octubre 27, 2020

Hacia una nueva condición de estatalidad

El Estado moderno, es decir la forma Estado tal y cual la conocemos hoy, comienza a desarrollarse durante el siglo XVI después de la denominada Paz de Westfalia. Durante los siglos XVI y XVIII los Estados empiezan a establecer de manera mucho más concreta su territorio, su población y sus formas de gobierno. Se va cerrando cada vez más la guerra dentro de los márgenes del Estado, es decir la guerra al interior del Estado y la guerra entre Estados como únicas guerras posibles. Es también a partir del siglo XVI que la forma Estado empieza a expandirse por todo el globo, a tal punto de desarrollo que hoy no existiría ningún espacio físico en el globo que no sea parte (ya sea como dominio, propiedad o disputa) de algún (o algunos) Estado (s).

Se atribuye la generalización en el uso del término Estado a Nicolás Maquiavelo, en su obra el Príncipe. Para Maquiavelo el Estado es una forma de dominio sobre los hombres. Según el Profesor Quentin Skinner, Maquiavelo sigue una tradición en la cual el Estado era una derivación del status del Rey, es decir del cuerpo político del Rey (para Kantorowicz el Rey medieval tenía dos cuerpos, uno natural y otro político), dicho de otra manera el Estado moderno se construye sobre la organización que habrían logrado desarrollar las monarquías.

La consideración del Estado como dominio sobre los hombres persistirá durante muchos siglos. Para Hobbes, escritor del siglo XVII, el Estado era representado como un poder irresponsable, como un sumo poder terrenal apelando incluso al nombre deLeviatán, nombre de un animal terrorífico que menciona en la Biblia, generando las tesis del soberano bestia que analizamos en anteriores números de La Epoca. Sin embargo para Hobbes la bestia del Leviatán tenía un origen distinto, tenía como punto de partida el miedo. Éste es central a momento de comprender al Estado, pues el Estado no sólo nace de un contrato social, sino nace del miedo que tiene los hombres, del miedo que los atraviesa y a la vez los constituye como sujetos. La idea del miedo es tan fuerte en Hobbes, que él había escrito en un pequeño opúsculo autobiográfico que su madre dio a luz a él y a un hermano mellizo: el miedo, que no es otra cosa que el sustrato de sus tesis políticas.

Pero siguiendo con Maquiavelo y Hobbes, el Estado se presenta como una forma de dominio, como una forma de poder que se desarrolla sobre la población (que a la vez la constituye). El Príncipe audaz y astuto (Maquiavelo), y el Rey Soberano irresponsable y soberbio (Hobbes) nos presentan una comprensión dura del Estado. Una comprensión de aparato de poder, de maquinación para someter a los seres humanos, de constituirlos en tanto súbditos, en tanto sujetos, en tanto determinados por el poder. El Estado como algo externo a la sociedad, como algo que si bien la constituye, también la rodea, la cerca, la asedia y en consecuencia la somete, no sin resistencias.

Con ello cabe destacar la colonización y por ende la colonialidad del poder como uno de los vectores más importantes, conjuntamente con el capitalismo y la modernidad en la expansión de la forma Estado a nivel global. La forma Estado fue una manera de colonización interna y externa en determinados ciclos de hegemonía del capital.

Durante el Siglo XVIII, periodo de las revoluciones norteamericana y francesa, el Estado se convierte en un espacio de disputa, el Estado se prefigura como una lucha por la agencia del Estado. Se genera un desplazamiento del dominio por la nobleza a la burguesía, pero el Estado sigue presentándose como un aparato de poder, como un espacio de poder. Los siglos XVIII y XIX serán determinantes en la relación entre Derecho y Estado, y entre monopolio de la violencia y Estado. Estas relaciones no existieron siempre, o dicho de otra manera, no existieron de manera estable y tan explícita. En este periodo también se empieza a prefigurar al Estado como una maquinaria de dominación de una clase sobre otra, de dominación colonial, es decir del Estado como patrimonio de una clase y de una cultura dominante para posibilitar, viabilizar la explotación del hombre por el hombre. Se pensará en tomar el Estado para cambiar la sociedad; en destruir al Estado para liberar a la sociedad, en ambos casos (y en otras representaciones del Estado) la cualidad estatal es la violencia, es el uso de la fuerza en busca del sometimiento, y el desarrollo estratégico del colonialismo en busca de una cultura universal.

Durante los siglos XIX y XX, el Estado fue inundado inicialmente por el liberalismo, luego por el Constitucionalismo (tanto liberal primero, como social después, como multicultural finalmente) y para terminar por la democracia. La tensión colonial empezó a decantar por la vía de las insurrecciones, de las movilizaciones indígenas, de los derechos sociales, y sentando las bases para re-comprender al Estado como un campo de lucha, de disputa. Durante el siglo XX asistimos al auge y caída del Estado-nación, del Estado como motor de la homogenidad y a la vez (en otros momentos) de la pluralidad. El fin del siglo XX supuso el fin de una manera de comprender al Estado, y a la vez la posibilidad de pensar maneras plurales de estatalidad a comienzos del siglo XXI.

En nuestro país, consideramos que hay un desplazamiento en la condición de estatalidad. La Constitución Política del Estado aprobada mediante referéndum el año 2009 presenta una serie de características que posibilitan pensar un desplazamiento en la manera en la que se comprende al Estado. La CPE vigente establece una serie de transformaciones político-institucionales, desde la caracterización de Bolivia como un Estado Unitario Social de Derecho Plurinacional Comunitario, los pluralismos jurídicos, políticos, económicos, lingüísticos, institucionales y culturales, hasta un nuevo diseño de distribución territorial del poder a partir de la cualidad autonómica del Estado.

Generalmente un proceso de cambio, tomaba el Estado para una transformación de la sociedad, ya sea a partir de políticas nacionalistas – homogenizadoras, ya sea a partir de la construcción de nueva hegemonía de arriba hacia abajo. La nueva estatalidad que presenta el texto constitucional toma en si al Estado, pero no para reformar la sociedad, sino para reconstruir el Estado (en este caso Plurinacional y Comunitario) a partir de la misma sociedad plural, es decir de abajo para arriba. El Estado ya no trata las maneras de desarrollar la hegemonía de poder, sino la manera en la cual se presenta como un Estado en transición a su reformulación por parte de la sociedad plural.

Lo plural y la pluralidad es un dato necesario y fundamental para re pensar el Estado y re construir lo público, pues lo que esta nueva condición de estatalidad pone en juego es justamente la manera de producir lo público, y poner en juego a lo comunitario al interior del Estado. Es lo que Boaventura de Sousa Santos denomina un Estado experimental, es decir un Estado en constante transformación y a la vez tensión, y que busca repensarse no sin contradicciones y problemas.

Esta nueva condición de estatalidad pone en juego al sujeto de las transformaciones del Estado, un sujeto que tampoco es homogéneo, sino a la vez complejo, y que la Constitución Política del Estado ha intentado caracterizar como sociedad plural (bolivianos y bolivianas, naciones y pueblos indígenas originario campesinos, comunidades interculturales y comunidades afrobolivianas), y que experimentaría las posibilidades de reinventar el Estado.

El Estado se encuentra en transición, se encuentra en una fase experimental, pero a la vez puede ser potenciado por esta sociedad plural en movimiento.

*     Profesor de Teoría del Estado y Derecho Constitucional en la Universidad Católica Boliviana “San Pablo”.

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