octubre 31, 2020

No son tiempos para defender a Milton Friedman

¿Es ridícula la propuesta boliviana de declarar los Derechos Fundamentales de la Madre Tierra? La Heritage Fundation piensa que sí, y también piensa que es peligroso para la libre empresa, que asegura que es buena para cuidar el medio ambiente. Sus argumentos son difíciles de creer en estos tiempos, sobre todo después de catástrofes ecológicas ocasionadas por compañías sin frenos como la British Petroleum, TEPCO o la Union Carbide. Dos de estas ocurridas en los últimos dos años, una aún sin resolver.

Un artículo publicado por esta organización titulado “¿Derechos Humanos para la madre Tierra?” expresa el escepticismo que sienten los defensores del liberalismo económico tipo Milton Friedman, que además califican como “dañinos” todos los esfuerzos de regular la actividad económica para proteger el medio ambiente. “Dañinos”, claro está, para el crecimiento económico y para las tasas de ganancia de las grandes corporaciones.

En el escrito también se cuestiona si en realidad el objetivo es beneficiar al planeta Tierra o a la población indígena de Bolivia. “Aunque la ONU fuera a resolver esa cuestión —continua el artículo—, nos dejaría con un tratado internacional basado en una concepción del mundo de un segmento particular de uno de los países de Sur América (…) la población indígena de este país (…) considera a los seres humanos “iguales al resto de las entidades””

Su autor es Kenneth Spence, un miembro del Programa para Jóvenes Líderes de la Fundación Heritage. Él considera “absurda” la cosmovisión de los pueblos indígenas de Bolivia, así como también considera “absurda” la propuesta que le presentará Bolivia a la Organización de Naciones Unidas (ONU) sobre dicha declaración de derechos. Pero más allá de su valoración sobre como ven el mundo otras culturas, su argumentación contra declarar tales derechos y crear una autoridad que los proteja obviamente defiende a rajatabla los principios del libre mercado.

“Los EE.UU. ni siquiera necesitan firmar el acuerdo, porque ya tienen una “autoridad” para la Madre Tierra en la Agencia de Protección Medioambiental (EPA, por sus siglas en ingles) (…) La EPA la hecho un daño tremendo daño al sector privado en nombre del ambientalismo (…) Y, por supuesto, no hay razones para pensar que una autoridad para la Madre Naturaleza sería más transparente que cualquier otro de los burócratas de la ONU, o americanos”, sostiene Spence.

Pero aunque él no se toma muy seriamente la visión de los pueblos indígenas de Bolivia, sí se toma en serio la propuesta de Bolivia. “La introducción de Bolivia de un tratado de la Madre Tierra en la ONU debería tomarse seriamente. No porque los EE.UU. lo adopten sino porque la EPA ya está liderando el camino hacia un ambientalismo despótico”, advierte.

Y concluye indicando, aunque sin mucha argumentación, que, “son las naciones cuyas economías están posicionadas como las más libres las que hacen lo mejor para proteger el medio ambiente, mientras que las menos libres hacen lo peor”.

Razones para sospechar

Es difícil estar de acuerdo con Spence cuando se toma en cuenta lo que la falta de restricciones al sector privado le ha hecho al medio ambiente durante los últimos dos años solamente. De la misma forma es difícil imaginar que lo que EE.UU. haya estado sufriendo últimamente sea un “ambientalismo despótico”. ¿Por qué? Solo es necesario mencionar dos incidentes puntuales: el derrame de crudo en las costas del Golfo de México y la actual crisis nuclear que amenaza a la población japonesa.

De hecho, el comentario de Spence es muy puntual. Coincide, pues, con la celebración del Día Internacional de la Madre Tierra y, además, con el año que acaba de pasar desde el derrame cuya responsabilidad recayó directamente sobre la British Petroleum (BP). Es por eso que es difícil imaginar que la EPA este ejerciendo un “ambientalismo despótico” cuando esta fue acusada de no regular la actividad de la empresa petrolera cuyo accidente ha sido calificado de catástrofe ambiental.

BP

El 20 de abril de 2010 una explosión en la plataforma petrolífera Deepwater Horizon, propiedad de BP, costó la vida de 11 trabajadores y provocó un derrame de petróleo desde el fondo del mar que se calculó en 35.000 y 60.000 barriles por día. La extensión de la mancha negra cubrió 6.500 km2 del mar cercano a las costas de los estados de Luisiana, Mississippi, Alabama, Texas y Florida. Su costo ecológico aún no se ha medido pero está comprobado que el ecosistema marino tardará hasta décadas en recuperarse, de la misma manera que esta comprobado que hasta ahora perecieron 2.624 animales; entre ellos 2.095 aves, 467 tortugas, 61 delfines y otros mamíferos y 1 reptil. Y lo dice Wikipedia.

El juicio para que la BP pague por los daños causados comenzará en febrero de 2012 y es impulsado por miles de estadounidenses y sus estados. De todos modos, este incidente demostró que la compañía había obviado varias medidas de seguridad que hubieran evitado el desastre y la EPA fue duramente cuestionada durante aquellos días.

TEPCO

Otro caso más reciente es el de la compañía japonesa TEPCO y la crisis nuclear desencadenada después del terrible terremoto 8.8 en la escala de Richter y un posterior tsunami que elevó el nivel del mar hasta diez metros. Luego de que la naturaleza ocasionó todo el daño posible, tres reactores de la planta de energía nuclear de Fukushima entraron en sobrecalentamiento y sus núcleos comenzaron a emitir niveles de radiación que se hicieron sentir hasta Tokio, que no estaba cerca.

TEPCO, la compañía dueña de esta planta nuclear, no quiso informar al gobierno nipón ni a la población cercana a sus instalaciones dañadas, pero tuvo que hacerlo una vez que sus reactores comenzaron a explotar. El resto aún sigue haciendo noticia, pues no se ha logrado salir de la situación de peligro y los reactores aún no han sido completamente controlados.

Miles de metros cúbicos de agua radiactiva fueron liberados al océano como parte del esfuerzo por enfriar los reactores y de no lograrse solucionar esta crisis se corre el riesgo de repetir el desastre de Chernobil, que durante los 80s dejó una ciudad entera como territorio inhabitable, además de matar a mucha gente de cáncer.

Aunque el Estado japonés controla a sus empresas más rigurosamente que el estadounidense, las acciones de la compañía TEPCO durante el incidente fueron condenadas duramente por las autoridades gubernamentales de ese país, quienes la acusaron de no tomar las medidas necesarias para controlar la fuga radiactiva hasta que fue demasiado tarde.

Una tragedia

Y así, los ejemplos se suman. Si tuviéramos que retroceder en el tiempo un poco más también mencionaríamos la Tragedia de Bhopal, tragedia en todo el sentido del término, pues le costó la vida a nada menos que 20 mil personas, además de dejar con secuelas de por vida a 150 mil. ¿Qué pasó? La compañía estadounidense Union Carbide aprovechó la permisiva y liberal legislación de la India para instalar una fábrica de pesticidas cuyo pésimo mantenimiento fue la causa directa de una fuga de 42 toneladas de isocianato de metilo al aire. La Union Carbide aún se niega a pagar una indemnización a los afectados sobrevivientes o la las familias de los muertos. La India lo respeta, se trataba de un sistema de libre empresa, después de todo.

Ninguna de estas historias termina bien. Entonces ¿porqué aún defender la libre empresa a ultranza? ¿con qué argumentos? Se trata de una cuestión ideológica está claro. Pero también de una cuestión de fondos. Una investigación de Green Peace —no exactamente un bastión contra el capitalismo— demuestra que entre 2005 y 2008 la Heritage Fundation recibió 1.62 millones de dólares de varias empresas petroleras, de acuerdo a una publicación del periódico británico The Guardian titulada “US oil company donated millions to climate sceptic groups, says Greenpeace”, publicada el 30 de marzo de 2010.

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