octubre 26, 2020

Chistes a 50 céntimos

por: Marcos González Sedano / Rebelión

Hay un indigente en mi ciudad que, debajo del Arco de la Macarena, vende chistes a 50 céntimos. Es un gran emprendedor.

Tiene chistes de todos los colores, pero está especializado en humor negro. Es debido a un shok emocional que sufrió cuando le quitaron el trabajo, el coche, la mujer, los niños, el perro, lo echaron del club social (sin estar borracho) y lo abandonaron los amigos y amigas.

Si quieres un chiste, te acercas a él, le das 50 céntimos y te cuenta una historia. Él dice que la mayoría de los políticos cuentan cuentos y cobran más. Y que por eso, en señal de protesta por la competencia desleal que suponen, se puso frente al Parlamento. También dice que la banca y el legislativo han puesto el listón tan alto que es mejor pasarlo por abajo. “Todo pasa, todo pasa, hasta la ciruela pasa”, canta Liliana Felipe de fondo mientras él cuenta sus chistes. Para él los banqueros son buena gente que viven de puta madre por el bien de la humanidad. “Son unos filántropos -explica- que nos recomiendan invertir nuestra pasta en sus bancos mientras ellos la suya la guardan en Suiza o en las Islas Fiyi”.

Es un Séneca. Su teoría es que la élite europea nos quiere igualar a todos los ciudadanos (por abajo, claro está), por eso cada vez hay más indigentes. Van a ser la clase social mayoritaria del futuro. El Sujeto Revolucionario. “Indigentes Europeos, Uníos”.

El euro, sin ir más lejos, según él, es un Mágnum 44 (El mismo de Harry el Sucio) en manos de Alemania y el FMI, apuntando a Grecia, Irlanda, Portugal, España… “Dadme vuestro Estado y a cambio os presto dinero”. Dice que la palabra rescate, en boca de nuestros salvadores, es similar a ofrecerle a cada uno de los millones de europeos que se están ahogando (por salvarlos a ellos) un saco de cemento de cincuenta kilos para que se agarren a el y floten.

Y mientras, de fondo, Liliana continúa: “Tienes que decidir quien prefieres que te mate: la pobreza, la miseria, el Tratado de Libre Comercio o el Programa contra el Hambre”. Tienes que decidir.

Pues va a ser que no.

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