octubre 30, 2020

Íntimas: voces femeninas y masculinas en la escritura de Adela Zamudio

por: Mariana S. Muñoz Justiniano *

“En una sociedad en la que es rara la persona que cuando el sol brilla en el zenit se atreva a afirmar que es de día, antes de que otra lo haya afirmado ya ¡ay de aquella que se resista a la corriente social de servilismo que todo lo arrastra y avasalla!” Íntimas. Adela Zamudio (1913)

Desde el ser femenino, de ese ser que es cuerpo y alma —esperanza de vida, argamasa de lo más dulce y lo más severo— quiero referirme a una mujer conocida por muchos de nombre y vocación, pero por pocos a través de los devenires de su vida. Mujeres y hombres intelectuales han estudiado e investigado su vida, obra, amores, pasiones, victorias y derrotas; es emblema del feminismo boliviano aún sin ser feminista ella. Su historia cuenta la historia escondida de muchas otras mujeres (madres, abuelas, bisabuelas…) en el mundo, Latinoamérica y Bolivia. Esta es una breve mirada a la vida y obra de la escritora cochabambina: poetiza, cuentista, novelista, relatora de su feminidad y transgresora de su tiempo 1: Adela Zamudio.

La historia de vida

Según la biografía realizada por Dora Cajías de Villa Gómez, Paz Juana Plácida Adela Rafaela Zamudio Ribero nació un 11 de octubre 2 de 1854 en Cochabamba, lugar donde pasó la mayor parte de su vida. Allí se realizó como escritora y comenzó a publicar sus primeros poemas bajo el pseudónimo de Soledad, a sugerencia de su madre. Ya más tarde, entrada en los 30 años, publicó su primer libro Ensayos Poéticosempleando esta vez su verdadero nombre.

Adela recibió una educación básica —en el Beaterio de San Alberto, donde se formaban las niñas y señoritas de clase alta—. Ante la insuficiencia de la primera instrucción recibida, Adela se hizo autodidacta: su espíritu curioso, creativo y deseoso de saber la llevó a apasionarse por la literatura, abriéndole los ojos y la mente al mundo, comprendiendo en ese camino los límites que tenían las mujeres así como la necesidad de acceder una educación diferente: la laica. Ya como maestra, insistir en promover este tipo de educación le costó la enemistad y desaprobación de los sectores conservadores y de la iglesia católica. Pero su postura política, simpatizante de los liberales le posibilitó implementar el proyecto de la educación laica y la educación para mujeres. Sin duda, este es un hecho insoslayable de la historia, ya que Adela Zamudio estuvo en la lucha hasta el ocaso de su vida. Murió un 2 de junio de 1928 y su epitafio —escrito por ella— señala: “Vuelvo a morar en ignorancia, estrella libre ya del suplicio de la vida, allá os espero; hasta seguir mi huella lloradme ausente pero no perdida”.

Aproximarse a su obra

La narrativa de Adela Zamudio devela su tenaz pensamiento y lucha, expuestos en sus escritos publicados en el diario liberal de aquella época, así como en sus poesías, cuentos y novelas que tratan sobre la moral, tema que le preocupó siempre, pues, como apunta Dora Cajías, “…casi toda su narrativa se caracteriza por el tono moralista y aleccionador…” (Cajías de Villa Gómez, 1997).

Su obra refleja además las concepciones y percepciones que ella tenía sobre la vida, la sociedad y el género. Poemas como Nacer Hombre Quo Vadis resumen un discurso por demás de mujer rebelde, política y luchadora que se enfrenta al poder patriarcal. En Íntimas, su única novela, encontramos también estas ideas referidas a la religión, la situación de la mujer y, en general, la condición de la sociedad transversalizadas en las vivencias cotidianas.

La vida y la obra de esta increíble y transgresora mujer es el relato vivo que narra las vicisitudes de las predecesoras de nuestro tiempo, quienes de manera individual o conjunta también tuvieron su lucha —ya sea en la premura y cotidianidad de los trabajos domésticos, el ajetreo de los mercados, la laboriosidad de las tierras, los márgenes de la racionalidad en el mundo intelectual o el apasionamiento en lo artístico—, unas veces solas, otras organizadas; unas veces silentes y otras clamorosas… todas ellas formando parte de la historia, forjando el camino que hoy continuamos recorriendo.

Íntimas: voces femeninas y masculinas en la escritura de Adela Zamudio

Las percepciones y concepciones que Adela Zamudio tenía sobre el género en la sociedad de su época son descritas y cuestionadas en su obra. Un claro ejemplo de ello lo constituye su única novela, Íntimas, publicada en 1913, considerada por ella misma como “un cuentecito para mujeres, inspirado en confidencias de almas femeninas, limitadas y delicadas. 3 Sin embargo esta obra trasciende tal consideración, ya que contiene elementos centrales de su pensamiento crítico sobre el ser hombre y elser mujer, trata temas como el amor, el matrimonio, la maternidad, la soltería, así como también introduce sagazmente pequeñas punciones hacia la iglesia católica, de la cual fue considerada enemiga, siendo tachada muchas veces de hereje y atea, cuando por el contrario era muy creyente, pero no por ello dejaba sin cuestionar una institución que ella consideraba corrompida.

Por ello, esta novela es también el reflejo de su pensamiento respecto a un elemento que le preocupó y sobre el que reflexionó siempre: la moral. De esta manera, Íntimas —al igual que toda su obra— se perfila ante todo como una construcción de la identidad femenina dentro de la literatura nacional así como de su propia subjetividad de mujer, lo cual permite, como bien apunta Leonardo García Pabón en la introducción a la re-edición de esta novela, que Adela Zamudio termine“…inaugurando en nuestras letras el trabajo literario como forma de creación de una identidad femenina, logrando que con Íntimas nuestra literatura —tradicional de los hombres— devenga un espacio donde también la mujer puede proponer y definir su propia identidad”.

Entre voces y espíritus

Íntimas es ante todo una novela epistolar. Contiene dos partes: la primera recoge las cartas de Juan a Armando; y la segunda, las cartas de Antonia a Gracia. Llama la atención la presencia de voces y escrituras masculinas y femeninas en toda la obra. En las cartas de Juan a Armando, Adela adquiere y asume una voz y escrituras masculinas para referirse a temas por lo general asociados con “el ser mujer”. Así, estas cartas, a pesar de tener un tono apasionado, se muestran concretas y presentan argumentos propios del racionalismo masculino. Mientras que, en las cartas de Antonia a Gracia —solo dos cartas muy extensas—, la escritura adopta una forma extensa, con un cariz que define el límite entre la desesperación y la angustia, mostrando claramente una voz y escrituras que se han caracterizado como típicamente femeninas 4.

Con todo, ambas escrituras poseen el don de pasar con facilidad de lo femenino a lo masculino lo cual provoca que, mientras leemos sus aceradas letras sin fijarnos en los personajes, sintamos por momentos que habla una mujer y, en otros, un hombre. Esta escritura “bisexual” —por llamarla de alguna manera— donde hombre y mujer son una sola voz, impresiona aún más cuando se cae en cuenta que está alentada por un espíritu femenino que, a partir de la escritura, desenreda los hilos y desenmaraña el conflicto moral de toda una sociedad en la que las mujeres viven y sobreviven a partir de los juicios que el entorno, la iglesia y la familia (padres, madres, hermanos, esposos, hijos…) emiten sobre ellas.

La mujer, siempre juzgada por cada error que pueda cometer, se debate entre seguir sometida al poder patriarcal o liberarse de él; entre asentar los preceptos morales corrompidos por la iglesia y la sociedad en su conjunto o reivindicar el verdadero cristianismo, una verdadera fe católica que reviva los primeros valores morales de la cristiandad.

En esa encrucijada se encontraba Adela, quien a pesar de comprender las desigualdades sociales y de género, tampoco podía escapar del todo a la propia construcción de su identidad socio-cultural y, por tanto, de género. Pero así y todo, Adela no capitulaba y sus críticas emergen como letras de fuego que consumen y desmoronan las caducas, conservadoras e hipócritas mentes de su tiempo: “Los dos niños, a porfía me explicaron: – son dos, no las casas, sino las mujeres del cura…”(Zamudio, 1913: 17)

Asimismo, en una de las cartas femeninas que componen Íntimas, Adela suscribe las siguientes palabras que repudian a la sociedad patriarcal de su tiempo, palabras que bien podrían ser hoy transmitidas con la misma actualidad que en los días de su vida, pues, además de reflejar ese alto moralismo del cual ella era partidaria, esta es la muestra del complejo espíritu y vida de nuestra autora: “¡Cuán poco necesitan ciertos hombres para irritarse contra una mujer hasta la ferocidad! (174) “Una esposa honrada de rodilla, es más grande que un marido ebrio de cuatro pies” (174.)

Adela-Soledad

Adela dedicó su vida a las letras, la educación y la moral. Nunca se casó. Vivió soltera y cuidó de su madre, su padre, sus hermanos, sobrinos y sobrinos-nietos. Sólo se sabe que tuvo un amor siendo muy joven, amor prohibido por su madre.

En su novela encontramos pasajes que ilustran y reflejan lo que la escritora opina al analizar la soltería frente al matrimonio: “—…un solterón incorregible, que simpatiza con U. y la recuerda/ Contesté— ¿por ser también yo solterona incorregible?/ Y sin preguntar de quien se trataba continuó: Verdad que las mujeres no merecemos nunca ese calificativo, solo el hombre se casa cuando quiere” (Zamudio, 1913:16) “¡Armando mío! Cuán sabio eres en no quererte casar (y …le cuenta más adelante que) la señora notando la ausencia de su esposo, al fin del almuerzo, y advertida ya por ciertos antecedentes, fue a hallarle en casa de unas mujeres de mala vida, avecindadas en cercanías; fuera de sí, había dado un gran escándalo abofeteando en público a su marido, y éste furioso, revólver en mano, hubiera hecho una barbaridad si los compadres y demás concurrentes a la fiesta no hubiesen acudido a contenerlo.”(Zamudio, 1913:7)

También despliega fervientemente en voz masculina las ideas sobre el matrimonio y los roles de hombres y mujeres al respecto, inyectando una dosis crítica contra el poder patriarcal: “La causa primordial de que tan pocas uniones sean felices, siendo tantas las que se realizan por puro amor, reside en la diferencia de ideas que al casarse abrigan el hombre y la mujer. Ambos ignoran sus deberes, no sus deberes materiales…, sino sus deberes morales. Ellas están persuadidas de que la mujer entra en el matrimonio como en un paraíso en el que las solas obligaciones del varón son: buscar el pan y acariciarla, siendo las de la mujer, presidir las tareas domésticas y corresponder a esas caricias(…) el hombre por su parte la juzga incapaz de ascender a la esfera intelectual donde él actúa. Pasado el primer ardor de sus deseos, el marido busca las satisfacciones de su espíritu en los amigos del club…y con frecuencia, en los pacíficos goces de otro hogar(…) mientras la esposa o se embrutece en el aislamiento, o se entrega al misticismo, o frecuenta amistades, ante las cuales él se mantiene indiferente cuando no hostil.” (Zamudio, 1913:100)

Adela no tuvo hijos, fueron sus sobrinos, sobrinos nietos, hermanos, madre, padre y estudiantes sus hijos e hijas. Irónicamente, pese a su espíritu luchador por los derechos de las mujeres en su tiempo, cumplió a cabalidad el ser mujer aprendido e incorporado: cuidadora de los otros. Las mujeres somos aleccionadas para ser madresposas aun cuando no tengamos hijos. Siempre somos madres de los demás, como diría la antropóloga mexicana Marcela Lagarde.

En Intimas encontramos también pasajes referidos a la maternidad, los cuales develan un espíritu egoísta del ser mujer al asumir la condición de madre, la cual puede ser vivida de distintas formas, aún sin estar casada ni tener hijos: “La experiencia y la reflexión desmienten muchos prejuicios. Recuerdo que cuando niño oía afirmar muchas veces que sólo las madres saben amar y compadecer a todos los niños. Hoy creo lo contrario: la maternidad en ciertos casos hace a la mujer egoísta hasta la ferocidad”(Zamudio, 1913:6) “No sabe U. que las tías somos a veces más madres. Mientras éstas gozan de los mimos del esposo nosotras consolamos las penas y acallamos el llanto de los pequeños, pero también gozamos de las primicias de su cariño; su primera sonrisa es para nosotras y nuestro nombre el que pronuncian.” (Zamudio, 1913: 20)

En suma, a partir de sus reflexiones, invectivas y duras críticas, Adela Zamudio termina presentándonos un paradigma de mujer que, aunque hoy no se vean como revolucionarios, interpelaba profundamente los esquemas de su tiempo: una mujer educada, culta, creyente, que sepa defenderse, hacer escuchar su voz y hacerse respetar, persiguiendo la igualdad de género, rompiendo con los miedos y silencios, dominando el mundo, al estilo de la “… hija del hacendado valluno: fuerte, valiente, diestra a caballo como un hombre, que sabe de agricultura y de negocios, viaja sola, tira al blanco, aplica, cuando ofrece cuatro riendazos a un mayordomo insolente y no tiene miedo a nada” (Zamudio, 1913:75).

Bibliografía.

CAJÍAS DE VILLA GOMEZ, Dora (1996) Adela Zamudio, Transgresora de su tiempo.Ed. Ministerio de Desarrollo Humano. Secretaría de Asuntos Étnicos, de Género y Generacionales. Subsecretaría de Asuntos de Género.

GARCÍA PABÓN, Leonardo (1998, 2007) “Máscaras, cartas y escritura femenina: Adela Zamudio en la nación patriarcal” en La Patria Intima. Alegorías Nacionales en la Literatura y el cine de Bolivia. Plural, CESU, UMSS.

ZAMUDIO, Adela (1913) Intimas. Imp. Velarde, La Paz-Bolivia.

*     Investigadora social e integrante del Colectivo de Mujeres Samka Sawuri, CEAM-Bolivia, Pacto Telúrico. Artículo elaborado en base a la exposición realizada en el centro Vesta Médica.

1    Del título de libro de Dora Cajías de Villa Gómez (1997) Adela Zamudio, transgresora de su tiempo.

2    11 de octubre, día que actualmente se recuerda como día de la Mujer Boliviana, en honor a su onomástico.

3    Cit. En Cajías de Villa Gómez (1997)

4    Anecdóticamente, mientras devoraba las páginas de Intimas en una biblioteca de la Universidad Mayor de San Andrés, encontré curioso e interesante que un/a anterior lector/a de aquel viejo y antiguo ejemplar de 1913 (primera edición de Intimas) había dejado algunas notas en las orillas de sus amarillentas páginas, notas que develaban su percepción sobre las cartas de Juan hacia Armando: un tono homosexual “geysisimo, Juan y Armando dentro de un corazón dibujado”. El tono femenino que se encuentra en el personaje de Juan (Adela Zamudio) sugiere la imposibilidad de pensar que el género masculino pudiera sensibilizarse de tal manera con temas como el amor, el matrimonio y las reflexiones sobre el género. De todas maneras hay lecturas y lecturas, interpretaciones e interpretaciones, todas ellas plagadas de nuestros propios prejuicios y preconceptos que hemos incorporado y aprendido a través del poder patriarcal sobre los roles de género, los valores, la moral, etc.

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