octubre 22, 2020

De un hombre que entra y sale de los diccionarios

por: Mónica Velásquez Guzmán *

Debió ser por el año 1995, cuando como estudiante de la carrera de literatura buscaba trabajo y me encontré con él. Recuerdo una casa no sé si en Villa San Antonio o Villa Fátima, recuerdo un pasadizo, un cuarto como los cuartos de Sáenz tomado literalmente por papeles, periódicos, fichas. Recuerdo que hacía frío. Había una computadora, siempre algo caliente de tomas y el buen Elías, sonriente entre sus papeles, sorteando algún nuevo proyecto. En ese entonces ayudé a transcribir varias de las fichas que hoy reconozco: Nombre del autor/a, año de nacimiento y año de muerte. Obras. Un fragmento de un poema, un fragmento de crítica. Quizás por ese aire del pasado, cuando recibí la invitación de Elías para presentar este nuevo libro, acepté con una sonrisa a la mano, la sonrisa con que comprobamos las obsesiones de los amigos, con que atestiguamos su persistencia.

Ahora, eso de andar haciendo diccionarios a diestra y siniestra es más sospechoso. Elías ha recogido meticulosamente cuanto dato ha cruzado sus ojos para reunir en década de trabajo, una Enciclopedia Gesta de autores de la Literatura Boliviana; una serie llamada Forjadores de la Cultura Boliviana que cuenta ya con tres tomos y una dedicada a la labor de extranjeros en Bolivia con otros tres volúmenes. En esta afición por el dato, por el documento, duerme creo un ardid de la memoria preocupada por saber cuántos somos y qué hicimos en cuanto a cultura se refiere; en ello va también una fe recopiladora, interesada en registrar, en enumerar, en reunir. Y eso no es poco aporte en un sitio tan desmemoriado como nuestra sociedad.

Saber que desde el siglo XVIII hasta el XXI están registrados más de 1000 poetas da miedo y nos llena de preguntas. Sobre todo porque el único criterio es el del registro de lo que hay, no su análisis o su valoración. Así, por ejemplo figuran poetas sin libros, con poemas sueltos en publicaciones periódicas o analógicas; figuran hombres y mujeres, figuran poetas de alta trayectoria y jóvenes que visitaron el género y no sabemos si volverán a ello, figuran los nueve departamentos. El criterio geográfico es más bien flexible, se podría llamar Diccionario de poetas en Bolivia, dado que varios de los referidos no nacieron en el país aunque dejaron acá gran parte de sus obras.

Si bien no todos cuentan con un fragmento de su obra y otro de la crítica emitida sobre sus obras, la mayoría si cuenta con esa entrada, lo que a veces deja un sabor a la escritura en cuestión y otra más bien un desvío al no ser lo más representativo del poeta. Probablemente este dato es el único que permite rastrear al hacedor de diccionarios porque visibiliza sus gustos (al elegir el fragmento) y sus lecturas (al elegir la crítica). Provocadora tarea ahora pendiente para quien quiera precisar más en filigrana la manera de leer poesía según Elías Blanco.

No sé que relación tengan ustedes con los diccionarios, pues suele pasar que el primer contacto tiñe de tedioso el asunto, lo digo por eso de buscar una palabra, anotar el significado y usarla en una oración. La primaria atacando en lo gramaticalmente correcto. Luego uno crece y frecuenta otros diccionarios, los de sinónimos o antónimos; los de inglés o francés; los de etimología, etc. Con el tiempo, uno puede hacer su propio recorrido y relación con estos curiosos libros atestado de palabras. Recuerdo, por ejemplo, a un alumno cuyo vocabulario excedía todos los parámetros por mí conocidos: cuando pregunté el cómo de tanta palabra respondió para mi total asombro que cuando era chico, su mamá no tenía quién lo cuide, por tanto le dejaba de tarea aprenderse una hoja del diccionario cada día. Sin llegar a estos extremos, el viaje por las palabras alfabéticamente ordenadas puede ser más bien un juego detectivesco de nunca acabar, con eso de que una palabra remite a otra. Elías es, en ese sentido, un ejemplo de quién no contento con sumergirse en los diccionarios escribe los suyos y por sí fuera poco que una palabra necesite siempre a sus pares, él incluye en innumerables listas a poetas, cada uno a su vez envalijado en palabras.

Hubo por ahí un osado que ante este tipo de libros dijo que “el diccionario es el código en que se formula la ley de los vocablos y el castigo de los atrevimientos” (Iván Turgeniev), parafraseando podemos decir de este diccionario que es el listado de atrevido que tomando la palabra en mano ha torcido con más o menos calidad el cuello de la ley del vocablo. Por ello, por la constancia y el aporte que Elías Blanco viene haciendo a la bibliografía en nuestro país, le doy la más cordial felicitación.

*     Carrera de Literatura de la UMSA

       Doctora en Literatura Colegio de México

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