvieron que acordar para que sea posible su llegada al poder. La principal alianza fue la que hizo con la exConcentración, que forma parte del duopolio político chileno, y que además gobernó desde 1990. Al interior de esta se encuentra Democracia Cristiana, que apoyó el golpe de Estado contra Salvador Allende en 1973.
Por otro lado, comentamos algo que pasó hace poco tiempo, cuando Boric en el “IV Ceo Summit of The Americas” invitó a empresarios estadounidenses a invertir en “energías limpias” en Chile. Es decir, hizo lo mismo que hacía Piñera en 2013 en la Cámara de Comercio de los Estados Unidos. La diferencia que se podría encontrar en este preciso ámbito entre los dos actores políticos es que uno pinta de verde la fábrica privada, sin tener un poquito de cuestionamiento estructural de la producción.
Otra decepción que provoca el mencionado mandatario, esta vez ya en el campo de la política internacional, es su completo apoyo a Ucrania en la guerra ruso-ucraniana. Cuestión que implica, aunque sea implícitamente, avalar las agresiones de nazis a los pueblos de los alrededores del río Donets; implica también secundar al imperialismo representado por la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y sus bases químicas y militares; al igual que apoyar el dominio de un mundo unipolar respaldando la hegemonía del Occidente.
Así como esas mencionadas acciones tomadas por parte de Gabriel Boric, existen muchísimas otras. Pero hay algo que me indigna profundamente, y son tres elementos mencionados en su discurso en las Naciones Unidas de hace pocos días. ¿Por qué atacar a las democracias venezolanas o nicaragüenses? ¿Por qué justificar la masacre de Israel al pueblo palestino? Si se tiene un mínimo de sensibilidad ante la vida humana no se puede decir: “Garantizar el legítimo derecho de Israel a vivir dentro de fronteras seguras e internacionalmente reconocidas”, como lo hizo el mandatario chileno.
Si se tiene algo de solidaridad y empatía con las naciones que luchan ya desde hace años por una verdadera autodeterminación, no se puede atacar a la Revolución sandinista, subyugándose al relato estadounidense, diciendo: “Seguir trabajando para contribuir a la liberación de los presos políticos en Nicaragua”, tal como lo hizo Boric, ya que expresar algo así es desconocer los intentos de desestabilización por parte del Norte con mercenarios y ataques constantes.
Lo más desvergonzado de la política exterior chilena fue atacar gratuitamente a Venezuela, no solo ante la ONU, sino en constantes declaraciones que tienen que ver con falacias tipo “debilitamiento de los Derechos Humanos”, “régimen de Maduro”, “crisis humanitaria”, y otras barrabasadas de ese calibre, que demuestran su total desconocimiento acerca de la realidad venezolana, país que vive acechado por bloqueos impuestos por el país al que tanto Chile quiere caer bien. No obstante, yo sí pudiera denominar a Chile como “un país en constante crisis humanitaria”, esto por las persistentes agresiones al pueblo Mapuche, que ni en el gobierno de Boric han cesado. Un ejemplo de esto último es la actual detención de Héctor Llaitul.
Conozco el contexto chileno, sé que vienen arrastrando muchos años el neoliberalismo y la subordinación al Norte, pero no parece que existan ánimos de cambiar esa realidad. Muchos compañeros y compañeras repiten la cuestión del contexto para tratar de entender el accionar de Boric, pero; ¿Hasta cuándo el contexto será un elemento de justificación para dejar de ser consecuentes con los valores básicos de la izquierda?

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