octubre 30, 2020

El costo de un error y el precio de la estabilidad

La factura del error del 26 de diciembre de 2010 fue grande y aún no está del todo saldada. Pero el precio de la estabilidad, después de una intensa medición de fuerzas, no ha sido tan significativo. Hasta se podría decir que hubo un relativo empate con un ligero predominio del Gobierno.

El error, como para no volverlo a repetir

Nunca cuestionamos el contenido de la medida del 26 de diciembre pasado, pero si la forma y la oportunidad. Y el haber subestimado la capacidad de reacción de los afectados fue otro error, que sumado al primero, el costo total era excesivo. Equivocarse no es del todo malo pues todo el que hace algo siempre puede equivocarse, solamente los que no hacen nada no se equivocan. El reconocer el error es una parte de la solución, pero la enmienda y cuanto antes, es lo mejor. Pero el Gobierno demoró demasiado en repararlo. Esto fue el peor error que tuvo que pagar en ruidosos y largos días de perjuicio para la ciudadanía con marchas y bloqueos y le hicieron perder gran parte de credibilidad.

La desmovilización condicionada

El convenio compromete un incremento del 1 % más en agosto próximo, cuatro meses de cuarto intermedio; este es el precio de la estabilidad.

Los dirigentes sindicales saben que la lucha salarial, es el comienzo de la lucha de clases, que es una lucha reivindicativa permanente mientras exista capitalismo privado o de Estado. Esta lucha no resuelve la situación de explotados de los trabajadores porque la burguesía tiene formas y medios de exprimir a los trabajadores. Por eso todo reajuste o incremento salarial, retorna a los bolsillos del empresariado. Por eso de la lucha salarialista o reivindicacionista, necesariamente se pasa a la lucha política para cambiar el sistema cómo única condición para librarse de la condición de asalariado y explotado.

Por eso los políticos de oposición y de ultra izquierda estuvieron inmersos en esta movilización que concluyó con el convenio de los 8 puntos.

El fracaso de la udepización y de la revolución proletaria

Los anteriores intentos de udepización fracasaron estruendosamente cuando Branco Marinkovich casi duplica el precio del aceite y los ganaderos del oriente decidieron no enviar carne al occidente. También fracasaron cuando tomaron las oficinas públicas prometiendo a la población mejores y más eficientes servicios mediante el nuevo Estado de la “Nación Camba”. Las bases populares no se arriesgaron y los movimientos sociales los repudiaron.

Pero este último intento de udepización fue el más serio porque partió de un error del Gobierno al que se sumaron otros errores ya mencionados, y los movimientos sociales se vieron en la disyuntiva de apoyar o no, de validar la reacción y liderazgo de la COB o de confrontarla. Insólito esfuerzo habría costado el dinamizar a los movimientos sociales que apoyan al Gobierno para enfrentar a la COB y a ésta le hubiera costado perder todo lo acumulado hasta ahora en una confrontación con los movimientos sociales más afines al Gobierno. Esta fue, la mayor amenaza para la COB y hubiera sido una aventura para el Gobierno porque no garantizaba un resultado positivo. El ejército israelí se lanza a la aventura “cuando todos los riesgos probables son aceptables”. Pero el Gobierno boliviano, que en este caso era el ejército en la mira de los movilizados, felizmente optó por la negociación y el convenio, con el tiempo y el cansancio de los movilizados y de la población perjudicada a su favor. Las maratónicas negociaciones dieron su fruto de retorno a la estabilidad pero a muy alto precio, como para no volver a repetir los errores cometidos.

Y la ultraizquierda expresada por el trotskismo boliviano, por su influencia en el magisterio urbano, merece algunas líneas porque ignorarla sería peor.

La archiconocida estrategia de convertir todo conflicto reivindicativo en un conflicto político, no aceptando ninguna resolución del conflicto para “concientizar a las masas” y elevarla al nivel revolucionario para el Gobierno obrero-campesino, liderado por el proletariado, falló una vez más, razón por la que esta tendencia es conocida como “la estrategia de la derrota”. Fueron los primeros en movilizarse y los últimos en volver a sus fuentes de trabajo prometiendo una “movilización permanente”, en concordancia con su método de “revolución permanente” a través de la acción directa. Mientras el magisterio urbano no se dote de otra dirección, este problema persistirá porque no cambiarán su estrategia ni su método de lucha. Si cambiaran no serían trotskistas.

Reorganizar la base social del proceso de cambio y recuperar la confianza, es el balance positivo del conflicto

El proceso de cambio es el punto de unidad de la mayoría democrática que le dio la confianza al Presidente Evo Morales con su Instrumento político MAS-IPSP para que ejecute los cambios en paz y en democracia. Pero si el cambio no avanza ni se materializa en beneficios concretos para el pueblo, la desconfianza crece proporcionalmente al no avance del proceso.

Y lo peor sería la confrontación que más bien pudo evitarse entre organizaciones de la base social del proceso, pero no estamos libres de la desorganización y desmoralización o el pase de bando de personalidades, representantes sociales y de algún militante del proceso hasta ahora. Una buena parte de estos disidentes se reorganiza para “reconducir el proceso” que resulta una ilusión porque el proceso ya es de todo el pueblo consciente de que antes que dividir hay que sumar y cualificar los liderazgos. Los disidentes, que suman y siguen, como la derecha, no tiene propuesta, ni organización ni liderazgo y peor aún si todos se consideran líderes, terminarán peleados entre ellos. La consciencia de esta realidad, es lo único positivo de este balance del conflicto.

Recordar el pasado para aprender y salvar el futuro

Recordemos que la Revolución Nacional de 1952, se acabó cuando el frente de clases (clase media, obreros y campesinos) se fracturó y cada quien se fue o creó sus propias opciones: los obreros con el PRIN de Lechín; los campesinos en Pactos militar-campesino con los militares (Barrientos primero) y la clase media se alineó con el imperio del norte a través del Punto Cuarto, la Estabilización Monetaria y la Alianza para el Progreso. Esta reversión del nacionalismo revolucionario por falta de visión estratégica y convicción ideológica de sus líderes, por fraccionamiento de la base social y por la presencia imperial directa a través de sus propios emisarios y del liderazgo del MNR, acabaron con un proceso nacido con insurrección popular.

Que no se disperse ahora la base social del proceso, que se reorganice unitariamente, y que el Gobierno haga los esfuerzos por recuperar la confianza con medidas de alta credibilidad para recuperar la confianza del pueblo e ir ganando meta tras meta de este proceso que por ahora es el único y debemos reforzarlo. Lo contrario pondrá en juego nuestro futuro.

Be the first to comment

Deja un comentario