octubre 22, 2020

¿Qué hacer para reconstituir el sujeto del proceso?

por: Rafael Puente

Después de preguntarse cuál es el sujeto del proceso en sentido restringido y amplio, el autor del artículo establece una ruta para su reconstitución: movilización social, reflexión y formación política, y participación y control social.

Primera pregunta

¿Quién es el sujeto de este proceso (se entiende de cambio)?

Evidentemente el sujeto es el conjunto del pueblo boliviano, que es el que tiene todo los derechos, entre ellos el de decidir (con el voto, pero también con la movilización). Lo que pasa es que en este proceso concreto hay un sujeto indiscutiblemente protagónico que son las organizaciones indígenas originarias campesinas (tal como las llama la Constitución), y eso no por capricho ni invento de nadie sino por razones históricas: Mientras los sectores obreros e intelectuales —con sus partidos de izquierda— nos veníamos equivocando desde 1978, al no diagnosticar el agotamiento del estado nacionalista del 52, el movimiento campesino-indígena venía acertando con un diagnóstico contrario, e incluso balbuceando un nuevo modelo de estado (balbuceo que en las ciudades recién se iniciaría el año 2000 con la Guerra del Agua).

De ahí que el rol protagónico en lo que va de proceso lo han jugado esas organizaciones, todas ellas reunidas en el llamado Pacto de Unidad, que además de constituir una novedad organizativa nunca vista (ahí coinciden por ejemplo la CSUTCB y la CIDOB —que nunca habían coincidido— y ahí coinciden una y otra con el CONAMAQ —otra novedad histórica—) sino que de ese Pacto nace el primer borrador de nueva Constitución (¿es o no es protagonismo?). El resto de la sociedad civil también tiene algo que decir —y lo ha dicho— a la hora de redactar la nueva Constitución, y sobre todo ha sido quien ha tomado la decisión de aprobarla por gran mayoría. Por tanto así se presenta el sujeto de este proceso, con dos niveles diferenciados de protagonismo.

Segunda pregunta

¿Por qué se requiere ese sujeto? ¿Es que se ha des-constituido? No literalmente, pero encontramos que se ha debilitado, que no empuja con la fuerza de los primeros años, que empieza a fracturarse, que provoca —o al menos permite— un cierto estancamiento, una serie de incertidumbres, un estado de ánimo social que de manera generalizada y repetida se manifiesta en las encuestas de opinión. ¿En qué consiste ese debilitamiento? Veamos algunos rasgos principales:

  • El primero y más comprensible es el cansancio, que ya empezó a manifestarse desde enero del 2006.“Tras cinco años de luchas, marchas, bloqueos, elecciones y sobresaltos, por fin tenemos un gobierno propio; ahora que él se encargue de cambiar el país”, y la mayor parte de la población se desmoviliza (grave error de perspectiva, ya que el cambio de una sociedad lo opera la sociedad movilizada, nunca un gobierno por encargo de una sociedad quieta). De ahí que hoy nos encontramos con un montón de temas que, al no haber sido objeto de movilización social, tampoco son objeto de cambio (la minería es el ejemplo más preocupante, pero para nada el único, en estos días nos estamos encontrando con el de los transgénicos).
  • Otro rasgo antiguo es la insuficiente conciencia política. A lo largo de las luchas sociales que culminan en las elecciones del 2005 hemos visto a nuestras organizaciones —también las urbanas— peleando con una gran seguridad política, con instinto político, con sentimiento político, todo lo cual es suficiente para saber lo que no queremos (ni modelo neoliberal ni estado colonial); pero después para saber y ahora qué queremos hace falta un nivel superior de conciencia política, es decir la capacidad crítica de trazarse una estrategia de poder (distinguiendo batallas centrales de batallas secundarias, enemigos principales de enemigos secundarios). Y ese nivel ha estado mayormente ausente. De ahí que nos hayamos enfrascado —hasta el día de hoy— en una cadena de pequeños conflictos por objetivos locales y sectoriales, que lo único que hacen es distraer el curso del proceso.
  • Parejo con este rasgo va el de la actitud frente al estado. A falta de conciencia política la actitud intensiva de nuestras organizaciones —sobre todo de nuestros dirigentes— es la de concebir al estado como un patrimonio de todos, de manera que cuando accedo a una responsabilidad en el aparato del estado no es para cambiarlo sino para cobrar mi parte de la herencia (y de ahí a querer cobrar la herencia de otros sólo hay un pelo). Y de aquí van brotando peligrosas tendencias —como la que tiene que ver con laTierra, la Madre a la que ahora muchos quieren ver convertida en mercancía—.
  • Finalmente, tras haber soportado el empate catastrófico, y al haber luego derrotado totalmente a la derecha en el plano político —en el económico sigue siendo la dueña de casi todo—, el triunfo final de las últimas elecciones generales nos ha engreído en exceso y nos ha hecho perder incluso la sensatez. ¿Cómo explicar, si no es así, el hecho de que llevamos año y medio con graves conflictos dentro del propio campo popular (Caranavi, la CIDOB, Potosí, los Ayllus, la COB)? ¿Cómo explicar, si no es así, que les demos la bienvenida a los tránsfugas oportunistas de la derecha? ¿Y la actitud despectiva respecto de la crítica y la disidencia, que debieran ser parte de la participación y el control?

Respondidas esas preguntas, podemos volver al título del presente articulo: ¿Cómo reconstituir ese sujeto del proceso?

En teoría la respuesta se presenta fácil y se podría resumir en tres consignas o tareas: movilización, reflexión, participación.

Movilización social

Es esencial recuperar la capacidad de movilización, como aquella que se dio por la recuperación de los hidrocarburos y por la Asamblea Constituyente. Banderas no faltan, ahí están los derechos de la Madre Tierra y la Soberanía Alimentaria; ahí está el paradigma del Vivir Bien como alternativa al concepto tradicional de desarrollo; ahí el del Estado Productivo con trabajo para todos; ahí está el nuevo régimen de la Minería, ahí la nueva ley del Comercio Exterior, y cientos de otros temas vitales para el proceso de cambio.

Reflexión y formación política

Es urgente entrar en un proceso generalizado de reflexión, de formación política profunda —es decir crítica (lo que no equivale a criticona sino a permanentemente interrogativa)—, de conocimiento profundo de nuestra realidad, de reflexión sobre el horizonte de nuestro proceso. En gran medida existe la preocupación por esta tarea de reflexión, análisis y formación, pero falta la voluntad política para ponerla en práctica a pesar de los pesados compromisos (sobre todo laborales) que pesan sobre la mayoría de nuestros dirigentes y de una buena proporción de nuestras bases.

Participación y control social

Es un tema central de nuestra Constitución, o sea del certificado de nacimiento del nuevo país que queremos, pero un tema que tenemos peligrosamente descuidado. Sólo la participación sistemática de toda la sociedad por todos los temas en debate, por todas las leyes, por todos los problemas (empezando por los más conflictivos), nos podrá quitar el engreimiento y devolver la serenidad constructiva. Y por supuesto hay que recuperar la capacidad y la voluntad de ejercer el control social (que es la forma más intensa de participación). ¿Y si tanta participación y control retrasan el ritmos de construcción del nuevo estado? No importa, es mucho más importante hacer las cosas bien que hacerlas rápido.

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