
Londres. El mercado del petróleo a nivel global está hoy más tensado que nunca, al límite, con inventarios críticos y precios volátiles que marcan la antesala del verano.
La combinación de un estrecho de Ormuz semicerrado, la caída de la producción del Golfo y la debilidad de la demanda china mantiene al crudo Brent en los 94 dólares, mientras la Agencia Internacional de Energía (AIE) advierte de que los inventarios globales tocarán fondo en plena alta de consumo.
El comercio global de petróleo navega por aguas turbulentas este junio, atrapado entre la escasez física de barriles y una creciente destrucción de demanda inducida por los altos precios.
A cuatro meses del recrudecimiento del conflicto en el Medio Oriente, el mercado se enfrenta a su mayor prueba de estrés energético en décadas, con la antesala del verano como escenario crítico.
El pulso geopolítico sigue centrado en el estrecho de Ormuz, cuya capacidad de tránsito se mantiene muy reducida.
Según los últimos análisis de la AIE, incluso en el mejor de los escenarios diplomáticos, la normalización total del tráfico de petroleros tardaría entre seis y ocho meses.
Mientras tanto, la producción del Golfo Pérsico sufre un recorte efectivo de aproximadamente 14 millones de barriles diarios desde finales de febrero.
Esta hemorragia de suministro resulta parcialmente compensada por el récord de producción en América, con Estados Unidos, Brasil, Argentina y Venezuela aumentando su bombeo, aunque sin lograr cerrar la brecha.
La gran preocupación que domina los titulares de la industria esta semana es el estado de los inventarios.
La AIE alertó de que las reservas globales de crudo están descendiendo a un ritmo histórico, habiéndose reducido en más de 250 millones de barriles entre marzo y mayo.
Con la temporada de máxima demanda por el consumo de gasolina y viajes en el hemisferio norte a punto de comenzar, los expertos de Commonwealth Bank advierten que los colchones de inventario podrían llegar a niveles críticos de estrés operativo entre mediados de junio y mediados de julio.
Esta situación genera lo que los analistas de JPMorgan denominan La calma antes de la tormenta.
A pesar de la gravedad de los fundamentos, el precio del crudo Brent se estabiliza en la franja de los 94-95 dólares por barril en la última semana, muy lejos de los picos de 120 dólares alcanzados en marzo. La razón de esta aparente calma tiene un nombre: destrucción de demanda.
Goldman Sachs estima que la destrucción de demanda inducida por los altos precios alcanzó los dos millones de barriles diarios en mayo. El principal responsable de este ajuste forzoso es China.
Las importaciones de crudo del gigante asiático cayeron en mayo aproximadamente seis millones de barriles diarios en comparación con marzo, situándose en niveles no vistos desde los confinamientos de 2020 .
El mercado se está equilibrando por el lado débil de la ecuación, explicó Toril Bosoni, jefa de la división de mercados de la AIE.
La escala de la pérdida de suministro es demasiado grande, y el ajuste final debe venir de que los consumidores usen menos combustible, sentenció.
Las previsiones para el cierre de 2026 dibujan dos escenarios divergentes. Si el estrecho de Ormuz se reabre parcialmente, los analistas de Commonwealth Bank prevén un retroceso del Brent hacia los 80 dólares.
Sin embargo, si los inventarios se agotan antes de que llegue ese acuerdo, algunos modelos predicen un repunte explosivo que podría llevar el precio a los 150 dólares por barril, forzando a las economías asiáticas más vulnerables a salir del mercado.


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