octubre 21, 2020

Después de haber perdido sus hogares. Los damnificados esperan volver a tener techo

Las últimas semanas de lluvias torrenciales, frio y humedad que La Niña trajo consigo han tenido catastróficas consecuencias para muchas personas en todo el país, pero sin duda los más desafortunados han sido los damnificados de los distritos 16 y 17 de la Comuna paceña, quienes perdieron sus hogares y casi todo lo que poseían en lo que los medios llaman “el macrodeslizamiento”. Aunque la ciudadanía respondió con inmensa solidaridad a las circunstancias la magnitud del desastre advierte que será necesario algo más que el espíritu filantrópico de los bolivianos para superar la tragedia, se necesitarán viviendas para aquellos que lo han perdido todo.

El movimiento geológico que el último 27 de febrero desplazó la superficie de casi la totalidad del Macro distrito de San Antonio y Kupini II dejó como resultado más de 2000 familias damnificadas.  Alrededor de 6 mil personas afectadas se encuentran ahora durmiendo en refugios establecidos por las autoridades gubernamentales, departamentales y municipales.

La tierra dio poco tiempo para responder. Solo un día antes, el sábado por la mañana, un movimiento similar pero de proporciones mucho más reducidas destruyó 11 viviendas en una de las zonas que ahora se encuentran en ruinas como si se hubiese tratado de un terremoto de gran magnitud y que muchos comparan con las apocalípticas escenas de la película 2012.

Las zonas afectadas son: Valle de las Flores, Kupini II, Pampahasi Bajo Central, Santa Rosa de Callapa, 23 de Marzo, Cervecería y la Metropolitana. Aproximadamente 140 hectáreas de cuyas ruinas muchos damnificados tratan de rescatar sus posesiones. Hasta este viernes las personas trataban de ingresar a la zona de desastre para buscar sus cosas pero eran detenidas por la policía y los guardias municipales. La resignada impotencia de sus miradas a veces cambiaba a una expresión de disgusto por el olor de los cadáveres que quedaron a la intemperie por el deslizamiento de la superficie del pequeño cementerio de Pampahasi.

En un esfuerzo conjunto los tres niveles de gobierno establecieron 10 puntos de refugio para albergar a los afectados. De acuerdo a la información proporcionada por el Gobierno Municipal de La Paz, los puntos de albergue son: La parte no afectada de Collapa (con 24 fanmilias), la cancha Escobar Uría (9 familias), la Casa Comunal Artemio Camargo (10 familias), la cancha de Bajo San Antonio (13 familias), el Centro de Salud de Pampahasi Bajo (13 familias), la Unidad Educativa Delia Gambarte (53 familias), el Colegio Sergio Villegas de Kupini (56 familias), el Campamento Zenovia Lopez (24 familias), la ex canchadora de Kupini II (más de 10 familias) y la Piscina Olímpica (con 120 familias).

La mayoría de estos refugios se encuentran cerca del Macro Distrito San Antonio y por las noches se puede ver la gran mancha oscura de las zonas afectadas a las que se les ha suspendido obviamente los servicios de agua y electricidad. Por las noches el frio es insoportable y los damnificados deben resistir las noches de lluvia dentro de sus albergues con los colchones y las frazadas que se les proporciona. Los primeros mil colchones y frazadas fueron donados por el Gobierno Municipal de La Paz y la Defensa Civil, número que se ha multiplicado gracias a la solidaridad de la ciudadanía.

La solidaridad

El gobierno central, la Gobernación de La Paz y el gobierno municipal abrieron la campaña “Todos solidarios, Bolivia una sola) que hasta el momento recolectó 57 toneladas de donaciones entre alimentos, ropa, frazadas, colchones y juguetes para los niños, que de acuerdo a UNICEF, son mil dentro de los campamentos. Así, la Alcaldía y Defensa Civil abrieron los siguientes puntos de acopio: la Biblioteca Municipal, el Hall de la Comuna Paceña y  el Centro de Operaciones de Emergencia (COE).

Además, las gobernaciones de otros departamentos también han comenzado a recibir donaciones y la ciudad hermana de El Alto habilitó 16 puntos de acopio: la Alcaldía Central de El Alto, la Alcaldía Quemada y las 14 sub alcaldías. También se unen al esfuerzo las iglesias metodistas, cristianas evangélicas y otras. Para las donaciones de dinero se habilitó la cuenta del Banco Unión 15462738 que hasta el jueves logró recaudar 250 mil dólares.

Por su parte, la Cámara de Industria y Comercio (CAINCO), desde Santa Cruz, mandó dos toneladas de alimentos como arroz, fideo, azúcar, soya, aceite, enlatados, además de frazadas y vituallas.

El Programa Mundial de Alimentos (PMA) de Naciones Unidas también hizo su aporte el pasado miércoles, entregando 10 toneladas de arroz, harina de trigo y sal yodada  en la Biblioteca Municipal frente a la Plaza del Estudiante en el centro de la ciudad de La Paz. Su representante, Vitória Ginja y la oficiala mayor de Desarrollo Humano, Rosario Aguilar, exhortaron a la población a mandar su ayuda y recordaron que dentro de los campamentos hay niños y personas de la tercera edad que necesitan urgentemente de esa ayuda.

La cancillería también se unió a la solidaridad y anunció que los funcionarios diplomáticos de las todas las embajadas del exterior donarán el 10% de su sueldo para colaborar con la reconstrucción de las casi 2000 viviendas desplomadas por el megadeslizamiento.

Finalmente, la embajada de Japón expresó su intención de cooperar en la reconstrucción de las zonas afectadas. «Una vez que pase el tiempo de la emergencia, el Embajador Toshio Watanabe buscará una reunión con el alcalde Luís Revilla en los próximos días, con el propósito de ofrecer su cooperación para la etapa de reconstrucción», informa un comunicado oficial de la Embajada de Japón en Bolivia, de acuerdo a la red Erbol.

Las causas y los costos de la tragedia

Los efectos del macrodeslizamiento –como lo llamaron las autoridades municipales después de un estudio geológico de su personal- también se hicieron sentir en la Zona Sur de la ciudad de La Paz. Achumani, Alto Irpavi, Cota Cota, Alto Calacoto, Chasquipampa y Ovejuyu sufren desde hace una semana el corte del servicio de agua debido a que una de las tuberías que transportaba el líquido elemento se rompió durante el derrumbe. Los habitantes de estas zonas reciben agua en camiones cisternas dos veces al día y algunas calles de Achumani y Cota Cota aún tienen el servicio de agua funcionando pero solo día por medio.

José María Hervas, jefe de la Unidad de Comunicación de la Empresa Pública Social de Aguas y Saneamiento (EPSAS) admitió en una entrevista de la red Erbol que la distribución de agua por falta de cisternas, a pesar de que el Alcalde de La Paz, Luis Revilla, anunció que había más de 17 cisternas trabajando y se esperaba usar 25 en total. “Ahora admitimos también que tenemos limitaciones en relación a las cisternas para distribuir agua en la zona Sur, por ello es que acudimos a las autoridades de fiscalización de control social en agua para que nos puedan coadyuvar en los contactos con las empresas de servicio de agua del interior, del mismo modo, queremos convocar a empresas privadas e instituciones, que nos puedan facilitar cisternas para distribuir agua y superar estos problemas que tenemos en la distribución del líquido elemento”, dijo Hervas.

Algunas de las causas del desastre fueron identificadas por el gobierno municipal. En conferencia de prensa el alcalde Revilla señaló que el macrodeslizamiento fue producto de una combinación de deficiencia de los sistemas de alcantarillado de la zona más la erosión de puntos clave por las intensas lluvias de las últimas semanas.

Así, las tres causas son: el debilitamiento del talud producto de la saturación de aguas debido a un mal sistema de alcantarillado que colapsó con las lluvias, la erosión de los laterales del rio Chulluncani y del rió Irpavi, ambos producto también de las lluvias.

Durante la misma entrevista, el burgomaestre reveló cifras que indican que el daño económico sufrido por el Estado por el desastre haciende a casi los 50 millones de dólares, de los cuales más de la mitad corresponden a los 170 predios afectados por los derrumbes que costarían 36 millones de dólares. Las tuberías de alta presión colapsadas costarían aproximadamente 2.5 millones de dólares, los empedrados y asfaltados destruidos cerca de 1.800.00 dólares, la infraestructura de escuelas y centros de salud cuya reconstrucción podría costar 3.6 millones de dólares, servicios básicos como alumbrado y alcantarillado cuyos postes y tuberías se destruyeron, con un costo de 2.7 millones de dólares y otros daños en bóvedas, pilotes y canales evaluados en 6.2 millones de dólares.

Pero las mayores pérdidas económicas fueron sufridas por la ponlación. El último miércoles el ministro de Defensa, Rubén Saavedra  informó que la cantidad de damnificados por los desastres de La Niña haciende a 70 mil personas en todo el país, donde las lluvias han dejado un saldo de 40 fallecidos, la mayor parte producidos por las riadas sufridas en el Oriente del país. Un dato curioso al respeto, el megadeslizamiento sufrido por la Comuna paceña no tuvo víctimas mortales a pesar de haber acabado hasta con los cimientos de más de 2 mil viviendas y haber dejado un panorama devastador.

Además, aún no se ha estimado las perdidas en la agricultura y la ganadería producidas por las excesivas lluvias que han obligado al presidente Evo Morales a declarar la Alerta Roja por Decreto Supremo en varios puntos del país.

La decepción y la esperanza

El impacto psicológico que tiene haberlo perdido todo de la noche a la mañana se puede observar en las miradas de muchos de los refugiados en los puntos de albergue. En un campamento que recién se terminaba de armar el jueves en una cancha de Pampahasi Bajo Central, la encargada de Respuesta a Emergencias de la organización Visión Mundial, Nanci Gutierrez, expresó que muchas veces se tiene que lidiar con los altos niveles de estrés y desesperación de  los damnificados, muchos de los cuales son padres de familia que están preocupados por sus hijos y lo que les espera más adelante.

Dentro de las carpas la expresión de las personas es de una resignada impotencia que se nota por el silencio y la mirada hacia abajo  que tiene la mayor parte del tiempo, incluso cuando reciben la comida preparada en ollas comunes y que es repartida individualmente por el personal de la municipalidad y los voluntarios.

Juan Carlos Álbarez, uno de los refugiados de este campamento, expresa que se siente decepcionado y desconcertado. Lo evacuaron de su casa el domingo debido a las rajaduras que comenzaron a abrirse en las paredes y tuvo que ser trasladado a este albergue junto con sus padres y su hermanita de 15 años donde deben enfrentar el hecho de que su casa posiblemente ya se encuentre perdida. “Ya no creo que se pueda hacer nada, solo falta un poco para que todo se derrumbe”, afirma resignado y recuerda que por suerte pudo dejar a su perro en la casa de un amigo.

Antes de irse Juan Carlos expresa su temor a que la ayuda y la solidaridad demostrada por la ciudadanía durante los últimos días se vaya diluyendo después de que los medios dejen de prestarle atención y repite que el Gobierno no puede dejarlos en la calle después, “nos tienen que ayudar a reconstruir nuestras casas”, dice.

La vida de repente ha dado un giro de 180 grados y ahora muchos como él deben dormir en colchones puestos en el piso y bañarse en duchas públicas instaladas en no todos los campamentos hasta el momento, pero también la vida continúa. Su padre sigue asistiendo al trabajo y el sigue asistiendo a la universidad. Todos los que se encuentran en esas carpas y que han pasado de tener poco a no tener nada esperan que el Gobierno pueda devolverles un techo y con ello sus vidas.

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