octubre 28, 2020

Centro Agua, colectivo CASA y LIDEMA opinan: Sobre el Pilcomayo, la minería y los convenios internacionales

A finales del mes pasado los medios de comunicación bolivianos y argentinos informaron sobre la casi extinción del sábalo en la cuenca del río Pilcomayo y el grave efecto que esto tenía para las poblaciones que habitan a su alrededor. Las causas parecen ser tres: la contaminación producida por la industria minera en los lados boliviano y argentino, los efectos del calentamiento global que adelantaron la reducción del nivel del agua en dicho río y el incumplimiento por parte del gobierno argentino en dragar las aguas que su industria minera y constructora contamina. Aún con todo esto, la pregunta de si es posible desarrollar más la industria minera en Bolivia sin ocasionar daños irreversibles al medio ambiente vuelve a surgir.

El Pilcomayo es un río que nace en la cordillera oriental boliviana y se extiende hasta territorio paraguayo y argentino. En sus aguas habitan una infinidad de peces, entre los cuales está el sábalo, fuente de sustento económico para varios pueblos que habitan por la región, como es el caso del pueblo weenhayek  La disminución de la población de esta especie de pez fue tan dramática que un tradicional festival de pesca que se suele realizar anualmente en mayo tuvo que suspenderse este 2011 porque simplemente ya no había peces en el río.

Este río se secó más rápido que de costumbre este año, posiblemente debido a los efectos del calentamiento global que se expresan en una ola de sequías que afectan sobre todo a la parte sur de Bolivia. La Argentina también sufre las consecuencias de esta temporada seca adelantada. La acumulación de sedimentos en la provincia de Formoza secó esa región también de forma dramática.

Pero su equilibrio ecológico también se ve afectado por la actividad humana, que a través de la industria minera y de construcción acumula sedimentos en sus profundidades y hace más difícil el trayecto que los peces deben recorrer para realizar el desove.

Los weenhayek  son un pueblo indígena cuyo sustento económico depende casi totalmente del sábalo. Ellos bloquearon varias rutas de la zona en demanda de una solución por parte de autoridades gubernamentales al problema en cuestión. En respuesta, la cancillería boliviana anunció que la provincia argentina de Formoza comenzaría desde el último viernes de mayo las labores de excavación y dragado para descontaminar esas aguas y así satisfacer la demanda de las comunidades indígenas de la región.

Al parecer, el meollo del asunto no parece estar en los efectos que tienen la contaminación minera en cuencas como la del Pilcomayo solamente, sino también en el incumplimiento por parte de Argentina en retirar los sedimentos resultantes de su actividad industrial en la zona. Más concretamente, en febrero de 1995, Bolivia, Paraguay y Argentina firmaron el Acuerdo Constitutivo de la Comisión Trinacional para el Desarrollo de la Cuenca del Río Pilcomayo, que luego estableció obligaciones para las tres naciones en cuento a la conservación de este caudal, entre ellas, el retiro de sedimentos resultantes de su actividad industrial.

A esta inacción del Estado argentino se refirieron representantes de la Liga de Defensa del Medio Ambiente (LIDEMA) y de la Coordinación de Acciones Socio Ambientales (ColectivoCASA).

Edwin Alvarado, coordinador nacional de Comunicación de LIDEMA, señaló que, “debió haberse desarrollado el retiro de sedimentos por parte de argentina desde 2008, hubo inacción”.

Silvana La Fuente, responsable de industrias extractivas del Colectivo Casa, también indicó que, “Este es un problema que se viene arrastrando desde años atrás. En 2008 se firmó un convenio trinacional entre Bolivia, Paraguay y Argentina para el manejo de la cuenca del Pilcomayo que contemplaba muchas cosas (…) el acuerdo tri nacional consiste en que el lado paraguayo y argentino hagan el dragado del río, algo que no se ha estado cumpliendo (…) este año ha llovido menos y se han producido más sedimentos, que se han estancado en Formoza, en el lado argentino. Para el dragado debieron haber actuado antes, sin embargo se han retrasado mucho, y ahora lo están haciendo”.

No obstante, esto no quiere decir que Bolivia este libre de culpa. La Fuente también mencionó las obligaciones asumidas por el lado boliviano para la conservación del río. “Del lado boliviano se había quedado en hacer una inspección masiva a los ingenios mineros que están la zona de Potosí, sobre todo. Hasta donde sabemos, la inspección de ingenios empezó en 2005 y se cerraron 19 ingenios de los 32 que existían por no tener diques de cola o tenerlos en mal estado”, afirmó.

Alvarado, por su parte y con cifras algo diferentes, apuntó que, “en la parte alta del río Pilcomayo, que está en Bolivia, existen 46 ingenios mineros sin diques de cola”. Estos “diques” son presas donde se acumula las aguas residuales producto de la actividad minera de gran y mediana envergadura. Aunque su uso es de todos modos cuestionado por ciertos ecologistas, su función bien ejecutada evita que las aguas contaminadas terminen en ríos como el Pilcomayo.

Estaba claro que la industria minera y de construcción tienen consecuencias sobre el medio ambiente de todos modos. Al respecto, Alfredo Duran Nuñez del Prado, Coordinador General del Centro Andino para la Gestión y Uso del Agua (Centro AGUA), afirmó que el que la industria minera sea o no nociva al medio ambiente también es una cuestión de tecnología y costos. Durán sostuvo que la tecnología para la descontaminación del agua ya existe, incluso para la transformación del agua salada en agua dulce, pero dicha tecnología es costosa.

La pregunta en este caso fue ¿es posible desarrollar una industria como la minera, en cualquiera de sus escalas, sin deteriorar irreversiblemente el medio ambiente?

“No creo que se pueda industrializar más y no contaminar”, fue su conclusión lapidaria

Alvarado opinó de forma diferente. “Es posible, pero se debe tener apego a la normativa boliviana de cuidado al medio ambiente”, aseguró.

En eso estuvo de acuerdo La Fuente, quién dijo que, “sí es posible, pero en el marco de que existan verdaderas políticas nacionales de control y seguimiento a las operaciones mineras (…) políticas que actualmente no existen, ya que los pequeños cooperativistas se oponen a ellas”

La actividad industrial del ser humano ha demostrado ser esencialmente nociva para el medio ambiente, sobre todo la minera, que requiere siempre de grandes cantidades de agua para funcionar. Pero en este caso la dramática disminución de peces en el río Pilcomayo pareció responder más a un retiro tardío de los sedimentos que desechan los ingenios mineros en la zona que a la contaminación misma. Sumando a eso una temporada de sequía que se adelantó en casi dos meses seguramente producto del calentamiento global.

De todos modos, como explicó La Fuente, las políticas de prevención a la contaminación resultan más baratas que las de reparación de la contaminación. La conservación de la fauna piscícola en la cuenca del río Pilcomayo depende de la voluntad de los tres países que comparten sus aguas para evitar que su actividad industrial resulte nociva de forma irremediable y de que cumplan con sus responsabilidades para la conservación de este río del cual dependen cerca de100 comunidades.

Otros hechos relevantes de la semana

 

Lunes 30

La ministra de de Transparencia y lucha contra la Corrupción, Nardi Suxo, anuncia que la sentencia de 8 años de cárcel para el ex prefecto de La Paz, Luís Alberto “Chito” Valle, no es el fin del caso de corrupción que protagonizó la ex autoridad departamental y que los esfuerzos ahora deben encaminarse a recuperar los casi 17 millones de dólares que perdió el Estado por dicha causa.

La ministra de Desarrollo Productivo y Economía Plural, Teresa Morales, advierte que se realizarán controles para evitar la especulación con el precio del azúcar, que se vende normalmente desde la pasada semana y ya no desde la Empresa de Apoyo a la Producción de Alimentos (EMAPA). Anuncia duras sanciones contra quienes vendan el producto a un costo mayor a 6 Bs., pues serán procesados por agio y especulación.

Martes 31

Los comunarios aymaras peruanos levantan su bloqueo de las principales carreteras entre su país y Bolivia debido a las elecciones presidenciales en las que tendrán que participar este domingo 5 de mayo. Su demanda es la cancelación de toda concesión minera en el sur de Puno (particularmente en rechazo a la a la empresa minera canadiense Bear Creek), pues consideran que dicha actividad contaminaría el medio ambienten en desmedro de ellos.

Miércoles 1

Jorge Jesús Barahona, director departamental del Instituto Nacional de Reforma Agraria, (INRA), entrega 241 títulos ejecutoriados al Sindicato Agrario de Azari Bajo, ubicado en el departamento de Chuquisaca.

Se suspende la apertura de pruebas del caso del general retirado que fue detenido este año en Miami por narcotráfico, René Sanabria, debido a la ausencia de los abogados de dos implicados.

Jueves 2

El ministro de Trabajo, Félix Rojas, presenta su renuncia salpicado de acusaciones de corrupción y acoso sexual y es reemplazado por Daniel Santalla Torres en el cargo. Después de dejar la cartera de Estado acusa a “masistas resentidos” de “confabular en su contra”, mientras Santalla afirma querer recuperar relaciones con al Central Obrera Boliviana (COB). Ente matriz que este año se ha distanciado del Gobierno.

Viernes 3

Indígenas mojeño-trinitarios, yurakarés y chimanes del Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro Sécure (TIPNIS) anuncian estar listos para evitar incluso por la fuerza  la construcción de la carretera Villa Tunari-San Ignacio de Moxos, que, según ellos, destruiría su medio ambiente.

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