octubre 25, 2020

Bolivia y el avance de la democracia

No hay duda que Bolivia, en medio de tensiones previsibles, avanza hacia la ampliación de la democracia. De hecho, existe un proceso irreversible de inclusión social que se empezó a forjar en la ofensiva nacional-indígena-popular contra el neoliberalismo en el período 2000-2005 y que ingresó a una nueva etapa en enero de 2006, cuando los movimientos sociales y su líder, Evo Morales, asumieron la conducción del país.

El reconocimiento de este avance en la democracia, incluso vista desde una perspectiva liberal, ha sido hecho la semana pasada por la Corporación Latinobarómetro, tras una encuesta realizada en 18 países de América Latina y que abordó la comparación entre 1995 y 2010.

El estudio explica que la consolidación de la democracia en Bolivia se sustenta en la implementación de políticas socioeconómicas que generan inclusión social y una mejor distribución de la riqueza. Obviamente se refiere a los impactos positivos en el horizonte de lucha contra la pobreza que ha tenido la creación de bonos, de los cuales el más importante es la Renta Dignidad.

Quizá habrá que decir, si de medición democrática se trata, que esa percepción de la mayor parte de los bolivianos, objetivada en la encuesta, se debe además a niveles de reconocimiento, auto-identificación y participación social que no se registraron en el país en el pasado. Todo lo contrario, se recortaron al máximo durante dos décadas de modelo neoliberal.

El estudio también resalta que la consolidación de la democracia cuenta con condiciones favorables por la vigencia de una nueva Constitución Política del Estado, cuyos contenidos le dan a Bolivia una “visión distinta” respecto del estado de la democracia de años pasados.

La presentación de los resultados de esta encuesta han servido, una vez más, para saldar cuentas con el pasado y ojalá sea de utilidad para ingresar en otro tipo de debates que los políticos e intelectuales del pasado neoliberal se niegan a realizar. Ya es ocioso discutir si antes se tenía más democracia que ahora. La mayor parte de los bolivianos —incluso los que no apoyan a Evo Morales pero son honestos— saben que eso no es así.

Lo que se debe abrir en el debate, no es el pasado, sino el presente y el futuro. Recorrer por el camino de una mayor ampliación de la democracia requiere reformular nuevos objetivos. La aprobación de una nueva CPE y la elección de Evo Morales después del proceso constituyente deben ser el punto de partida y no de llegada.

Se ha avanzado mucho frente al pasado, pero todavía hay mucho por recorrer para construir una sociedad con plena igualdad de derechos y oportunidades para todos, lo cual implicará establecer una relación de correspondencia entre los logros alcanzados en la superestructura política y las transformaciones —aún rezagadas— en la economía, particularmente vinculadas a las formas de producir.

Pero la conquista de una democracia sustantiva no solo es una tarea del Estado, lo es fundamentalmente de la sociedad.

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