octubre 25, 2020

Informar con igualdad. ¿Se puede?

por: José Luis Exeni R.

Aprendizajes democráticos. Entre los muchos desafíos e innovaciones que plantea la inédita-compleja elección directa de las altas autoridades jurisdiccionales en el país, sin duda uno de los aspectos más interesantes y conmovedores es el referido a las campañas electorales y, en especial, la especificidad de la cobertura informativa en estos comicios.

Al parecer, la democracia de alta intensidad está tocando, también, la puerta de los operadores mediáticos. Y eso, colegas del oficio, a reserva de los siempre detestables y por lo tanto discutibles límites al ejercicio periodístico, hay que celebrarlo. Muy pocas veces nos enfrentamos, como gremio, ante el espejo de nuestra responsabilidad y profesionalismo.

Así pues, más allá del escaso debate acerca de la norma y sus “ajustes”; allende las posiciones corporativas y las concesiones graciosas; y aparte de los simpáticos posicionamientos políticos en relación a este proceso, estamos ante una inmejorable oportunidad para que los medios de comunicación y los periodistas asuman un retador lance con cara de (auto)examen.

Preguntas. ¿Podrán los operadores mediáticos realizar labor informativa y de opinión sin hacer campaña electoral, sea explícita, sea encubierta? ¿Sabrán organizarse los espacios-tiempos mediáticos con arreglo al principio (“precepto”) de la igualdad de oportunidades? ¿Serán capaces los operadores mediáticos de contribuir a la participación informada de la ciudadanía?

Por ahora algunos medios —uno de ellos muy importante— decidieron y anunciaron que no pueden hacerlo, que no están a la altura, que temen ser sancionados; ergo, no entrevistarán a los postulantes. Otros, en cambio, los más, asumieron el desafío y lo harán (incluso con fórmulas creativas como el sorteo); ergo, informarán con apego a la Ley y su reglamentación.

Y es que a diferencia de los anteriores procesos electorales de nuestra historia democrática, en los cuales había candidatos y plataformas programáticas, y por lo tanto presuponían la realización de campañas y propaganda electoral; en las elecciones de octubre, por mandato constitucional, sólo debe hacerse difusión de méritos de los postulantes.

En esas condiciones, si hasta ahora los operadores mediáticos observaban e interpelaban libremente (algunos con evidente posicionamiento político-partidario), ahora serán ellos, medios de comunicación y periodistas, los que estarán bajo escrutinio público-ciudadano con celosa exigencia del cumplimiento de la equidad y equilibrio en la información. No es poca cosa.

Pero sin duda lo más relevante del actual proceso tiene que ver con la necesidad/posibilidad de que el ejercicio periodístico responda a criterios de calidad, en especial a los tan enarbolados principios éticos que rigen este hermoso oficio. Por ello, más allá de la retórica, haríamos bien en izar nuestros Códigos de Ética Periodística y, claro, velar por su cumplimiento.

“¿Qué informamos?”, se pregunta con trampa el editorialista de un diario local. Si solo informaran con apego a los preceptos de “igualdad de oportunidades, imparcialidad, objetividad y veracidad” ya sería ganancia para sus lectores. ¿Pueden hacerlo? ¿Cumplirán con su misión de construir la agenda informativa y de opinión sin espíritu de ambigüedad ni arbitrariedad?

Aprendizajes democráticos. Quiero creer que los operadores mediáticos (en especial los audiovisuales, porque de los impresos casi no tengo dudas) estarán a la altura de este evento democrático que nos confronta con los principios más elementales de la representación política y de la participación ciudadana. Quiero apostar por la mayoría de edad de los colegas del oficio.

Veámonos, luego, en el necesario balance, ya que una cosa es declarar los derechos a la comunicación y a la información y otra es contribuir, en serio, más allá de inmunidades y privilegios, a su ejercicio.

Be the first to comment

Deja un comentario