octubre 28, 2020

El silencio de la Ministra

Sorprende el silencio de la Ministra de Defensa, María Cecilia Chacón Rendón, aunque la visita de su colega iraní Ahmad Vahidi a Bolivia provocó vientos huracanados y un público pedido de disculpa de nuestro Presidente Evo Morales a la comunidad judía de Argentina.

Solicitar perdón es generalmente una muestra de grandeza, una gracia religiosa. Sin embargo, cuando esta acción tiene como protagonista a un Jefe de Estado por un error de un subalterno, es difícil de entender. En la organización administrativa de los gobiernos, los funcionarios de libre nombramiento son más bien los pararrayos para preservar la majestad de la primera autoridad. Como alguien apuntó, son fusibles que se cambian para que los problemas de cualquier administración no afecten la imagen del Presidente de la República.

Mucho más en una época en la cual el gobierno de Bolivia tuvo que pedir sucesivas disculpas por otros errores diplomáticos, inclusive al gobierno de Costa Rica, uno de los más democráticos y civilistas del continente.

¿Fue la Ministra Chacón la que tuvo la iniciativa de invitar a Vahidi? Aparentemente la idea no salió desde el Ministerio de Relaciones Exteriores. ¿O quién pidió que se invite a una persona a la cual el estado vecino y socio principal Argentina tiene como no grata?

La Embajada Iraní en Bolivia explicó que no existe ningún proceso o sentencia que realmente culpe a Vahidi como autor intelectual del atentado terrorista contra la AMIA, donde murieron además seis albañiles bolivianos. La llegada de la autoridad era parte de la cooperación de Teherán con diferentes asuntos bolivianos.

Las referencias profesionales sobre María Cecilia Chacón eran positivas hasta este incidente. Abogada, cientista social, capacitada en relaciones exteriores, fue Directora Nacional de Relaciones Multilaterales en la Cancillería de Bolivia. Es la primera mujer Ministra de Defensa y su nombramiento en abril fue muy bien recibido por la opinión pública. Aparte tiene dos dones adicionales, bonita y joven, la única de las nuevas generaciones en el gabinete.

Por todo ello fue doblemente lamentable la invitación que irritó a nuestros amigos argentinos y a las familias judías en todo el mundo, no sólo en América Latina. Esa tarde supimos, por fuente que merece toda nuestra confianza, de los correteos en Palacio y en la Cancillería. Se dijo de una llamada alarmada de la Presidenta Cristina Fernández, a pesar de su agenda europea, al embajador argentino en Bolivia. Por la mañana de ese día de junio, también se conocieron trascendidos de una grave crisis. Tanto que el ministro invitado salió expulsado, algo aún más inaudito que la invitación.

El pretexto de “no sabíamos” es vergonzoso para un nivel tan alto. Desde la perspectiva de la historia, habrá que imaginarnos cómo quedará este asunto. Sin duda será una página triste para la diplomacia boliviana, que ya tuvo tantos reveces este año, desde Cancún a Viena y con todos nuestros vecinos.

El escandalote nubló la noticia principal, ¿por qué Bolivia destina espacio, recursos humanos y financieros para entrenar tropas? Durante casi dos siglos de vida, es el país más pacífico en el subcontinente. ¿A quién le interesa cambiar esa actitud?

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