octubre 21, 2020

Lo mucho que Evo conoce a EE.UU.

El presidente Evo Morales conoce bien a las autoridades de Estados Unidos. Más de dos décadas de resistencia a sus políticas, primero como dirigente de los campesinos cultivadores de la hoja de coca y luego como jefe de Estado, le han hecho tener un conocimiento muy profundo de la manera como se mueven las clases dominantes de ese país y también adquirir una intuición que en la mayor parte de las veces ha resultado confirmada por la realidad.

De ahí que no es sorpresiva la advertencia del máximo conductor del Estado Plurinacional sobre la existencia de un plan para involucrarlo, de alguna manera, con el tema del narcotráfico. Dos recientes hechos respaldan su denuncia: primero, llegan a más de cuatro los rumores difundidos por la derecha en menos de tres meses sobre el “hallazgo” de residuos de droga en el avión presidencial y, segundo, las señales de que el caso Sanabria -un general de policía detenido en Panamá y ahora preso en Miami por delitos de tráfico de drogas-, será utilizado por su colaboración con la DEA para montar una cortina de sospecha internacional y nacional sobre el gobierno boliviano.

Pero además una experiencia internacional constituye un antecedente. Estados Unidos intervino militarmente Panamá en diciembre de 1989, para secuestrar al presidente de ese país, Manuel Antonio Noriega, por su presunta relación con el tráfico de drogas. El pasar de los años demostraría que el objetivo real del operativo estadounidense era retomar, el cierta medida, el control del Canal que los acuerdos Torrijos-Carter le hicieron perder.

En el caso boliviano, una inicial lectura parece conducir a la conclusión de que la derecha, nacional e internacional, ha llegado al convencimiento de que el gobierno de Morales enfrenta problemas y que es el momento de lograr un desgaste mayor, para de esta manera reducir sus posibilidades al mínimo en las elecciones generales de 2015.

Otro de los pretextos para esta contraofensiva es las elecciones judiciales de octubre próximo, cuando los hombres y mujeres del país tengan el derecho de elegir a 56 autoridades para tres instancias del Órgano Judicial, en una demostración bastante clara de la ampliación de la democracia.

También figuran en el arsenal de la oposición, además del tema del narcotráfico, los cuestionamientos a las relaciones bilaterales que el Estado Plurinacional tiene con países como Irán. No es la primera vez que la Casa Blanca rechaza el acercamiento de Bolivia al gobierno iraní.

Lo que si está claro es que los próximos meses serán muy agitados, pues la existencia de las tensiones creativas dentro del proceso, como las ha definido el vicepresidente Álvaro García Linera, al parecer ha sido interpretado por la oposición, interna y externa, como el tiempo ideal para debilitar el proceso de cambio.

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