octubre 28, 2020

La interculturalidad en la política

por: Iván Miranda Balcázar

La cuestión de la ciudadanía en Bolivia es un punto de partida de la reflexión política y sobre el ejercicio de la vida social y la participación de los sujetos en los asuntos del Estado 1, cuyo significado y significación connotan construcción de espacios de inclusión, internalización de un proyecto común de sociedad, posesión o creación y uso de instrumentos democráticos para vivir como ciudadanos, resolver los conflictos y proyectar el bien común. En suma, se trata de la viabilidad de la sociedad y del Estado boliviano.

Obviamente, ciudadanía ya no se refiere sólo al hecho de vivir en la ciudad y participar en el Estado-ciudad, como era el caso de la ciudad griega o romana donde sólo el grupo dominante era el sujeto de derechos y de obligaciones políticas, sino a un proceso y a un resultado, donde convergen dimensiones sociales, económicas, políticas y culturales, pues de trata de una categoría abarcadora, ya que la vigencia de las sociedades actuales está basada, entre otros, en el principio de ciudadanía.

Si bien la interpretación actual retoma el referente descriptivo y restringido de habitante de ciudad, supera esa perspectiva para incluir el ejercicio político, los derechos civiles, el reconocimiento de las diversidades y la interculturalidad, las actividades como sujeto de obligaciones, “sujetado” a normas y creativo en cuanto a nuevas formas de convivencia.

Un tema muy importante en momentos de construcción democrática, pero también en desbordamientos y estallidos sociales de participación democrática que tienden a re/establecer nuevos equilibrios en la democracia formal, como es la dinámica de los denominados movimientos sociales, las reivindicaciones autonómicas de los grupos de interés y la “constitución”, entre otras acciones.

Los procesos políticos bolivianos tienen que ver con la condensación de una historia larga y también de historias cortas, todos ellos insumos que actualmente se muestran en toda su plenitud y que prefiguran la posible estructuración de una sociedad y un Estado por lo menos con instituciones nuevas o en proceso de construcción donde los sujetos individuales y colectivos tienen nuevos compromisos y horizontes.

Es un tema evidentemente complejo, desde el punto de vista teórico, cuando se trata de reflexionar desde paradigmas que conciben la ciudadanía desde el ciudadano; es decir, desde el individuo (indiviso) y su participación en procesos de decisión, desde la idea de igualdad de los derechos y de libertades individuales, en un contexto social en el que persisten modelos de sociedad comunitarios. Pero también enmarañado (abigarrado) por sus connotaciones concretas cuando las prácticas de los sujetos sociales se transforman en hechos políticos, y pretenden traducir el ejercicio individual en función de los intereses de la colectividad.

Es como el problema no resuelto de la manera en que la lógica de los votos individuales se convierte en lógica de voluntad colectiva. Considerada así la variable teórica de ciudadanía (derivada de una formación social “abigarrada” con la que tuvo que lidiar Zavaleta).

El punto de vista republicano y la actual creadora de un nuevo escenario, como el despertar de las autonomías y la formación de hegemonías en torno a los movimientos sociales, por cuyos resquicios los indios están ingresando en el ejercicio pleno del poder, deslumbrados por sus efectos, algunos ya atrapados por sus recursos, con capacidad para “tomar decisiones de alcance histórico más importantes, que cambien de manera durable el destino del grupo humano” (Guerra, 1980: 45), cuando los blancoides (una categoría comprensible sólo desde el punto de vista antropológico) o de los supuestos blancoides (en un país donde la mayoría se autoidentifica como mestiza, una categoría que permite el análisis sociológico), se encuentran en los filos de los círculos de poder, frustrados, casi indiferentes e incluso agarrotados por el cambio, y de esa manera cómplices —consciente o inconscientemente— de las dominaciones y dependencias que se están creando en el nuevo proyecto estatal (Lechner).

Asistimos, pues, a la ruptura del silencio y la explosión social que destroza la dependencia mental arrastrada durante siglos de expoliación, explotación y exclusión que intenta la definitiva caducidad del Estado liberal de derecho y reemplazar en su lugar con el proyecto nacional que es el eje perdido de la historia por la ausencia de la totalidad social en el campo de las relaciones de poder. En ese campo de certidumbre se encuentra el trabajo intelectual y la práctica social para la formación de un sistema político intercultural en proceso de construcción.

1    “El término ciudad y ciudadanía viene de ‘civitas’, como la llamaban los romanos. Era el lugar donde habitaban los ciudadanos, es decir, aquellos a quienes les estaba permitido participar en los asuntos del Estado, que en su versión romana era la misma ciudad, o sea la Ciudad-Estado. Por ello se diferenciaban de los extranjeros (los llamados ‘bárbaros’), de los esclavos y de otros excluidos de ese espacio y de ese modus vivendi” RODRÍGUEZ R., Jahir.Ciudad educadora: Una perspectiva política desde la complejidad.

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