octubre 24, 2020

La Chevron y los daños ambientales en el Ecuador

por: Bruno Peron Loureiro/ TeleSur

Debemos resistir cada vez más la opresión de las grandes corporaciones, la exploración insaciable de los recursos humanos y naturales y la supremacía de las marcas.

Muchos ignoran el tiempo que le lleva a la naturaleza recuperarse de los abusos que se cometen a favor de la extracción de recursos energéticos no renovables como el petróleo, aunque la ciencia le haya dado luz verde al hidrógeno, energía abundante, barata y limpia.

A diferencia de la tragedia puntual y sensacionalista de la British Petroleum, que tiñó las aguas del Golfo de México con una mancha negra, Nicolás Zambrano, un juez ecuatoriano condenó a la empresa petrolera estadounidense Chevron a pagar una indemnización de 9,5 millardos de dólares por severos daños ambientales en la Amazonia del Ecuador.

Aproximadamente 30.000 miembros de comunidades amazónicas promovieron la acción contra la Chevron que se arrastra desde hace varios años. Aunque la Chevron compró la Texaco en 2001, el juez Zambrano, de la provincia nordestina de Sucumbios, también condenó a la empresa Texaco por daños causados entre 1964 y 1990 al medio ambiente de Ecuador.

¿La Texaco creyó que se zafaría de los errores del pasado?

¡Qué se valide el dicho que «la justicia tarda, pero llega»!

La acusación que se mantuvo en el juicio se refiere a la liberación de productos tóxicos sobre el suelo y el agua de la Amazonia ecuatoriana, lo que afectó la salud de los indígenas con aumento de la incidencia de cáncer), disminuyó especies animales, arruinó áreas forestales e impidió cultivos.

Mientras tanto, la publicidad mundial del tema será mucho mayor que la chance de los ecuatorianos de recibir parte de la indemnización millonaria. En otras palabras, la condena abre un precedente para la evaluación de los daños ambientales en otras regiones del mundo y el papel de la sociedad civil como protagonista de acciones contra las empresas predadoras.

El recelo del presidente ecuatoriano Rafael Correa fue tanto, que anunció la neutralidad del gobierno frente a una acción impulsada –según él– solamente por comunidades amazónicas. Su defensa mitiga la reacción de la Chevron de que la situación ha sido tomada políticamente o como una forma de extorsionar a una empresa rentable.

Se perdonan cada vez menos los abusos de las corporaciones contra la naturaleza, independientemente de cual sea su justificación. Desechos industriales pueden llevar millones de años para descomponerse mientras perjudican la fauna y la flora que siempre habitaran una región determinada.

Un pedazo de papel lleva de tres a seis meses para descomponerse en la naturaleza, mientras que un material plástico demora entre 100 y 450 años, y una botella de vidrio hasta un millón de años. Los desechos industriales no sólo pueden durar mucho tiempo en la naturaleza, sino que tienen un efecto destructivo irreversible.

Basta apreciar el refugio de animales silvestres en zonas urbanas del Brasil, tales como aves exóticas, zorros o sapos, que cuando no son enjaulados y traídos a la vida en la ciudad (como en el caso de guacamayas, papagayos y tucanes) aparecen perdidos de las casas o muertos por atropellamiento u otras causas antinaturales.

Quito, la capital ecuatoriana fue sede de la 3ª Reunión de Cooperación Técnica entre Brasil y Ecuador. Esos países acordaron proyectos en las áreas de agropecuaria, medio ambiente y telecomunicaciones. El evento encaja en el momento en que la presidenta brasilera Dilma Rousseff prioriza las relaciones con América del Sur, Estados Unidos y China.

El medio ambiente es uno de los temas principales en la agenda de los países Sudamericanos, dónde el Brasil de Lula y ahora Dilma –en sinergia con los esfuerzos del Canciller António Patriota- reforzará los pilares del Mercado Común del Sur (MERCOSUR) y de la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR), organismos que prometen un desarrollo más autónomo para la «América Nuestra».

Al mismo tiempo que se juzgan los crímenes ambientales en Ecuador, el Brasil podría hacer más ruido sobre la instalación de la usina hidroeléctrica de Belo Monte en el Estado de Pará, o sobre el impacto que tendrán los reajustes de tarifas del excedente de energía eléctrica que el Brasil compra a la mitad paraguaya de la mega obra hidroeléctrica de Itaipú, en Foz de Iguazú.

El pequeño Ecuador da lecciones de gigante al «emergente» Brasil, especialmente en la capacidad de los nativos para contener los abusos de los paladines del capitalismo, cuyo sistema es antinatural, destructivo, embrutecedor y entorpecedor.

La condena a la Chevron sacude el sopor de aquellos que ven las recién descubiertas reservas petroleras del «Pre-sal» como una panacea para Brasil, que permanece aferrado a modelos jurásicos de desarrollo.

Fuente:http://www.aporrea.org/internacionales/a119289.html

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