octubre 27, 2020

Sujetos y sujetos: en busca de la experiencia desubjetivadora

¿cómo desubjetivarnos?, ¿cómo dejar de ser lo que somos, es decir dejar de ser una prórroga del poder, una praxis del poder que nos constituye como sujetos? Para Marx la pregunta era ¿cómo dejar de ser mercancías que producen mercancías?.

En francés el término suject hace referencia tanto a sujeto como a súbdito. Foucault en sus lecciones del año 1976 (Traducidas al castellano bajo el Título “Hay que defender la sociedad” y/o Genealogía del racismo”) señala que es necesario emprender una investigación no sobre la manera en la que se constituye el soberano (El Estado), sino la manera en la que se fabrica, se constituye al súbdito, pues no hay soberano sin súbdito, sin sujeto. Foucault sugiere un plan de investigaciones sobre el funcionamiento y los efectos del poder, entendido éste como algo que fluye, y que causa efectos. Foucault trata de hacer una investigación contraria a la de Hobbes en el Leviatán, trata de dar cuenta de una(s) microfísica(s) del poder, las que crean y constituyen de manera múltiple al sujeto. Y aquí debe entenderse sujeto como aquel que es resultado, es artificial, no es natural sino que está constituido en y dentro de una lógica de poder, es decir aquel que es atravesado/constituido/fabricado por el poder, y que sólo después del poder “es”, su condición de ser no es otra que la del poder.

Una de las primeras funciones del poder es la constitución de subjetividad, de identidad, incluso de la otredad (la diferencia del otro, incluso del radical otro, es a la vez efecto del poder). Lo mágico en este proceso de sujeción es que el individuo (ya producto del poder) no se da cuenta que ha sido constituido, considera que su génesis es natural, se habla a sí mismo como si el lenguaje siempre le hubiera pertenecido, como si el cuerpo mismo le fuera natural. La elegancia y el refinamiento del ejercicio de poder es pasar desapercibido.

Siguiendo a Foucault, el ser sujeto, el devenir sujeto, el considerarse sujeto, es una forma de dominación distinta de la esclavitud —es incluso elegancia de la disciplina prescindir de esa relación costosa y violenta—, distinta también de la domesticidad —dominación constante pero no analítica, aún ilimitada y dependiente del amo exterior—, distinta del vasallaje —que solo se ocupa de los productos del cuerpo: el trabajo y las marcas del mismo—, distintas del ascetismo y de las disciplinas de tipo monástico —pues éstas tienen como función garantizar renunciaciones más que aumentos de utilidad—. Nace entonces en nuestra modernidad un arte de la sujeción, el ser sujeto, el pensarse sujeto, el sentirse sujeto (el ser dueño de la geografía de su cuerpo, que aprende a reconocer justamente porque no es dueño). El ser humano entra finalmente en el mecanismo de poder más amplio: la anatomía política como mecánica del poder. De esta manera se fabrican cuerpos sometidos y ejercitados, cuerpos dóciles, sujetos en si, voluntarios, racionales y auto reflexivos, es decir que pueden pensarse a sí mismos (incluso pueden pensarse como no sujetos pero desde su condición de sujetos).

Lograr hacer que el sujeto transmita el poder que se le imprime de manera voluntaria, y que además lo justifique racionalmente, lo transmita como si fuera propio, es una de las invenciones más grandes de nuestra modernidad. De esta manera el discurso dominante se presenta como discurso de libertad, discurso racional, no impuesto (o autoimpuesto) sino como expresión misma de libertad, de naturaleza, de albedrío. Se aprende a amar el poder que se destila en el individuo, a exigirlo, a pedirlo.

Esta anatomía política del sujeto no debe entenderse como una acción que se hace una sola vez y queda ya sellado, acabado el proceso, acabado el individuo, sino debe entenderse que se trata de una multiplicidad de procesos, con frecuencia menores, de origen diferente, de localización diseminada-múltiple-rizomática-, que coinciden, se repiten, o se imitan, se apoyan unos sobre otros, se pliegan y despliegan, se distinguen según sus dominios de aplicación, se prorrogan, se enseñan como hábitos, entran en convergencia y dibujan poco a poco al sujeto racional auto interesado que fabrican. Se podría decir, siguiendo a Foucault, que esta anátomo-biopolítica se desarrolla a partir de microfísicas de poder, experiencias capilares del poder. Entonces el poder no crea a alguien soberano en la cúspide, sino constituye súbditos que luego juegan a la soberanía.

Entonces preguntarse sobre el sujeto es imposible pues es a la vez preguntarse por nos-otros y por cada uno: individual, fabricado por las palabras. Ya en la pregunta se destila el sujeto (se presenta, se asoma el sujeto, el lenguaje, el poder), pues quien pregunta es ya sujeto. Cómo preguntar si la pregunta no es nuestra, sino un agenciamiento.

Entonces, ¿podemos hacer alguna pregunta, si en toda pregunta está el sujeto, y en consecuencia en cada pregunta obran estrategias de poder que nos constituyen? La respuesta es SI, la acabamos de hacer, pero en el fondo las preguntas que estamos haciendo son: ¿cómo desubjetivarnos?, ¿cómo dejar de ser lo que somos, es decir dejar de ser una prórroga del poder, una praxis del poder que nos constituye como sujetos? Para Marx la pregunta era ¿cómo dejar de ser mercancías que producen mercancías?

Podemos partir señalando que aquello que desubjetiviza es ante todo un tipo de experiencia/acontecimiento. Una experiencia singular y cercana a la locura de los sujetos (la fuga del poder).

Una experiencia de desubjetivización descompone al sujeto y a la vez lo lleva a los límites del ejercicio de poder donde ya no es, donde se produce una fuga, una salida, una no identidad (un quiebre, una pérdida), y a la vez se interrumpe el circuito de dominación. El poder ya no puede encontrar prórroga, ya no puede encontrar un sujeto.

El sujeto, como decíamos es una construcción, pero a la vez es una construcción constante, en consecuencia puede darse una deconstrucción, una falla en la anátomo-bio-política de la sujeción en una experiencia límite, en un enfrentamiento con el poder.

Lo demás es devenir.

Es un devenir plural, ya no más individual, pues ya no puede operar más la tecnología de sujeción de cuerpos, de creación de sujetos. Lo plural, lo que a la vez diluye la identidad, a la vez replantea un léxico político nuevo. Ya no puede haber sujeto, sino multiplicidad, flujos, desterritorialización.

Entonces, el replanteamiento de la pregunta por el sujeto es como lograr desubjetivarnos, como lograr romper con el circuito de poder para enfrentarse a él, ya no como sujetos, sino como multiplicidad, como pluralidad. La experiencia misma nos lleva más allá del poder, nos lleva necesariamente a la resistencia, a la potencia de la resistencia, a lo que Negri denominó poder constituyente, y que no puede abandonarse si se quiere desterritorializar el flujo de poder dominante.

Entonces no hay sujeto, hay multiplicidad deseante frente al poder. ¿Cómo llevar a cabo esta desubjetivización en nuestro proceso político? Es una pregunta que conlleva una respuesta: multiplicar, pluralizar y a la vez devenir.

Responder por el sujeto no es la estrategia sino la primera condición de la desobjetivación, ¿dónde está el sujeto? Es la primera pregunta en esta búsqueda de desobjetivación.

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