octubre 30, 2020

Ollanta Humala Tasso en el poder

por: Iván Miranda Balcázar

Latinoamérica estrena un nuevo presidente. La comunidad internacional ha seguido el proceso electoral peruano como nunca antes en la historia democrática de ese país, por las antípodas planteadas, tanto en la primera como en la segunda vuelta, entre los dos candidatos (Ollanta y Keiko Fujimori) con opciones de llegar al poder.

El flamante mandatario de nacimiento ayacuchano, inicia su mandato en medio de una extraordinaria expectativa nacional e internacional, porque su presencia en el poder implica un reordenamiento de las relaciones exteriores, la correlación de fuerzas y la reconfiguración de coaliciones en el escenario latinoamericano.

En la arena interna de Perú tiene su responsabilidad en todos los órdenes de la vida nacional. Su desafío más importante es el campo económico, asunto que desde un principio le ha generado conflictos, compromisos, confesiones, juramentos de lealtad al modelo y fidelidades a los que cuestionaron su identidad política e ideológica.

Sólo la vida confirmará todo lo expresado antes de su posesión, entretanto, es el presidente honrado con el 51 por ciento de los votos ciudadanos en la segunda vuelta y es el jefe de Estado de todos los peruanos. Todo el peso de su trayectoria está en la cúspide de la más alta jerarquía política de su país.

El militar entrenado en la Escuela Militar Estadounidense de las Américas, conspirador, rebelde y académico ha luchado por llegar al poder y ha logrado en medio de un debate donde la sociedad política y la sociedad civil peruana ha levantado en ristre todas las armas a su disposición para dilucidar voto a voto el resultado de la segunda vuelta.

Su posesión con la asistencia de la inmensa mayoría de los presidentes de la región marca un nuevo hito en la historia política latinoamericana. La agenda contempla temas bilaterales, multilaterales y continentales que son parte de una gestión compleja por la naturaleza de los fenómenos inherentes a la política exterior del Perú.

Ollanta Humala tiene inmediatamente la cuestión de La Haya con Chile, un asunto que forma parte de las irresueltas heridas emergentes de la guerra de 1879, cuando Perú y Bolivia perdieron territorios. En ese contexto, el presidente chileno, Sebastián Piñera dijo en Lima, horas antes de la transmisión de mando, que “cuando los países se unen para lograr sus objetivos, construyen sobre roca; por eso esperamos que la cooperación y el entendimiento entre el pueblo peruano y el chileno y los gobiernos de ambos países, nos permitan juntos pavimentar los caminos para dejar atrás el subdesarrollo y la pobreza”.

Otro problema pendiente es el tema marítimo de Bolivia. Chile y Bolivia desarrollaron alentadoras conversaciones sobre una agenda de 13 puntos, asunto que terminó en crisis por la decisión del presidente Evo Morales de acudir a una instancia jurídica internacional para dilucidar el centenario conflicto.

La cuestión de la Comunidad Andina de Naciones es otro problema inmediato debido a su incierto porvenir, porque desde su creación no ha logrado consolidarse ni forma parte de la cultural popular en la sociedad de los países miembros. Venezuela ya se fue al MERCOSUR, Colombia desarrolla su propia política por las diferencias insalvables entre el ex presidente Alvaro Uribe y Hugo Chávez de Venezuela, Bolivia y Perú no tenían fluidas relaciones por las antagónicas posiciones entre Morales y Alan García y así se puede seguir enumerando las dificultades.

En el orden de la reconfiguración política, Perú marca claramente su posición junto a Bolivia, Cuba, Ecuador, Venezuela y Nicaragua, mientras que la ola de países de cantera izquierdista (Brasil y Uruguay) tienen una actitud de mesura en su rol político internacional. Chile, Argentina, Paraguay y Colombia expresan un comportamiento no protagonista por la propia realidad interna de sus países.

En ese contexto, Ollanta Humala desarrollará su gestión como jefe de Estado de un país que ha logrado un crecimiento económico sin precedentes, un campo social pendiente de lo que hará el presidente de los desposeídos, un escenario internacional delicado por los compromisos asumidos por los gobiernos anteriores con los Estados Unidos y la Unión Europea y una oposición política que vigilará de cerca el ejercicio de poder de un régimen populista.

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