octubre 29, 2020

Las prioridades regionales de Obama

Barack Hussein Obama, culminó su primer visita de cinco días por nuestra América morena, visitando Brasil, Chile y El Salvador. Si bien, la gira del primer mandatario estadounidense no acabó de colmar las expectativas regionales, se valoran el ofrecimiento de una nueva alianza entre Estados Unidos y la región basada en el diálogo, el respeto y la cooperación entre “socios iguales, puesto que América Latina es más importante que nunca para la prosperidad y la seguridad de Estados Unidos”.

Personalmente, no veo factible una relación igualitaria y, por ende, no creo que vaya a darse un giro en la agenda después de la visita de Obama el reciente marzo. Es muy evidente la desigualdad de recursos y el ejercicio de poder entre ambos bloques. Para que los cambios sean visibles se requieren decisiones políticamente costosas para el Partido Demócrata, decisiones que obviamente no serán tomadas.

Pero, al margen de los elogios a una región en movimiento lista para asumir un papel más importante en el mundo, de las ya conocidas buenas intenciones y de la supremacía de la retórica sobre propuestas concretas y resultados viables, destaco el relanzamiento moderado de las relaciones con América Latina a través del planteamiento de temas bilaterales específicos en cada uno de sus destinos visitados.

En este contexto, preocupa que en los postulados de Política Exterior de los países andinos y en sus líneas de prioridades internacionales se adviertan una escasa identidad, débil cooperación subregional y una serie de dinámicas contradictorias en sus relaciones bilaterales debido al peso de la agenda bilateral norteamericana, a nuevos escenarios político-económicos mundiales, a la recurrencia de conflictos territoriales, y a tensiones interestatales en temas de defensa nacional, entre otros.

Si bien, entre Estados Unidos y Latinoamérica existen importantes áreas de interés común (comercio, inmigración y lucha contra el tráfico de drogas), y a pesar de que la administración Obama no desestima la importancia que conllevan la libertad y la democracia en nuestro continente, está muy claro que las prioridades estadounidenses se centran en paliar la recesión económica, en mitigar la problemática atómica en Japón y en resolver los conflictos librados con Irak, Libia y Afganistán y no en América Latina. En fin, no hay mal que por bien no venga, basta recordar que cuando el coloso del norte no se ocupó de nosotros nos fue mucho mejor.

Por otra parte, en las relaciones con Estados Unidos, la subregión se va abriendo una visión que reclama una estrategia regional que trascienda el combate de fuerza antinarcóticos y se oriente a canalizar recursos para un desarrollo alternativo del sector rural, de las zonas fronterizas, y que movilice recursos internacionales de asistencia para el desarrollo e inversiones en capital humano y financiero.

No podemos dejar de considerar que Latinoamérica es la región con mayor distribución desigual de tierra, capital, educación, tecnología, y que sus recursos públicos internos son insuficientes para realizar las inversiones necesarias para cumplir los Objetivos de Desarrollo del Milenio. Es menester destacar, que en el Despacho Oval de Washington se deberá entender que no es viable operativizar una política homogénea para la región, pues ésta es muy diversa, siendo las urgencias y necesidades sudamericanas muy diferentes a las centroamericanas y caribeñas.

Por estas razones las necesidades latinoamericanas tienen como punto básico de partida la concreción de una agenda de aliento, participación y diálogo interactivo en las relaciones estadounidense-latinoamericanas, la cual nos permitirá debatir los temas de interés regional sin supremacías hegemónicas. Y si de verdad deseamos una nueva relación, entre socios iguales, la responsabilidad entonces deberá ser compartida.

 

*     Politóloga y magister en relaciones internacionales.

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