octubre 26, 2020

Bolivia y Chile: una controversia sin solución

por: Fernando Cajías de la Vega *

Lo que Chile no cuenta es que la reivindicación marítima es una de las pocas políticas de consenso nacional. La memoria de la costa no se ha perdido y se enciende cada cierto tiempo ante la desesperación de los vecinos. Desde hace 132 años, Bolivia ha optado por la vía de la negociación para retornar al mar, con una clara posición pacifista, unas veces por la negociación bilateral, otras veces por la multilateral.

Bolivia por su ubicación geográfica, su biodiversidad y su multiculturalidad pertenece a varias macroregiones. Una de ellas es la del océano Pacíifico, compartida con los estados vecinos de Perú y Chile.

Varias circunstancias históricas han impedido que los tres países actúen con objetivos comunes dentro de un bloque trinacional, condición que favorecería su presencia dentro de la inmensa cuenca del Pacífico. Por el contrario, la historia entre los tres países ha sido más de quiebres y de rupturas que de convenios y de acuerdos. Pocas veces las ya escasas negociaciones han sido abordadas trinacionalmente.

La controversia se remonta hasta el siglo XVIII cuando, a consecuencia del florecimiento de Buenos Aires y las rutas comerciales del Atlántico, comienza el auge de Valparaíso que entra en competencia con el Callao.

Esa lucha de los dos grandes puertos por la hegemonía en el Pacífico heredan las dos nacientes repúblicas de Perú y Chile, pugna, que como se sabe, terminará a favor de Valparaíso que tendrá su hegemonía hasta la construcción del Canal de Panamá.

El triunfo de Valparaíso se debe fundamentalmente a su alianza con los capitales británicos que instalan en ese puerto sus principales capitales comerciales y financieros, convirtiendo a ese puerto, en un puerto de reexportación de los productos ingleses al resto de repúblicas sudamericanas de la costa del Pacífico, entre ellas Bolivia. El puerto de Cobija fue dependiente de Valparaíso.

El gran intento por romper esa hegemonía y dependencia fue la Confederación Perúboliviana creada por el Mariscal Santa Cruz uno de cuyos objetivos fue fortalecer el puerto de Arica, como puerto de ambos países. Intento frustrado al vencer el gobierno chileno la guerra contra el Mariscal.

Mientras Perú y Bolivia vivieron un largo periodo de pugnas internas en la búsqueda de su definición como Estado, la oligarquía chilena tuvo la capacidad, desde 1830, de imponer su proyecto de Estado, lo que le dio una mayor estabilidad. Un proyecto de democracia restringida y excluyente, de autoritarismo, pero exitoso y cuyas desigualdades recién explotarían en 1890.

Esa llamada república portaliana tuvo un claro proyecto político territorial de expansión hacia el sur y hacia el norte rompiendo los límites del Bío Bío y del Maule respectivamente. Hacia el sur el avance se dio a costa de los indígenas rompiendo el pacto de éstos con la corona española y ese avance fue detenido por la Argentina. El avance hacia el norte fue a costa de Bolivia y Perú.

El avance hacia el norte se inició en 1840 cuando el gobierno chileno adujo tener derechos sobre el desierto de Atacama. Ese año empezó la controversia sin fin, o sea, 171 años de negociaciones sin solución real. El desierto de Atacama, territorio antes despreciado, se convirtió en uno de los territorios más deseados por las riquezas que encerraba: guano, salitres, plata, cobre.

El conflicto de límites ocultaba la verdadera razón de la expansión: la apropiación de las riquezas naturales. Mientras las misiones diplomáticas se reunían para aclarar los límites, Chile invadía el territorio con capitales y trabajadores, expansión aliada al capital inglés.

Los límites que Chile reclamaba llegaban hasta el grado 23, en cambio Bolivia reclamaba sus derechos hasta el grado 25. Los Tratados de 1866 y 1874 finalmente establecieron límites, tratados por los que Bolivia quedaba con dos grados geográficos de costa. Pero, a cambio, de permitir a los empresarios chilenos e ingleses una libre explotación de las riquezas naturales sin el pago de ningún impuesto.

Esos empresarios y, especialmente, la casa inglesa Gibbs, no solo había copado Atacama, sino también Tarapacá porque esa región peruana producía seis veces más salitre que Atacama..

Por eso la solución de los límites no fue una solución definitiva y el conflicto se agravó cuando los gobiernos peruano y boliviano decidieron, en la década de los 70s, cambiar su política liberal a una política proteccionista. Perú nacionalizó el salitre y Bolivia decidió imponer el impuesto de los 10 centavos.

Estas medidas que en realidad constituían un conflicto entre empresarios y los gobiernos de Perú y Bolivia, por la alianza del gobierno chileno con los empresarios (porque además socios de las empresas eran parte del gobierno), se convirtió en un conflicto entre los tres países.

Ya desde 1870, el proyecto de expansión territorial chileno incluía todo el desierto de Atacama y toda la región de Tarapacá, de ahí la alianza defensiva de Perú y Bolivia.

El proyecto de la oligarquía chilena triunfó con la Guerra del Pacífico y se plasmó con el Tratado de 1904, pero la controversia, al contrario de lo que se predica en Chile, no se solucionó porque Bolivia, además de perder las riquezas naturales del desierto, perdió su costa, es decir, la cualidad marítima.

Desde la Guerra misma, los gobiernos chilenos se dieron cuenta que dejar ahogada a Bolivia iba a ser un problema futuro y ofrecieron Arica y Tacna a cambio de la traición al Perú, pero luego, a medida que Bolivia no salía de su debilidad y sus conflictos internos, afianzaron su teoría de que ya no había problema pendiente y que la guerra les dio el derecho de la conquista, como a los ingleses el dominio de gran parte del mundo.

Pero, no contaron que en Bolivia, a pesar de su debilidad, la reivindicación marítima se convertiría en una de las pocas políticas de consenso nacional. La memoria de la costa no se ha perdido y se enciende cada cierto tiempo ante la desesperación de los vecinos.

Desde hace 132 años, Bolivia ha optado por la vía de la negociación para retornar al mar, con una clara posición pacifista, unas veces por la negociación bilateral, otras veces por la multilateral. Negociaciones infructuosas que han influido en nuestro desarrollo y en nuestra autoestima.

Ese largo empeño, aunque con muchas frustraciones, no concluirá y encontrará nuevas formas. La última frustración fue el fracaso de una larga negociación bilateral, en la que Chile dio largas y ganó tiempo, sin dar una contrapropuesta concreta.

Así nuevamente Bolivia retorna a la opción multilateral, la nueva batalla apenas ha comenzado.

*     Historiador.

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