octubre 30, 2020

La teoría y práctica a propósito del TIPNIS

Evaluar este gobierno, o cualquier otro, debería suponer siempre una actitud reflexiva, crítica, propositiva, capaz de señalar virtudes y defectos, en función de un país mejor, de un mundo mejor, más allá de la mezquindad del interés individual o sectorial, sea este económico, político o gremial.

En este sentido hay que reconocerle al gobierno la virtud de haber podido construir conceptos y principios teóricos innovadores para el estado y de la sociedad. Gran parte de estos buenos principios están plasmados en la nueva Constitución: el vivir bien, el respeto a la diversidad, el respeto a la madre tierra lanzada al mundo como una conciencia planetaria basada en la paz, la solidaridad, la interculturalidad y la complementariedad.

Pero los buenos principios no significan nada si no son llevados a la práctica, y es peor aún cuando permanecen como mera retórica reiterativa: pierden todo el beneficio de su contenido.

Un ejemplo dramático de la inconsistencia que hay entre la teoría y la practica es la insistencia del gobierno de Evo Morales de construir una carretera que atraviesa el centro mismo de Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro Secure (Tipnis), declarado como tal para su protección y conservación, violando claramente el artículo 385 de la misma Constitución y otros relativos a la Ley del Medio Ambiente.

Cuando el Presidente Morales declaraba que “Los derechos de la tierra son mas importantes que los derechos del hombre”, y que “…los animales y las plantas también tienen derecho a vivir”, estaba dando lugar a una nueva, lúcida y paradigmática percepción acerca de una realidad dogmáticamente antropocéntrica, que estaba destruyendo la tierra en nombre de los derechos del hombre, es decir, en nombre de “la integración de los pueblos” (de los hombres), “el desarrollo” (de los hombres), “la explotación de recursos naturales” (para los hombres), olvidando el derecho de los animales, de los árboles, los ríos, los mares, y de los indígenas a su territorio, a su propio modelo de desarrollo, es decir, los derechos de la madre tierra. Parecía entonces que algo iba a cambiar en el mundo desde Bolivia. Pero el gobierno ha sido incapaz de poner en práctica la teoría, sigue utilizando los mismos viejos argumentos antropocéntricos, extractivistas, desarrollistas y neoliberales para abrir carreteras, esos argumentos, por cierto, son más bien naturalmente propios del capitalismo depredador.

En un mundo donde parece no conocerse otro concepto de desarrollo económico que no sea el capitalista consumista -extraer todos los recursos naturales posibles de la tierra para generar industrias y consumo, por tanto, empleos, bonos, carretas, progreso, etc. para los hombres-, es muy difícil sostener en la practica que “Los derechos de la tierra son mas importantes que los derechos del hombre”: hace falta mucha convicción, creatividad y audacia, para dar lugar a un nuevo modo de vida, a un nuevo modelo de desarrollo, a un nuevo modelo de crecimiento económico que incorpore una mejor calidad de vida también para los animales, lo árboles, los ríos y los mares, porque en concreto, ellos constituyen la tierra y de su bienestar depende el vivir bien del hombre.

Es mas grave todavía, solo por motivos económicos al gobierno no parece interesarle otras opciones que pudieran no afectar el Tipnis, y dice que su carretera es “la mas corta y la mas barata”, pero no dice que es también la mas destructiva, no se dice del terrible impacto que ocasionara esa carretera: lo que está en juego son 1.500 hectáreas de árboles, 602 especies de plantas, 825 especies de vertebrados, 108 especies mamíferas, 470 especies de aves, 39 especies de reptiles, 53 especies de anfibios, 188 especies de peces, 127 especies de insectos 1. ¿Por qué no se habla de esto?. Al contrario, se descalifica deshonestamente a los que se oponen a esa carretera, como si estos no quisieran ningún tipo de carretera.

Adolfo Moya, uno de los dirigentes indígenas mas representativos, dice: “Antes mi abuelo vivía en Villa Tunari, todo ese lugar era de nosotros (…), los colonos entraron y nos quitaron, ahora los yuracareses viven mas adentro. Aquí poco a poco están entrando los colonos y ellos pura coca ponen. Ellos cuando entran hacen desaparecer el monte” (…) “Todos los árboles de mara lo han limpiado, en Isinuta hay dos aserraderos, ellos están dejando el monte sin madera”. (…) “Los colonos no nos respetan, siguen avanzando mas delante de la línea roja, ya están metidos en territorio yuracarés y el gobierno no hace nada. Lo han parcelado todo”.(…) “Siguen botando dinamita al río, los pescados también ya no hay” (…)”Con una carretera por el medio de la selva -dice Moya-, no hay garantías de que los indígenas sobrevivan, pues ellos comenzarán a migrar a las ciudades, empezarán a proliferar las sendas conectadas a la carretera, los animales huirán a otras zonas en busca de su “loma santa” y la contaminación llegará inevitablemente al Isiboro Sécure”(…) “Todo comenzará a desaparecer porque la zona colonizada como el Isiboro o el río Isinuta, donde hay asentamiento de colonos, los ríos han quedado totalmente pobres, no hay vida, no hay animales”. 2

En una entrevista Evo Morales dice que “que en esos 60 kilómetros del TIPNIS, por medio de una ley, se prohibirá que haya nuevos asentamientos en la ruta”, pero hasta ahora no ha logrado detener el continuo avance de los colonos cocaleros sobre el Tipnis. Luego se pregunta “¿En qué parte del mundo nunca ha pasado una carretera por un parque nacional? Evidentemente, eso se tiene que hacer con normas” 3. ¿No sabe el presidente que los parques nacionales en todo el mundo son áreas protegidas y en la zona de su núcleo están prohibidas todo tipo de actividades económicas, mas aún si se trata de construir carreteras como en el caso del TIPNIS?. ¿Qué clase de compromisos tiene el gobierno para echar para atrás su noble compromiso con la madre tierra y los indígenas?

1    Fernández, B. et al. 2002. Caracterización técnica del PNTI Isiboro Sécure. SERNAP-GTZ/MAPZA.

2    Los Tiempos, 14/06/2001.

3    La Razón (LR, 6/VIII/2011)

Be the first to comment

Deja un comentario