octubre 22, 2020

¿Es posible una gestión pública de nuevo tipo?

La construcción de un nuevo tipo de Estado, que sea el puente de tránsito hacia un “no estado” o “Estado pleno”, no es una tarea fácil, más aún cuando se dan en las condiciones —internas e internacionales— que se vienen llevando a cabo los procesos de cambio en América Latina.

La edificación de ese Estado, en el que las funciones educativas y administrativas vayan teniendo predominio sobre otras funciones que le son inherentes a todo andamiaje estatal, es un proceso largo pues requiere cambiar los fundamentos materiales sobre los que se asientan las relaciones jerárquicas de dominación/subordinación, la tendencia a la burocratización, la exclusión de la participación social en la elaboración de las políticas públicas —pues se cree que es una responsabilidad exclusiva de la tecnocracia— y la ausencia de compromiso de los “funcionarios públicos” que lo único que aspiran es a cobrar sus sueldos a fin de mes. Pero mucha más compleja es la destrucción/construcción estatal en un país como el nuestro, donde las relaciones coloniales y patriarcales circulan por las venas de la sociedad y el Estado constituidos desde el nacimiento de la república, por no ir más lejos.

De ahí que, en este segundo período constitucional del proceso de cambio, se hace necesario avanzar hacia un nuevo tipo de gestión pública radicalmente diferente de la que se ha tenido hasta ahora. Esta es una manera efectiva de descolonizar al Estado, la administración pública y a las empresas estatales. No hay que olvidar que la descolonización hará posible transitar, no formal sino sustantivamente, de ese estado monocultural, racista, excluyente y burgués hacia otro plurinacional, nacional-indígena-popular, social y comunitario.

Ahora, ¿esta es una misión histórica del estado para descolonizarse así mismo?

En parte si. Todo depende de la ideología, del sentido del momento histórico y del proyecto político emancipador que tengan los conductores del proceso de cambio y el conjunto de sus operadores. Ahí hay mucho por trabajar.

De ahí que haya que resaltar el conjunto de iniciativas que está tomando el Ministerio de Educación para alcanzar una nueva manera de hacer gestión. Quizá, como ocurre en la vida, varias de las medidas adoptadas sean modificadas o cambiadas, además de otras que ameriten tomarse, pero en un país con una cultura acostumbrada a ver solo lo malo de las cosas, lo que se ha comenzado a diseñar y aplicar en ese Ministerio es algo que debería estimular a otros. ¿Qué se está haciendo en las empresas estatales más importantes para tener una gestión participativa y comprometida sin dejar de ser eficiente? ¿Hay en YPFB, ENTEL y otras nacionalizadas una nueva manera de concebir la planificación y la ejecución de los planes, que muestren un nuevo tipo de dirección y al mismo tiempo un nuevo tipo de trabajador? ¿Cuándo vamos a avanzar hacia un nuevo tipo de gestión pública y otros modelos de empresa estatal que no sean los heredados por el orden capitalista y colonial?

Pero esa tarea no es solo del Estado. Es también una responsabilidad de las organizaciones sociales y de los ciudadanos. Hay que pasar de los lamentos y críticas compulsivas a las propuestas en cada uno de los lugares donde trabajamos. Lo importante no es decir “es lo mismo”, sino más bien tomar iniciativas —como las adoptadas en el Ministerio de Educación—, debatirlas y ponerlas en marcha.

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