octubre 31, 2020

No van a entender. La discriminación empieza en el lenguaje

Hoy estamos frente a un universo mediático vertiginosamente creativo y seductor, por cierto profundamente paradójico; manipulador pero legitimador; criticado y cautivante; sexista e inclusivo, pero con destrezas extraordinarias para que con un sin fin de eslóganes seducir velozmente a sus audiencias, involucrándolas sin diferencias.

“No van a entender”, es una de las frases que a lo largo de esta década me ha martillado porque simplemente encierra una profunda discriminación, una antigua y actual colonialidad, un espantoso menosprecio por la dignidad de las personas.

Y es que la discriminación empieza con el lenguaje, con el peso histórico de las palabras y sus sentidos, con la violencia con la que a través de ellas se estigmatiza, se subordina o se roba la autoestima. Violencias y discriminación que también se reflejan, por ejemplo, materiales impresos en formatos, sobrios y elegantes para una sector social o infantilizados, simplones y pobres en concepto y formatos para sectores populares, porque a lo largo de los siglos el Estado, el sistema educativo, la historia o los procesos sociales traducidos en diversos soportes comunicativos y por supuesto, las clases dominantes definieron lo que era adecuado para “los sectores populares”, bajo la constante subalternizadora del “no van a entender”.

Subalternidad profunda de la discriminación y que acalló historias, cosmovisiones, artes, o culturas y que hoy persisten, pero que se manifestaron en sus poliformes expresiones, amplificadas por los medios masivos durante el proceso constituyente, evidenciando justamente uno de los rostros dolorosos de nuestra bolivianidad, la del racismo y que extinguirlo demandará atravesar deconstrucciones no solo de violencias fácticas o simbólicas, sino de aceptación de nuestras diferencias, de anteponer cotidianamente el respeto desde cualquier ámbito…. Y esta realidad la entendemos tod@s aunque la eludamos.

Hoy estamos frente a un universo mediático vertiginosamente creativo y seductor, por cierto profundamente paradójico; manipulador pero legitimador; criticado y cautivante; sexista e inclusivo, pero con destrezas extraordinarias para que con un sin fin de eslóganes seducir velozmente a sus audiencias, involucrándolas sin diferencias.

No en vano a lo largo del Siglo XX desde distintas esferas, principalmente a través el cine, la publicidad y la propaganda desarrollaron las más sofisticadas plataformas comunicativas para configurar no sólo modelos o formas de vida, interconexiones mediáticas, sino también imaginarios sobre los cuales transitan las sociedades, en sus continuidades urbanas y rurales, pero con reconfiguraciones constantes de ideas y creencias, sobrepasando barreras idiomáticas, culturas o diversidad de fronteras.

Mediatización que a su vez ha generado, a pesar de las paradojas, audiencias demandantes de innovación, escépticas a pesar de la seducción escopofílica, influenciables, pero cada vez con mayores y diversas herramientas para tamizar los cientos de millones de ítemes informativos y quedarse a los que como audiencias estamos expuestas.

Sin embargo, cuando se piensan en mensajes de alcance masivo, sobre todo informativo y material educativo, incluso los gubernamentales, aún persisten miradas ancladas en rutas que se transitaron en los años setenta, más aún cuando los materiales están dirigidos a público “en general”, o con mayor precisión, popular, en el que se apela al lenguaje infantilizado, poco cuidadosos, reforzando miradas paternalistas y de subalternización. Si se piensa en impresos en los setenta podría quizá justificarse por la austeridad de los recursos técnicos que condicionaban la producción de material masivo barato y que recurría al esténcil, multigrafiado, imposibilidad de imágenes, síntesis, papel sábana y una sólo tinta. Y más aún, si se pensaba en recursos audiovisuales porque las limitaciones eran aún mayores.

Hoy con poco se puede producir con calidad, no solo conceptual sino formal, como afirmaba Marshal Mac Luhan, la forma hace al mensaje, hoy no hay excusa para la austeridad creativa, para la innovación comunicativa; estamos frente a audiencias cada vez más exigentes, influenciadas cotidianamente por la vertiginosidad mediática de la publicidad que derriba fronteras idiomática o culturales y para la que no existe el —no van a entender—, ya que sus inversiones multimillonarias a lo largo de casi un siglo así lo han comprobado.

Las juventudes alteñas… no van a entender?

En todo caso parecería que el “No van a entender” definitivamente responde a una mirada que menosprecia a la “otra”. Recuerdo que cuando compartía micrófono en Stereo 97 fm con Puka Reyesvilla y Lucho Vergara con “60minutos de rock”, y que luego se convirtieron en 120, la audiencia siempre me sorprendía, nuestros expertos seguidores, por lo general, eran jóvenes del centro y de la ciudad de El Alto, pautas que años después me llevarían a indagar en esas esferas.

En ese recorrido me encontré, por ejemplo, grupos de jóvenes fanáticos de la contracultura, desde literatura Beatnick, rock sinfónico, música boliviana innovadora, prolíficos en la producción de fanzines y expresiones literarias alternativas, que en buena medida se canalizaron a través de la emblemática radio alteña Wayna Tambo, que desde el año 95 ha canalizado alternativas musicales de distintos contextos y en el que jóvenes y adolescentes de El Alto han encontrado un micrófono para amplificar sus propuestas, no sólo de expresiones autóctonas, sino de nuevas vetas creativas como el rock y luego el hip hop, pero además con espacios de reflexión y análisis del ser joven, alteño, intercultural, no exento de violencia, pero con una opción que promueve el respeto y la solidaridad, la equidad o la pluralidad de las culturas, gracias no solo a su programación, sino también a través de talleres, festivales culturales, encuentros, venturosamente subvirtiendo imágenes estigmatizantes o, como apuntan sus impulsores, un imaginario social negativo de las juventudes alteñas.

Sorprendentes comunidades juveniles alteñas podían coexistir con la misma fuerza e incluso fanatismo Bob Marley junto a Tupak Katari, el Ché con Jim Morrison, Bartolina Sisa con Deep Purple, Wara con Jethro Tull o los cantautores del a Nueva Trova Cubana y que hoy con la misma fuerza se entrelazan con wiphalas o pelos cortos engominados.

Destacando que buena parte de las —provisiones culturales— se las sigue encontrando en distintos puntos de la Feria 16 de Julio donde cada domingo, principalmente, se instalan los más fantásticos puestos de música especializada. Por ejemplo, en inmediaciones de la riel, si tiene suerte uno puede encontrar el puesto de una joven cholita experta en música new age, conocedora de extraordinarios artistas y que con notable solvencia orienta a los melómanos sobre sus fantásticas opciones que van desde bandas sonoras a artistas como Tangerine Dream, Mike Oldfield, Vangelis, Enya o Jean Michel Jarre, entre otros, aunque hay que tener suerte o buena memoria para encontrarla en medio del tumulto.

Además están los emblemáticos puestos de rock nacional con verdaderas joyas recuperadas de vinilos de las que ninguna emisora se acuerda ya, además de aquellos lugares especializados en indumentaria y música gótica, heavy metal, hip hop y recientemente de anime japonés o koreano, con sus respectivas selecciones musicales. Un universo cultural sorprendente, que subvierte el estigma menospreciante del —no van a entender— y que se asienta también en centros culturales juveniles en la mayoría de los distritos de la urbe, a pesar de las austeridades diversas, pero que no amilanan el talento, innovación, creatividad y las voces de las juventudes alteñas.

Desde entonces me ha maravillado el lamentablemente desaparecido Rocksticio de Invierno, que celebraba el Solsticio, el Año Nuevo Aymara y los derechos humanos que impulsamos durante nuestro paso por el Defensor del Pueblo y por el que pasaron importantes músicos del rock nacional gracias a uno de los públicos más rockeros del país y que encumbró a bandas como Scoria, los primeros en ensamblar sonoridades aymaras con el punk-rock y los grandes Wara, que año tras año eran los más esperados.

Aunque uno de los momentos históricos que más me fascinó fue el encuentro del público alteño cuando irrumpe en escena el magnífico guitarrista Glen Vargas con su banda Track, la máxima expresión del rock cruceño, en momentos de tensionamiento entre oriente y occidente durante el proceso constituyente bajo la amenaza de la desmembración, con un inicio tenso, en medio de wiphalas y un silencio casi de examen final, hasta que las notas potentes de la guitarra de Glen con sonoridades de guiño al himno nacional quebraron la tensión para generar una comunión inédita entre las subculturas dark, gótica y rockeras de El Alto y la máxima expresión del rock cruceño.

Sin olvidar a la Orquesta Sinfónica de la ciudad de El Alto con virtuosos jóvenes que compartieron experiencias con otros jóvenes de Orquestas homólogas del Plan 300 de Santa Cruz de la Sierra o de jóvenes músicos de la Chiquitanía, además de las escuelas de danza clásica como el ballet impulsado por la bailarina Mónica Camacho, entre otras titánicas experiencias culturales.

Además los universos sorprendentes del Internet y que hoy permite conexiones insospechadas entre juventudes aparentemente tan disímiles pero con convergencias fascinantes como la música y las artes, en una suerte de materialización de comuniones interculturales.

no van a entender…

Otro de los blancos de la subestimación hemos sido las mujeres, sobre todo las de sectores populares para quienes, muchas veces, se produjo material con lenguaje simplista e imágenes infantilizadas, textos con ausencia creativa e incluso de respeto, en lugar de convertir a los diversos recursos comunicativos en aliados emancipadores dotándoles no sólo de información útil, sino de formatos atractivos, capaces de permanecer en el tiempo.

Androcentrismo, invisibilización, cosificación de las mujeres, sexismo, fragmentación de nuestros cuerpos para promocionar o vender hasta lo inverosímil, así como la infantilización han sido y siguen siendo las constantes desde los universos mediáticos; sin embargo, esperemos que estos códigos patriarcales sucumban ante códigos emancipadores, respetuosos de la dignidad humana, de la dignidad de las mujeres.

Gracias a nuestros transitares comunicativos y a los procesos de validación, constatamos de manera contundente que si queríamos llegar a las personas con respeto, con información útil y atractiva debíamos eliminar todo rasgo de infantilización, sin caricaturización alguna, porque por lo general amplificaban la estigmatización, explícita o subalterna, y por tanto la discriminación e incluso la ofensa a la dignidad de las personas.

Constatamos que por lo general los dibujos y las caricaturas son estereotipados y que incluso pueden llegar a denigrar la condición humana y de manera recurrente surgía la pregunta ¿por qué nos discriminan hasta en los materiales?, queremos recibir los mismos textos o documentos que a ustedes les gustaría recibir para leer, para instruirnos sobre distintos temas. Evidenciamos que muchos de los recursos gráficos, particularmente las ilustraciones y las caricaturas le restaban seriedad a los contenidos.

Venturosamente hoy la accesibilidad a recursos comunicativos digitales nos dan la posibilidad de contar con una serie de maravillosos, que pueden optimizarse con talento, creatividad y una buena justificación conceptual; todo ello para alcanzar la máxima calidad formal optimizando fotografías, tipografías novedosas, intensidad de colores, aunque si no se antepone el respeto a la dignidad humana continuaremos amplificando la subalternación, la discriminación o el racismo.

Bolivia ha sido emblemática en la comunicación emancipadora, gracias a las radios mineras, comunitarias o diversos y emblemáticos medios impresos y hoy es fantástico constatar su re emergencia en diversos puntos del país, en parte por lo accesibilidad a los recursos tecnológicos, que están posibilitando amplificar rutas creativas de reificación de nuestras identidades plurinacionales, de anhelos descolonizadores, aunque estén preñados de desgarres, tensiones, desilusiones, pero con horizontes esperanzadores, más allá de las miopías del poder político que evidentemente —no van a entender— las lecciones de la historia.

*     Feminista queer y periodista

Be the first to comment

Deja un comentario