En pocos días Japón está mostrando una complicada y destructiva triple tragedia: 1) terremoto el 11 de marzo, 8,9 GRADOS Richter; 2) el tsunami que golpeo sus costas con olas hasta de 10 metros y 3) fuga de radiación nuclear de al menos tres centrales de producción de energía nuclear. El primer ministro de este país, Naoto Kan, afirmo que: “Esta es la peor crisis de Japón desde que concluyó la guerra hace 65 años”
Las informaciones dan cuenta de los esfuerzos que se están realizando para evitar consecuencias mayores hacia otras latitudes del planeta. Los cálculos de las pérdidas son la preocupación de los grupos financieros e industriales. El capital transnacional se estará frotando las manos para licitar en la reconstrucción de lo destruido y sumar cuantiosas ganancias.
Las explicaciones sobre las causas que han producido esta triple tragedia en el Japón tienen su origen en los diversos campos del conocimiento humano. Puede que muchas tengan razón desde el punto de vista de sus enfoques. Pero nadie puede negar que las decisiones que se tomaron en materia de orientación del estilo de vida que querían los japoneses tengan que ver con los aspectos “progresivos” y “regresivos” acontecidos hasta ahora.
Una de estas decisiones está referida al estilo de desarrollo que definió la dirigencia política japonesa, el cual se puede caracterizar por una elevada occidentalización y tecnocratización. La Revolución Meiji constituye el punto de arranque de la formación de la moderna sociedad capitalista.
En la década de los 60s del siglo anterior la economía japonesa contaba con pequeñas empresas industriales como Mitsubishi, Fuji, Sumitomo, entre otras. Cada una de estas empresas tenían alrededor de setenta empresas afiliadas. También existían empresas de líneas de producción como automóviles y electrónicos como: Hitachi, Toyota y Nissan. La intervención de instituciones estatales les permitía cierta protección frente a productos similares del exterior; protección contra la competencia externa y una competencia entre ellas por copar mercado interno. Producciones que requerían de tecnologías avanzadas y fuertes inversiones como acero y petroquímica también fueron desarrolladas e incentivadas por acciones de políticas económicas claras desde el Estado. Artículos de consumo como cámaras fotográficas, televisores, motocicletas y automóviles se convirtieron en artículos de consumo masivo y luego de exportación, convirtiendo a la economía japonesa en los mayores productores del mundo. En 1970, las exportaciones japonesas tenían una estructura que contabilizaba lo siguiente: alrededor del 30% de sus exportaciones iba a los EE.UU, como 15% hacia Europa occidental y más del 15% al sudeste asiático, el restante al resto del mundo.
El modelo tecnocrático de corte capitalista del Japón, arruina las posibilidades del accionar de una política económica y ecológica, limpia y saludable para la preservación y reproducción armónica de la sociedad y de su entorno natural.
El problema actual del Japón es otra oportunidad para reconocer los varios cambios radicales que requieren los modelos de sociedad actualmente vigentes, acelerando el debate sincero y desprendido en todas las instancias de la sociedad mundial. Comenzando a reconocer todos que, desde hace mucho tiempo, los procesos formales de la vida pública y su racionalidad, puestos a prueba, solo ocasionaron la exclusión de grandes sectores poblaciones. Estos aspectos negativos fueron permanentemente denunciados por los aportes del pensamiento crítico.
En 1973 comenzó el periodo de las crisis del petróleo, fenómeno que ocasiona cambios importantes a la fase expansiva de la economía japonesa que hasta entonces tuvo un crecimiento sin precedentes. Uno de los cambios principales consistió en inversiones significativas en alternativas energéticas al petróleo, consistentes en la construcción de plantas nucleares.
La industria nuclear solución peligrosa a la crisis energética
La crisis energética inminente cuestiona la vigencia voraz del productivismo capitalista, sistema que en su afán de preservarse en el tiempo busca alternativas energéticas muy costosas y peligrosas para la vida en todas sus expresiones. Este es el caso de las cuantiosas inversiones que el capital realiza en las plantas de producción de la energía nuclear.
A pesar de los obstáculos materiales y económicos comprobados para montar una planta de producción atómica, el capital se las ingenia para que el Estado sea el que subvencione estos “emprendimientos destructivos”, que por espacio de muchas décadas ponen a la población al borde de una supervivencia tóxica y que hasta ahora ha tenido una actitud sumisa. Las pocas voces antinucleares daban por hecho que el alto costo de la producción nuclear habría de hacer fracasar el avance de esta industria. Pero esta posición simplista nos demuestra la poca conciencia crítica y la poca comprensión de los mecanismos y objetivos del capital. Actualmente existen cerca de 411 plantas nucleares en el planeta y se proyecta que hasta el 2020 existirían alrededor de 978 plantas nucleares en total. Por su parte, “la Agencia Internacional de la Energía Atómica aspira a doblar la producción de aquí a 2030. En diciembre de 2008, y en el cuadro de la conferencia de Poznan, la Agencia Internacional de la Energía, anunció la necesidad de construir a partir de ahora una media de veinte centrales nucleares por año.” (José Ardillo, http://economiacritica.net).
En suma, la crisis ecológica que se agudiza con estos acontecimientos que muestran fragilidad en lossistemas de seguridad de las plantas nucleares, se constituye en la profundización de la crisis civilizatoria. El crecimiento económico sin límites en un planeta donde sus recursos son limitados es causa suficiente para realizar un viraje de noventa grados en las concepciones y acciones hasta hoy dominantes. El economicismo y su medidor PIB, el voraz avance tecnológico monopolizado por las grandes empresas transnacionales se han considerado como las medicinas que todo lo resuelven, son los arboles que no permiten ver el bosque.
Estamos en tiempos históricos en que la crisis civilizatoria se profundiza y se muestra más evidente. Es la crisis del sistema capitalista que tiene como religión la ideología de los mercados de competencia perfecta y a sus defensores incondicionales, los economistas neoliberales, neoclásicos y keynesianos, apóstoles del modernismo anglosajón y el desarrollo económico. Esta crisis afecta al conjunto de los conocimientos y hábitos de los cuales se ha alimentado esta “civilización” en decadencia, la misma que está encapsulada en un bastidor político, social y económico mundial y que se conoce con el adjetivo de capitalismo.
* Docente Investigador Titular del IIE_UMSA, economista subversivo.
brahamap@gmail.com

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