octubre 23, 2020

Salud pública y discriminación


por: Lupe Cajías-.


La mejor herencia de la Revolución Cubana es la atención de salud preventiva o curativa a los ciudadanos, incluso más allá de las fronteras de la isla. Son muchas las historias, las anécdotas que recuerdan vidas salvadas por la mano amiga y el conocimiento científico de un médico cubano.

En el proceso panameño durante Omar Torrijos, la atención prioritaria de todo el sistema sanitario al binomio madre-niño y a los menores de cinco años convirtió a aquel país en un territorio continental latinoamericano con tasas bajas de morbi mortalidad materno infantil. En cambio, la revolución sandinista no consiguió las metas propuestas. Por su lado, las dos naciones con democracias más estables y programas sociales eficientes, Uruguay y Costa Rica, también muestran indicadores satisfactorios en el cumplimiento de los derechos a la salud.

Lamentablemente, en cinco años de un gobierno de cambio y transformación en Bolivia, el área de salud no mejora, salvo algunos chispazos. Hasta ahora, lo más notable es el trabajo de las brigadas cubanas, tanto por la excelencia médica como por la atención al paciente. En más de una ocasión escribí sobre entrevistas que realicé en poblaciones el gélido altiplano o del tórrido trópico. Las mujeres parturientas, las más pobres- algunas sin conocimiento del idioma español- contaban felices porque finalmente en el puesto de salud fueron tratadas con respeto y atención.

En otros puntos, el panorama es tan triste como hace dos décadas. La mortalidad infantil baja lentamente, al mismo ritmo que se esperaba hace 10 años y no hay estudios que nos muestren el impacto real del Bono Juana Azurduy.

Ni el vicepresidente Álvaro García Linera ni varios ministros acuden a los servicios de la Caja Nacional de Salud, temerosos por sus vidas. A pesar de ser una institución que recibe fondos frescos, la CNSS no sale de su laberinto. Muchas entidades estatales no cumplen con los pagos mensuales, aunque se restan los fondos a todos los empleados.

El municipio de La Paz está a la vanguardia con el estreno de hospitales intermedios, pero presionados por las fallas en el sistema central. En Santa Cruz, la maternidad es fuente de informes negativos y de historias tristes.

El complejo hospitalario del Seguro Universitario, por lo menos en La Paz, es de los escasos ejemplos de eficiencia, eficacia, limpieza y ¡atención amable y respetuosa a cualquier tipo de paciente!

En cambio, el sistema de salud pública es uno de los reproductores de discriminación. Curiosamente, después de la promulgación de la Ley contra el racismo y toda forma de discriminación- pese a su enfoque represivo- esperábamos campañas permanentes, afiches, capacitación para el buen trato a toda persona. En el Hospital de Potosí hay traductores para el quechua- español; ¿en cuántos otros centros se repite esta atención? En el Hospital en San Javier se atiende a las madres respetando su cultura. ¿Es ésta una práctica común, una política pública?

No tenemos evidencias que muestren la capacitación a todo el personal del sistema de salud en el trato cordial a los pacientes, a sus familiares, sobre todo a los que llegan del área rural, a los campesinos que poco entienden del español.

Pasan los días, las semanas, los meses, y preguntamos ¿existen un programa integral para cambiar el desalentador panorama en la salud pública boliviana?

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