octubre 22, 2020

La Economía Ambiental Versus la Economía Ecológica (Un debate occidental al interior del Desarrollo Sostenible)

En el ámbito del Desarrollo Sostenible o Sustentable y desde el ámbito de la Economía se presentan al debate: la Economía Ambiental y la Economía Ecológica.

La Economía Ambiental se ocupa de darle valor monetario a los beneficios y costos ambientales. La fuente teórica de esta visión es la economía neoclásica es decir la economía convencional, por ello adopta la necesidad de plantear permanentemente supuestos. Uno de sus problemas técnicamente complejos está en la construcción de valores ambientales, desde el punto de vista de los valores de uso y no de los valores de mercado. En este sentido, es una respuesta a la necesidad de la valoración monetaria del medio ambiente. Desde ese punto de vista, la Economía Ambiental estudia dos aspectos: el problema de las externalidades y el de la asignación inter-generacional de los recursos agotables.

Por su parte la Economía Ecológica surge como la necesaria crítica ecológica a la economía convencional o neoclásica. Desde la Economía Ecológica se intenta dar un nuevo enfoque respecto a las interrelaciones existentes entre los sistemas económicos y la totalidad del sistema físico natural y los sistemas sociales. En su interior se asume la discusión de la equidad, la distribución de la riqueza, la consideración de la ética y de los procesos histórico y cultural de los pueblos. Este enfoque con aspectos multidimensionales hace de la Economía Ecológica una visión sistémica y transdisciplinaria, la misma que trasciende al paradigma económico neoclásico y sus derivados.

La Economía Ecológica propone la integración del sistema económico al sistema ecológico, tal que modifique los objetivos de la producción, el modelo de consumismo, la colocación del cambio tecnológico en relación a las necesidades de la preservación y las relaciones existentes entre las economías subdesarrolladas y las industrializadas. Su colocación, en relación a la Economía Ambiental, es crítica.

Hernan Daly, en su texto sobre “Economía Ecológica y la Ecología en la Economía” (1999) plantea que la economía ecológica se articula sobre tres nociones o leyes biofísicas principales: 1) la ley de la conservación de la energía es un sistema cerrado en cuyo interior se encuentran las energías como constantes, la materia y la energía no se destruyen ni se crean, simplemente se transforman, materia en energía y viceversa. 2) la ley de la entropía, la cual dice que la materia y la energía se van degradando de forma continuamente pasando de una forma ordenada a otra desordenada, a una forma no disponible, aunque no hayan sido utilizadas; finalmente 3) la imposibilidad de generación de residuos mas allá de los que pueda tolerar la capacidad de asimilación de los ecosistemas, caso contrario sucederá la destrucción tanto de materia como de energía, es decir de la vida en toda su extensión y manifestación.

Como se puede observar existen diferencias importantes entre la economía ambiental y la economía ecológica, la primera al reducirse a cálculos de valor se la puede clasificar entra las técnicas economicistas. La economía ecológica intenta ser multidimensional e integradora de los aspectos en los cuales el ser humano manifiesta su existencia. Estos aspectos constituyen las diferencias que existen entre estas dos construcciones. Por supuestos que las diferencias son más. La tabla, nos muestra el trabajo de Juana R. Figueroa, en ella puede se resume las principales diferenciaciones que encuentran entre estos dos paradigmas.

Propongamos algunas similitudes entre estos dos enfoques: En primer lugar, ambas miradas tienen un carácter antropocéntrico, su principal preocupación es el ser humano. La valoración económica está influenciada por la cultura de la población a la que se les pregunta sus preferencias, entonces el carácter de la valoración es antropomórfico; la valoración es para las generaciones actuales y no para las futuras. El ámbito en que se construyen los valores son las de la soberanía del consumidor y la democracia del mercado, ambas categorías de la teoría económica neoclásica. Por su parte los aspectos múltiples de la economía ecológica, es decir su carácter transdisciplinar, responde a construcciones desde las ciencias oficiales y “universales” de occidente, paradigmas académicos sofisticados y de lenguaje especializado.

En segundo lugar, en materia de Desarrollo Sostenible se acude con frecuencia o de manera indistinta, tanto a la economía ambiental como a la economía ecológica. Porque estos dos enfoques económicos son partes componentes del paradigma del Desarrollo Sostenible.

Por su parte, el Desarrollo Sostenible se trabajó por encargo de organismos internacionales como la ONU, en 1987 fue acuñado por el Informe Brundtland, expresando la idea de que, “debemos satisfacer las necesidades presentes sin dañar la posibilidad de lo propio para las generaciones futuras”. Esa frase se consideró como el concepto único y cumbre de toda una época de investigaciones y advertencias que impresiono a gran parte de la población mundial y que no causó ningún efecto en los dirigentes políticos y las clases dominantes de los países desarrollados. Esta clase dirigencial, operadores políticos del sistema vigente estaba impregnado de la lógica identitaria del discurso occidental. Por lo tanto hicieron del concepto una frase tramposa.

El propio informe Brundtland sostiene que para que el desarrollo sostenible sea alcanzado es preciso continuar con el crecimiento económico, de todos los países, tanto del norte como del sur. En esos tiempos el 22% de la población mundial consumía el 87% de toda la energía producida, el crecimiento ya tenía cifras decrecientes o negativas. La OCDE calculaba que si se cubrieran los costes ambientales de la producción de las economías desarrolladas, la tasa de crecimiento tendría que disminuir entre el 3% al 5%. Estos datos denotan una disidencia entre la propuesta teórica o el concepto del desarrollo sostenible y la realidad concreta. Pero como toda moda intelectual debe ser difundida y trasmitida con rimbombantes publicidades, eso es lo que sucedió con la frase del desarrollo sostenible. Todos repetían la frase o concepto sin ruborizarse ni un instante, por las mentiras que repetían. Todo para mantener incólume el status quo y el paradigma del “Desarrollo”. Entonces estamos ante un caso de preservar el paradigma del “Desarrollo”, solo que ahora adquiere el apellido de “Sostenible”.

Este afán por mantener las “inspiradas teorías” y/o paradigmas del mundo occidental es una regularidad que se practica desde los países que representan el esquema del “orden civilizatorio de la modernidad”. Es parte de mantener el carácter colonial de las sociedades donde no se hace este tipo de “ciencia positivista”. En los países del sur, no se crea este tipo de “ciencia”, a lo más que se llega es a recrearla, a imitarla burdamente o a repetir todos los santos días en la aulas de la academia universitaria colonizada, los conceptos y categorías impuestas desde los esquemas colonizadores.

Este afán de perpetuar el término Desarrollo, tiene por objetivo imprimir en la mente y/o en las falsas esperanzas de los dominados académicos, políticos y sus asesores intelectuales en los países del sur. Un concepto sofisticado que está sirviendo para encandilar un tiempo más, con el toxico de la modernidad y el “sueño norteamericano”.

*     Economista Investigador

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