octubre 28, 2020

Zárate, el «temible» Willka

Los movimientos sociales del 2003

Febrero de 2003: movimientos sociales interpelan de forma violenta el sistema de partidos exigiendo cambios estructurales en la administración del Estado. Octubre: el presidente Gonzalo Sánchez de Lozada huye del país. Es la antesala de grandes transformaciones políticas y sociales y el protagonismo legitimado del mundo indígena en la conducción de un Estado Plurinacional. En esa coyuntura las organizaciones sociales adoptaron la monumental obra de Ramiro Condarco Morales, Zárate, El “Temible” Willka. Historia de la rebelión indígena de 1899, que circuló primero en fotocopias y luego en edición pirata, cuya portada reemplazó la histórica fotografía de la plana mayor del Willka por uno de los “Guerreros del gas” de El Alto, con lo que dieron la pauta sobre la dramática vigencia del ideario de Pablo Zárate.

Una nueva edición del Zárate Willka

Ramiro Duchén Condarco y Editorial El País, lanzan una nueva edición de Zárate, El “Temible” Willka, que mantiene la estructura original de la obra. I. La Época (Bolivia en la segunda mitad del siglo XIX, Organización y luchas sociales, Querellas intestinas), II. El Caudillo y la rebelión (De la fábula y la Historia, El Gobierno de Fernández Alonso, Aparentes esfuerzos de concordia, El alzamiento de La Paz, La marcha del ejército constitucional, El movimiento indígena), III. El Caudillo en la guerra civil (Un ejército en marcha, La quincena trágica, Expansión del área rebelde, Tendencias de emancipación social, Reacción de Pando, Hazañas de Zárate Willka, Operaciones decisivas, Apogeo y ruina de la rebelión indígena, La hora de sombra de Zárate Willka); culmina con Conclusiones, Testimonios, Bibliografía, utilísimos Índices y 30 láminas fotográficas.

La rebelión indígena de 1899

El “Temible” Willka, se apoya en bases documentales de primera mano que la hace insuperada hasta hoy. En sus densas 493 páginas y 1244 notas, el autor abre las puertas a un corpus documental extraído del Archivo del General José Manuel Pando; Archivo Parroquial de la Iglesia de Sicasica, Archivo de la Sociedad Geográfica e Histórica de Sucre, Archivo Judicial de Oruro y Archivo particular de Carlos Torres; testimonios orales de personajes de Umala, Machacamarca y Eucaliptus; amplia bibliografía y envidiable hemerografía, con los que escribió capítulos esenciales sobre la biografía de Zárate (origen, infancia, formación y liderazgo en 1896, y valoración de su trascendencia histórica), reconstruye las características del movimiento indígena (estrategia militar, sus triunfos, el temor que despierta entre los políticos y la oligarquía, y sus proyectos históricos, plasmados en el Bando (Proclama) de Caracollo, que le otorga alta credibilidad ante las poblaciones cuyo vecindario le “reconocía como indiscutido poder jurisdiccional nacido de su condición de conductor supremo por nadie emulado en el seno de ella”. La ‘Proclama’ promulgada por Pablo Zárate y el segundo General Manuel Mita (Caracollo, 28 de marzo de 1899), muestra el alcance de la rebelión, concebida por Zárate y su plana mayor como un proyecto interétnico, que buscaba la convivencia pacífica y el respeto entre indígenas y blancos. Fue enviada a Corocoro, Ayoayo, Calamarca, Viacha y Pucarani, principales ciudades de la época, dominadas por “besinos” blancos y mestizos, “directamente controladas por el ejército federal.

Pablo Zárate buscaba fundamentar “el precepto del respeto recíproco entre vecinos e indígenas”, fundamento sobre el cual debía “erigirse la comunidad nacional republicana”. Esta obra devela la intimidad de la guerra civil de 1899, en la que se juegan los intereses de una nueva oligarquía boliviana, gestada esta vez en el Norte, para cuyo fin se alía a los ‘Constitucionalistas’, sector que “poco antes del 12 de diciembre de 1898 constituía fracción departamental del partido gobernante”, que abrazan -aunque por distintos motivos-la bandera de la federalización. Curiosa “alianza” que no “despierta gran simpatía en el resto de la República”, encontrándose en inminente riesgo de ser debelada por la fuerza militar del ejército constitucional, lo que impulsa a Pando a invocar el auxilio de la población indígena que se moviliza en grandes multitudes al mando del Willka Pablo Zárate, incorporado con el título de Comandante de División del Ejército Federal.

El papel del ejército indígena en la guerra civil, se expresa en dos aspectos fundamentales: A) El eficaz servicio de inteligencia desplegado por cientos de miles de indígenas para los jefes revolucionarios, lo que proporcionó un conocimiento crucial del campo de batalla. B) La presencia del ejército indígena (“espesa muralla”) sirvió como formidable defensivo que permitió a las tropas federales, moverse con libertad en la decisiva Batalla del Crucero de Paria. Líderes locales como Juan Lero, se incorporan a su Estado Mayor. Las fuerzas liberales no podrían haber alcanzado el triunfo sin el apoyo militante de Zárate y sus huestes. Curiosamente el Boletín Oficial del Estado Federal de 11 de abril de 1899, propala la noticia que “los indios no han tomado parte en la acción”. Los “gerentes de la revolución” muestran su “doble moral”. Por un lado “afirmaban públicamente que los indígenas habían actuado sponte sua, y que su intervención en la guerra civil no tenía ninguna importancia”, pero no vacilaron en reconocer y confesar, “en notas confidenciales, que fueron las fuerzas indígenas el más importante factor de éxito para la victoria de las fuerzas rebeldes”. La intelligentsia liberal había decidido anular al Temible Zárate y su ejército, sometiéndolo a juicio y prisión.

Pando pacifica el país e ingresa triunfal a La Paz, “bajo la delirante ovación del pueblo”, pero tras esta cortina de humo, el otrora “Temible” Zárate era sometido a dos procesos, el primero en Mohoza (iniciado en Inquisivi, trasladado a Oruro y radicado definitivamente en La Paz), y el de Peñas (tramitado en Paria y Oruro). Uno a uno los líderes indígenas fueron apresados, incluyendo el propio Zárate y Manuel Mita (22 o 23 de abril de 1899). La paz impuesta radicó únicamente en las ciudades del país, que recuperaron su dinamismo y continuaron su desarrollo, más el panorama en el área rural era muy distinto, pues a pesar que “la guerra civil había terminado, la rebelión indígena continuaba su curso” en Inquisivi y Sicasica (La Paz), Paria y Carangas (Oruro), Chayanta y Charcas (Potosí), continuaban movilizadas amagando a las ciudades de la Paz y Oruro. No obstante la prisión de los Willkas. La sublevación se extendió desde Peñas, a Carasi, San Pedro, Charcas, Salitre, Sococha, Mondragón (Potosí), e incluso a Huañoma (Chuquisaca).

En base a fuentes orales se reconstruyen los últimos días de Zárate, quien había estado vagando por las comunidades de Imilla Imilla, Eucaliptus o Q”ellqata, cuyos pobladores afirman haber visto a Zárate portando un fusil, “con el que tal vez logró tener a raya a sus persecutores”. La muerte del Willka Zárate, asesinado por sus captores, aplicando la ley de fuga, surge también de la historia oral de Imilla Imilla.

El autor

Ramiro Condarco Morales (Oruro, 7.10.1927. La Paz, 15.7.2009). Abogado, historiador, docente universitario. Tuvo paso fugaz por la dirección de la Carrera de Historia de la UMSA, durante la dictadura del Gral. Luis García Meza. Su obra, fundamental, de sólida estructura historiográfica y heurística, fue injustamente invisibilizada. Entre ellas cito: El escenario andino y el hombre. Ecología y antropogeográfia de los Andes centrales (1970), Protohistoria andina; propedéutica (1967), Grandeza y soledad de Moreno: esbozo biobibliográfico del príncipe de las letras bolivianas (1971), Orígenes de la Nación Boliviana: interpretación histórico sociológica de la fundación de la república (1977), Historia de la ciencia en Bolivia: historia del saber científico en Bolivia (1978), Atlas histórico de América y Bolivia (1985), Franz Tamayo: el pensador (1989), Historia del Ilustre Colegio de Abogados de La Paz (1993), y Aniceto Arce: artífice de la extensión de la Revolución Industrial en Bolivia (2002).

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