octubre 27, 2020

La paradoja del hambre

Mientras un billón de personas padecen hambre crónica en el mundo y mientras cada minuto mueren dos niños por causas relacionadas por la falta de alimento, según datos de la FAO, al menos “unos 1.300 millones de toneladas de alimentos se tiran a la basura, cantidad comparable a todos los alimentos que se producen en el África subsahariana”, indica un estudio del Instituto de Biotecnología y Alimentos de Suecia.

El estudio mencionado, realizado por encargo de la FAO, pone de manifiesto el gran desperdicio de alimentos que se da principalmente en los países industrializados, empieza en el proceso de producción agrícola y concluye al final de la cadena, con los consumidores, que botan a la basura enormes cantidades de éstos.

En los países denominados “pobres” también se producen estas pérdidas, que están relacionadas con las “limitaciones técnicas, la incorrecta gestión alimentaria, las técnicas de almacenamiento o refrigeración, el sistema de recolección”, entre otras causas un tanto más compresibles.

Lo inaceptable es que en los llamados países “ricos”, el consumo desmedido y la cultura del descarte, ocasiona que ingentes cantidades de alimentos se echen a la basura, a lo que han venido a llamar “mala gestión de la despensa”; es decir, que mucha gente compra y acumula alimentos que no los consume oportunamente y se da el lujo de botarlos, con normativas de calidad que inducen a rechazar alimentos que podrían ser consumidos, aún cuando no hayan sido elaborados en el día.

Los datos del mencionado estudio revelan que el desperdicio alimentario en Europa o Estados Unidos se sitúa en “unos 95-115 kilos por año y habitante, en cambio en el África subsahariana y el sur y suroeste de Asia, el desperdicio es de sólo 6’11 kilos por año”.

Lo ciertos es que urge tomar medidas que sean capaces de prevenir, por un lado, y mitigar por el otro, este tipo de incoherencias. Sobre todo, incorporar en los sistemas educativos programas que incluyan este tipo de reflexiones, para sensibilizar a la gente, así como buscar medidas creativas que permitan equilibrar estas situaciones. El estudio asegura que reduciendo las pérdidas de alimentos es una manera de combatir el hambre y mejorar la economía en todos los eslabones de la cadena alimentaria, así como establecer mecanismos de ayuda entre los países en términos de mejorar la gestión de los alimentos.

Nos encontramos, por cierto, ante una paradoja y una situación inaceptable desde el punto de vista ético. Los desequilibrios son muy grandes y los esfuerzos orientados a lograr al seguridad alimentaria representan costos muy elevados. Por ese motivo las recomendaciones del estudio señalan tomar medidas que promuevan el consumo responsable, así como incrementar la eficacia en toda la cadena alimentaria, más aún cuando los recursos naturales son cada vez más escasos.

*     Comunicadora y periodista

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